Los absurdos componen lo
cotidiano por ello pasamos a condicionar nuestra existencia compaginando lo
racional con lo propiamente estrambótico. Condicionantes contrapuestos rompen
la armonía de nuestros pensamientos a veces superando nuestro propio razonamiento
y esta confusión la llamamos controversia a la Razón. Ya nos advertía
Zaratustra el ataque contra la Razón con: “Por casualidad, es la más vieja del
mundo”. Y este grito choca con la constante batalla contra ella.
"El más seguro de los
mutismos no consiste en callarse, sino en hablar" decía Kierkegaard, nuevamente encontramos aquí otra
contradicción y esta viene apadrinada por uno de los mitos del existencialismo,
probablemente su padre creador. Elevar el nivel de lo absurdo hasta competir
con la Razón y hasta superarla es muy común entre los pseudo-pensadores
actuales.
Siempre que consideremos a estos
como verdaderos pensadores, ya que tienen la habilidad de mezclar como en una
coctelera todas aquellas ideas que aunque contradictorias les ayudan para
afianzar un posicionamiento político.
En el transcurso de la historia
coinciden muchos de estos “cínicos” exponentes claros de un ataque continuado a
la Razón, estos individuos se anquilosan al momento político parando su proceso
normal de evolución, transgreden con absurdos e imposibles lo que está sometido
al proceso continuado de la evolución social y ¿En nombre de quién?. Si les
preguntas siempre te contestaran que es en apoyar el progreso, ese progreso que
ellos paralizan queriendo cambiarlo, por lo tanto es un atentado contra la
Razón o simplemente desconocen cuál es el propósito de esta.
Y entramos en lo absurdo
convertido en cotidiano por aquellos que pretenden subvertir todos los valores
pero no de una manera nietzscheana superándolos por elevación sino condicionándolos
a lo vulgar y “plebeyo”.
Sin más y cercano a nosotros
podíamos poner muchos ejemplos de contradicciones que rebajan el nivel de la
Razón, obviando esta en muchos casos o desconociéndola en todo su contenido.
El ciudadano de este país que
escucha con un oído abierto todas aquellas propuestas con las que los
representantes políticos reflejan en sus idearios puede darse cuenta del grado
de contradicciones que estas contienen, algunas hieren la sensibilidad más
áspera otras atacan la inteligencia media y las más son sencillamente
increíbles y por lo tanto insufribles.
Si un viejo sindicalista
“anarcoide” o un revolucionario romántico del dieciocho escuchara lo que
nosotros oímos al cabo del día probablemente evolucionaría en otro sentido de
pensamiento. Sorel por ejemplo: «No he llegado ai sindicalismo por las vías
jacobinas; no me parece que haya tenido nunca gran veneración por los hombres de
la Revolución francesa» , afirmaba en I9IO, reflejando su aversión al orden
existente. Pero Sorel era consciente ya en aquella época las lapas que la
piedra revolucionaria sindical llevaba adherida a su ser y que nunca pudo ser
desprendida de ella.
Hoy en día las lapas-políticas
siguen adheridas a lo que conforman y dan vida a las ideas políticas o sociales
o ambas a la vez, el discurso supera a la acción y también a la Razón, pues
invalida esta al contradecirse continuamente.
Revolucionarios de salón y chaqué
los encontramos en los cenáculos del diecinueve, igual los vemos en el veinte
ahora con botas altas, vistosos uniformes y gestos varoniles, en el veintiuno
el aspecto cambia totalmente pero la conducta es la misma, es un ataque
continuado a la Razón y siempre en nombre de ella según todos, los de antes y
los de ahora.
Solzhenitsin da en el blanco de
la diana cuando pone nombres y apellidos a los que están detrás de estas
contradicciones, pero aquí no son revolucionarios de mitin y algarada, aquí son
profesionales del extermino como sistema en aras de una nueva sociedad,
sociedad que nunca definen con argumentos “razonables” aunque si lo hacen
racionalmente, que como dije anteriormente esta sucumbe entre la controversia
de valores.
Mientras el mundo avanza en su
continuo devenir (Heráclito) la sociedad
sufre continuos altibajos pero el punto medio cada vez está más bajo de lo que
estaba momentos antes de cualquier “cambio”.
Filoxides el Crítico
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