viernes, 14 de octubre de 2016

La muerte de un buen comunista.



Elegia a mi buen amigo Cipriano, fallecido el 14 de Octubre del 2016 a los noventa y cinco años de edad.

Conocí a Cipriano hace ya la ventolera de cuarenta años, acababa yo de casarme e irme a vivir a un barrio de Hortaleza en Madrid, el Sr. Cipriano como así se le conocía en el barrio se encargaba del mantenimiento de los jardines de mi vecindario, hombre callado, enjuto de no más de ciento setenta centímetros, parco en el hablar, con una mirada teñida de gris con la que comunicaba más que con las palabras, serio en su conducta, sobrio en sus ademanes, adelantaba al verle de haber sido un hombre de acción.

Al poco de vivir en el barrio pude comprobar sus cualidades como persona y su valía en el cuidado de las tareas que le encomendaban. Poco a poco fui trabando con él una amistad que ha perdurado hasta el día de su muerte, viudo desde hace más de veinte años y sin hijos se refugiaba en sus pocos amigos y algún compañero de profesión.

Una tarde hace ya más de veinte años me confesó ante una botella de vino sus andanzas juveniles y como estas le marcaron para siempre. Por lo visto mi buen Cipriano, el Sr. Cipriano para el resto del barrio había tenido una juventud de lo más agitada y emocionante.

Militante en las juventudes comunistas desde el año 34 falsea la edad para apuntarse voluntario en el famoso Quinto Regimiento sin haber cumplido los 15 años, su quijotesca figura, alargada como un junco y su ya incipiente barba le ayudaron a ello aparte de la falta de control en aquellos momentos.
Estuvo en el frente en Guadarrama donde el Regimiento freno a los sublevados, allí su cometido era  de enlace, la de entregar ordenes entre las diversas compañías, después fue destinado al frente del Ebro.

-¿Qué tal te fue en el frente Cipriano?

-En la sierra de Madrid, he de reconocer que aparte de correr de un lado a otro por los senderos de Guadarrama y de tomar el sol con otros muchachos más o menos de mi edad, no tuve la oportunidad de sentir la guerra muy de cerca, si acaso los bombardeos de la artillería sobre las posiciones avanzadas pero a mí que como enlace estaba en la retaguardia la verdad es que no me enteré de mucho
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-¿Y después?

-Ahh… En Aragón la cosa cambió para mal en todos los sentidos. La División estaba situada al otro lado del Ebro  mientras que los “fascistas”  se encontraban a tiro de piedra allí, con la 46ª División tomamos Teruel después de un cerco que nos costó muchas bajas, yo mismo recibí una descarga de metralla que me alcanzó en la pierna y en el brazo izquierdo. (Me enseña las cicatrices que aún marcan brazo y pierna) allí estuvimos todo un invierno.

-¿Qué paso después?

Un desastre, se corrió la voz de que enfrente teníamos a los moros y eso acojonaba hasta a las brigadas internacionales, sabíamos de su coraje y de su crueldad y para unos críos como nosotros aquello nos angustiaba aunque lo peor fue cuando unos aeroplanos lanzaron unas octavillas que al parecer pedían que nos rindiéramos. Al corneta un chaval de unos dieciocho años se le ocurrió coger una y allí mismo el comisario político le metió un tiro en la nuca. Aquello me horrorizo y más sabiendo que Angelito como se llamaba aquel pobre diablo solo quería el papel para limpiarse el c..o pues no teníamos papel y escaseaba el agua, comencé a dudar no de mis ideas sino de los mandos que teníamos. Días después y como yo pertenecía como enlace al Estado Mayor ví como por la noche se cargaban los depósitos de los coches del Jefe de la milicia y de otros altos cargos mientras que a nosotros se nos había dado orden de luchar hasta el final para defender Teruel.

-¿ y qué ocurrió?

-Pues que Valentín González (El Campesino) y otros jefes de milicia se fueron antes de que nos atacaran los fascistas.

-¿Escapaste?

-Aquello fue un infierno, nos tiraban de todo, obuses, metralla, la aviación nos bombardeaba, el caos era tremendo, íbamos de un lado a otro sin mandos que nos dijeran nada, ni una orden ni nada, solo tratábamos de salvar el pellejo. Yo con unos chicos de mi edad uno de ellos catalán tiramos hacia Lérida y desde allí pretendíamos llegar a Valencia, pero no llegamos a recorrer ni veinte kilómetros cuando una compañía de la legión nos detuvo. Estuve preso hasta un año después de acabar la guerra, más o menos hasta el otoño del cuarenta.

-¿Seguiste siendo comunista?

Me había criado en un ambiente obrero en el barrio de Usera, mi padre era socialista y lo fue hasta su muerte en los cincuenta, con carnet y todo, mis hermanos me convencieron para entrar en el partido así que más por respeto a mi familia que por un convencimiento total seguí siendo comunista en la clandestinidad. Una noche escuche por la radio que tenía mi portera en el sótano que al otro lado del Pirineo se estaba organizando un ejército al mando de Lister o de Modesto para entrar por los Pirineos, mi primera intención era unirme a ellos, pero si era cierto los alemanes al invadir Francia acabaron con todo aquel posible contra ataque.

-¿Te decepcionó alguien?

-Todos, el primero el cobarde de El Campesino como luego demostró Lister que había desertado, más tarde Carrillo y la Pasionaria y hasta el mismo Lister cuando regreso a España por los años setenta y tantos después de legalizar el gobierno de Suárez al Partido Comunista. Ninguno estuvo a la altura de las circunstancias y como ha demostrado la historia solo querían poder dentro del comité. El Campesino salió por pies de Rusia y Lister se refugió en la Yugoeslavia de Tito, pero el maquis no lo conocieron ni en pintura.

Descanse en paz un buen hombre.
Filoxides de Ursalia

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