miércoles, 19 de octubre de 2016

Una valoración personal




Los absurdos componen lo cotidiano por ello pasamos a condicionar nuestra existencia compaginando lo racional con lo propiamente estrambótico. Condicionantes contrapuestos rompen la armonía de nuestros pensamientos a veces superando nuestro propio razonamiento y esta confusión la llamamos controversia a la Razón. Ya nos advertía Zaratustra el ataque contra la Razón con: “Por casualidad, es la más vieja del mundo”. Y este grito choca con la constante batalla contra ella. 

"El más seguro de los mutismos no consiste en callarse, sino en hablar" decía  Kierkegaard, nuevamente encontramos aquí otra contradicción y esta viene apadrinada por uno de los mitos del existencialismo, probablemente su padre creador. Elevar el nivel de lo absurdo hasta competir con la Razón y hasta superarla es muy común entre los pseudo-pensadores actuales.

Siempre que consideremos a estos como verdaderos pensadores, ya que tienen la habilidad de mezclar como en una coctelera todas aquellas ideas que aunque contradictorias les ayudan para afianzar un posicionamiento político.

En el transcurso de la historia coinciden muchos de estos “cínicos” exponentes claros de un ataque continuado a la Razón, estos individuos se anquilosan al momento político parando su proceso normal de evolución, transgreden con absurdos e imposibles lo que está sometido al proceso continuado de la evolución social y ¿En nombre de quién?. Si les preguntas siempre te contestaran que es en apoyar el progreso, ese progreso que ellos paralizan queriendo cambiarlo, por lo tanto es un atentado contra la Razón o simplemente desconocen cuál es el propósito de esta. 

Y entramos en lo absurdo convertido en cotidiano por aquellos que pretenden subvertir todos los valores pero no de una manera nietzscheana superándolos por elevación sino condicionándolos a lo vulgar y “plebeyo”.

Sin más y cercano a nosotros podíamos poner muchos ejemplos de contradicciones que rebajan el nivel de la Razón, obviando esta en muchos casos o desconociéndola en todo su contenido.
El ciudadano de este país que escucha con un oído abierto todas aquellas propuestas con las que los representantes políticos reflejan en sus idearios puede darse cuenta del grado de contradicciones que estas contienen, algunas hieren la sensibilidad más áspera otras atacan la inteligencia media y las más son sencillamente increíbles y por lo tanto insufribles.

Si un viejo sindicalista “anarcoide” o un revolucionario romántico del dieciocho escuchara lo que nosotros oímos al cabo del día probablemente evolucionaría en otro sentido de pensamiento. Sorel por ejemplo: «No he llegado ai sindicalismo por las vías jacobinas; no me parece que haya tenido nunca gran veneración por los hombres de la Revolución francesa» , afirmaba en I9IO, reflejando su aversión al orden existente. Pero Sorel era consciente ya en aquella época las lapas que la piedra revolucionaria sindical llevaba adherida a su ser y que nunca pudo ser desprendida de ella.
Hoy en día las lapas-políticas siguen adheridas a lo que conforman y dan vida a las ideas políticas o sociales o ambas a la vez, el discurso supera a la acción y también a la Razón, pues invalida esta al contradecirse continuamente.

Revolucionarios de salón y chaqué los encontramos en los cenáculos del diecinueve, igual los vemos en el veinte ahora con botas altas, vistosos uniformes y gestos varoniles, en el veintiuno el aspecto cambia totalmente pero la conducta es la misma, es un ataque continuado a la Razón y siempre en nombre de ella según todos, los de antes y los de ahora.

Solzhenitsin da en el blanco de la diana cuando pone nombres y apellidos a los que están detrás de estas contradicciones, pero aquí no son revolucionarios de mitin y algarada, aquí son profesionales del extermino como sistema en aras de una nueva sociedad, sociedad que nunca definen con argumentos “razonables” aunque si lo hacen racionalmente, que como dije anteriormente esta sucumbe entre la controversia de valores.

Mientras el mundo avanza en su continuo  devenir (Heráclito) la sociedad sufre continuos altibajos pero el punto medio cada vez está más bajo de lo que estaba momentos antes de cualquier “cambio”.
Filoxides el Crítico

No hay comentarios:

Publicar un comentario