domingo, 18 de junio de 2017

La tragedia de Nacho



Hace años que no veía a Nacho, desde hace al menos diez y desde entonces las cosas han cambiado mucho y no para mejor según me cuenta.

Nacho tuvo la desgracia de ir en uno de los vagones del tren que explosiono cerca de la estación de Atocha cuando iba a trabajar a la peluquería que regentaba su cuñado en la calle Argensola, Nacho por aquel entonces tenía treinta y seis años, llevaba dos casado con su novia de toda la vida, una chica menuda, culta y pizpireta que según él decía –vivimos juntos desde que nacimos-.

Se habían comprado un pisito en el pueblo de Vallecas y decía con gracia que lo terminarían pagando sus nietos. Feliz, sin más preocupaciones de las que pueda tener cualquier trabajador, iba todas las mañanas a su puesto de trabajo en la peluquería sin haber faltado uno solo en los ya casi seis años que llevaba ocupando el cargo.

Nacho no imaginó nunca lo que aquel desgraciado día del 11 de Marzo del 2004 le iba a cambiar la vida, se había despedido de Pili que aún dormía, se preparó el desayuno, dejo comida para el gatito en el rinconcito habilitado para ello, regó un par de macetas que tenían en la ventana, se ducho y salió hacía el trabajo, compró el periódico deportivo como todas las mañanas, Nacho le encantaba el deporte y practicaba con los amigos futbito y solía ir con su “niña” y otras parejas en bici muchos fines de semana hasta los pueblos del entorno.

Nacho aquél día consiguió sentarse cosa poco frecuente a esas horas de la mañana y continuó leyendo su periódico, no se percató de nada hasta que una fuerte explosión le desplazo del asiento hasta incrustarse de cabeza contra el pasajero que estaba sentado enfrente, una llamarada, un fuerte olor, mezcla de explosivo, sangre y materiales fundidos y nada, el silencio durante mucho rato.

Despertó en el Hospital de la Paz, a su lado estaba su mujer Pili y su madre, el padre había muerto hacía unos años de cáncer, enseguida notó el calor de los suyos y eso le tranquilizó, aún no sabía que es lo que había pasado, tenía un fuerte dolor de cabeza, un brazo en cabestrillo y un picor raro en las piernas. Enseguida llegó un Doctor al aviso de los familiares y este ayudado por una enfermera cambió la venda que tenía en la cabeza, le dio unos calmantes y pidió a los familiares que salieran, Nacho estaba consciente aunque algo mareado, le molestaba mucho la cabeza, notó cierto dolor en el cuello pero lo más molesto era el extraño picor de las piernas, le escocían, sobre todo la derecha.

El Doctor siguió explorando exhaustivamente levantó las sabanas y la enfermera cambió vendas y apósitos sin decir una palabra, Nacho les miraba aún sin comprender nada de lo ocurrido aunque su mente empezaba a recordar el desayuno, la latita para Chino, las tostadas en el calentador para Pili, las noticias sobre el partido del Atleti, su club, el próximo fin de semana y el fuerte golpe.

Una vez realizada la cura, el Doctor salió de la habitación y la enfermera se quedó un  momento arreglando la cama, colocando bien la almohada y comprobando que todo estaba correctamente después esgrimiendo una sonrisa abandonó la habitación, ninguno de los dos le dijeron una palabra.
Al momento entraron nuevamente en la habitación Pili y su madre a las que se habían añadido, Alberto su jefe y cuñado dos compañeras de la peluquería y nosotros dos, mi mujer y yo. Nacho estaba aún aturdido pero nos miró y dejo entrever una mueca de agradecimiento y se quedó dormido.

Al día siguiente, sobre las doce de la mañana, acompañado por Pili que había pasado la noche en un sillón al lado de la cama fue visitado por el médico y una persona vestida de calle, Nacho había desayunado hacía unas dos horas, la enfermera le llevó un tazón de leche con cacao, unas galletas y un plátano, le cambió las vendas, le tomó la temperatura le dijo que se llamaba Carmen, le inyectó un calmante y le dejo solo con Pili. El Doctor le preguntó cómo se encontraba y que tal había pasado la noche, Nacho algo más despejado le contestó que le silbaban los oídos, le escocía bastante una herida que tenía en la mano derecha, entre el pulgar y el índice, herida que según la enfermera la había provocado la metralla y el incesante, molesto picor de las piernas, especialmente en la derecha dónde el hormigueo, picor o escozor se mezclaba habiéndole incomodado toda la noche, había pretendido arrascarse más de una vez pero estaba atado de tal manera que le era imposible mover el brazo izquierdo, el otro estaba escayolado y en el aire sujetado por unas poleas.

El Doctor sin perder la sonrisa un instante le cogió la mano izquierda, se había acercado una silla mientras Pili, su madre que acababa de llegar y el extraño acompañante, se acercaban por el otro lado.

-Mi querido amigo, ha sido Usted víctima de un terrible atentado, dónde ha habido muchas víctimas y desgraciadamente muchos muertos, Usted está vivo que es lo importante pero he de decirle que desgraciadamente ha perdido una pierna, la derecha, y la izquierda la tiene bastante dañada aunque se recuperará si no hay algún terrible contratiempo, debe ser fuerte y pensar que otros, muchos, no han tenido la misma suerte.

-¡¡Pero si la noto Doctor, siento mi pierna, me pica, me escuece aunque no siento los dedos!!-

-Es normal que crea sentirla pero desgraciadamente su pierna ya no está en su sitio, lo lamento  pero ha de acostumbrarse a ello, tendrá nuestro total apoyo y pronto, muy pronto hará su vida normal. Ahora si se encuentra con ánimos, este Señor le hará unas preguntas.

Nacho se echó a llorar, no entendía como de la noche a la mañana le había podido ocurrir esto, él no sabía nada política, solo de tintes, lavados de cabeza, rizos, cortes de pelo y los domingos su partido de futbito con los amigos de siempre, sus excursiones con Pili y otras parejas en bici por la sierra de Madrid, las cervezas en la terraza del bar de Julio, allí en su barrio. Ahora se le había acabado de un plumazo todo, ahora era un paralítico, de golpe su vida había dado un terrible vuelco.

Pili se abrazó a él mientras su madre lloraba al otro lado intentando por todos los medios mantenerse firme. Pasados unos momentos, el hombre que había salido de la habitación retornó a ella y se acercó a la cama, se presento como inspector de policía y le rogó que viera unas fotos por si reconocía a alguno de los fotografiados como pasajeros del tren dónde iba la mañana anterior.

Nacho no reconoció a nadie, no había visto en su vida a aquellas personas, el inspector le  hizo una serie de preguntas a las que Nacho fue contestando sin ganas al rato el policía abandonó la habitación y Nacho se refugió en los brazos de las dos mujeres de su vida.

Nacho ha envejecido, todos hemos envejecido, pero él  de una manera diferente, su pelo está totalmente cano, su mirada antes viva y centelleante está triste, cansada, no es tan mayor apenas estará rondando los cincuenta, pero parece mayor que yo. Pili murió a los cuatro años del atentado de un cáncer de páncreas, en el funeral fue la última vez que le vi, desde entonces le perdí el rastro hasta que por una casualidad me enteré de que había regresado a Madrid de dónde se marchó tras la muerte de su mujer.

Coincidimos en una cafetería de Alcalá de Henares, antes le había llamado al número de teléfono móvil que su anciana madre, aún viva, me había dado y que nunca al menos eso me dijo, había tenido la autorización de su hijo para dárselo a nadie.

-¿Qué tal te encuentras, desde la muerte de Pili no he vuelto a saber de ti, he intentado localizarte en el trabajo, he hablado con tu cuñado, con tu madre pero nada no he podido contactar contigo por ningún medio?.

Le suelto todo el discurso mientras le doy un abrazo.

-Bien , me encuentro bien, como verás ando que no es poco y ya me he acostumbrado a la pierna ortopédica, me ha costado años pero he acabado adaptandome.

¿Dónde has estado estos años y que has hecho?

-Si te lo cuento no te lo vas a creer, he viajado he conocido gente, personas diferentes, afectadas como yo por tragedias, accidentes, atentados, guerras, en fin paralíticos de cuerpo y de alma pues nadie termina acostumbrándose a que unos tipos acaben con tus sueños de golpe, mediante una bomba, un tiro o en un simple robo. Pero la vida es así de trágica y solo nos damos cuenta cuando nos pasa a nosotros.

-Han pasado muchos años, deberías superarlo, volver a la vida normal.

-¿Cuál?. ¿La de antes con mi pierna, mi mujer, mis amigos, mi bici, mis acampadas en la Pedriza, mi piso de protección oficial en la Villa de Vallecas, mi madre, vosotros, o la de ahora, lisiado viviendo de una ayuda estatal, yendo a recuperación un montón de años, durmiendo gracias a píldoras, con tremendos dolores de cabeza de vez en cuando, con metralla en la otra pierna dónde me faltan dos dedos? No amigo, mi vida es otra muy distinta desde que esa mañana me la destrozaron unos…… ahora me muevo como puedo, nunca mejor dicho, por hospitales, visito a otros heridos como yo, intento reconfortarles, les pregunto, les hablo, me entero de su dolor, no solo el físico sino el peor dolor de todos, el del alma. La mía está muerta se quedo entre las vías retorcidas de esa estación de tren.

-Es muy noble por tú parte que emplees el tiempo en ayudar a los demás.

¡Noo….nada de eso! Es simplemente morbosa curiosidad, verme reflejado en la cara de los demás, sintiendo su dolor como el mío o superior al mío, viendo a sus familias rotas, sus terribles heridas, sus muñones, sus terribles mutilaciones. A veces creo que me recreo en el dolor, el dolor de los demás, dejando el mío como simple anécdota, mientras un tremendo odio se va apoderando de mi alma, un odio no solo a los que me dejaron tullido, sino a los que nada hacen por acabar con esto, a los hipócritas que de alguna manera justifican estos actos, a los periodistas que me asaltaron mientras duraba la conmoción del atentado para al poco tiempo olvidarse del asunto, a los jueces, abogados y magistrados por su falta de intención en aclarar los hecho s y buscar la verdad, en fin y en la sociedad que se olvidó de nosotros al poco tiempo.

Tomamos un par de cafés, le enseñé fotos de mis nietos, a petición de él, pues me sentía avergonzado de mi felicidad ante su desgracia, le hablé de lo hecho durante estos años, de mi jubilación, de un montón de cosas para mí importantes pero que a Nacho por la expresión de su rostro que  ni se inmutaba, le debían resultar estúpidas.

Nacho y otros más afectados como él,  siguen intentando descubrir la verdad de lo ocurrido aquel jueves fatídico, cuando iba como todas las mañanas a trabajar en la peluquería de su cuñado en la calle Argensola.
Filoxides el Crítico

miércoles, 14 de junio de 2017

Carta abierta a Don Pablo Iglesias Turrión.




Muy Sr. Mio. He seguido con perplejidad la moción de censura que ha planteado al gobierno en estos últimos días y como siempre que le escucho a Usted en cualquier debate, sea en el Congreso o simplemente en una entrevista de televisión, veo  al demagogo intelectualoide nacido en los años de bonanza de la recién instaurada democracia. Usted ha estudiado, se ha enriquecido intelectualmente gracias a unas Universidades Públicas que los que ya llevábamos cotizando a la Seguridad Social muchos años contribuíamos a mantener, es decir, sin quererlo seguramente Usted es un “niño de Franco”, se ha aprovechado de un Régimen caduco que otros se esforzaron en liquidar y que Usted se encontró limpio el camino de polvo y paja para poder, con los años, atacarlo impunemente. Usted no es un demócrata, es simplemente un pequeño dictatorzuelo engreído y bastante soberbio que al igual que los antiguos profetas pretendían por todos los medios (legales o no) obligar al pueblo a adorar a su dios, aunque en este caso su dios se difumine entre la sombra de Carlos Marx, Federico Engels o Nicolás Maduro (versus Chaves). Usted a perdido esta moción de censura al gobierno encabezado por Mariano Rajoy, que a pesar de los errores ha sido elegido por una buena parte de españoles, bastantes más que a Usted; no ha superado el trámite y la pregunta que me hago yo y buena parte de los españoles es si Usted tiene pensado el dimitir ante el fracaso de la Moción o volverá a la carga erre que erre dentro de seis meses un año o cuando le salga de las narices, volver a arremeter contra el presidente del Gobierno. Usted "preclaro intelectual" ha conseguido que los que nunca hemos votado a Rajoy lo hagamos solamente para fastidiarle a Usted y a la caterva de pseudo-políticos que le secundan. Usted me aburre, me hastía, es insufrible escucharle las peroratas vacías de contenido pero cargadas de odio hacia las personas o hacía las ideas, siguiendo las pautas  del Catecismo Revolucionario de Netchaief. Usted nunca será un líder político y menos Presidente de España si es que antes ustedes y otros filibusteros como ustedes no se la han cargado antes. Y solo le pido a dios si es que existe, que me lleve antes que tener que aguantarle a Usted a la cabeza de un país al que adoro con todas mis fuerzas y que a pesar de mi edad defendería de gente como Usted y lo que representa.
Francisco José Filoso Molina

viernes, 9 de junio de 2017

Camino hacia el Norte




 Han pasado muchas jornadas desde el juicio a que fui sometido por supuesta impiedad y aunque las cosas parecen olvidadas sigo percibiendo en el ambiente cierto recelo hacia mí persona.
 Durante estos días, tanto Marcio como otros amigos han procurado no volver a hablarme del tema, pretenden con su silencio que olvide lo antes posible tan lamentable suceso, un día soy invitado a casa de Proclo dónde su mujer se esmera agasajándome con un pastel de carne, otras es el mismo Ambides uno de los magistrados de la ciudad el que nos reúne a todos con cualquier excusa bajo una enorme higuera en el porche de su casa para debatir cualquier tema mientras bebemos vino negro y comemos pasas, higos y otros frutos.

Una tarde y con la excusa de debatir sobre un libro escrito por el hijo de este, un joven escritor con mucho talento, Ambides le preguntó a Marcio si se iba a quedar mucho más tiempo en la ciudad o regresaría a su querida Itaca.

-No mi buen Ambides, no estoy pensando en regresar a mi patria pero si tengo en mente hacer un largo viaje, probablemente el más largo que a mi edad pueda hacer.

-¿A dónde puedes ir más allá de nuestro querido Mediterraneo? Dando por hecho que Marcio pretendía salir de lo que todos nosotros considerábamos “nuestro mar”.

-Han sido muchas las jornadas que he permanecido junto a mi entrañable amigo Filoxides, hemos compartido más alegrías que penas, discutimos sobre todo tipo de asuntos, hemos gozado de unas buenas jarras de vino y comido gustosos manjares, también recorrimos otros pueblos y ciudades, descansamos en bellas aldeas, bañado en las aguas puras de recónditos ríos y hasta nos hemos enfrentado a todo un terrible Acusador y al timorato Arconte, por lo tanto creo que debo continuar camino, aprender nuevos idiomas, visitar otras ciudades y conocer otras personas, así como intentar profundizar en su cultura y su historia.

Mientras decía estas palabras Marcio Severo me miraba con cierta tristeza en sus ojos y continuó diciendo:
-Necesito averiguar si la forma de gobierno de esos pueblos lejanos, allá por dónde aparece el Sol y de dónde, según cuentan los más ancianos tienen su residencia los dioses, es igual de errónea que la nuestra.

"Sol es escudo de las nubes / y rayo luminoso / y destructor de los hielos".

-He oído, interfiere Ambides, que en el cenit de esa tierra que dices hay una cadena de enormes montañas que juntan la tierra y el cielo y por ellas circula un camino que pasa de esta, la tierra, hasta la morada de los dioses.

-¡Cuidado, mi buen Ambides, no sea esta apreciación causa de denuncia para nuestros ilustres demagogos!

Suelta de golpe Marcio, riéndonos todos a carcajada limpia.

Entretanto la tarde va cayendo, el Astro se oculta por el Orto y Ifesia, mujer de Ambides nos trae una cazuela de carne seca y otra jarra de vino negro. Así bebiendo vino y hablando de viajes a otras tierras estamos hasta que el cansancio y el vino hacen estragos en nuestra conciencia y regresamos cada uno a nuestras respectivas casas.

Me despierto con el sol bien alto, y me dirijo a las Termas de la ciudad, allí me encuentro con Marcio Severo y Aurelino un mercader que llegó a nuestra ciudad hará unas semanas, pronto se hizo amigo de Marcio pues son compatriotas.

-Buenos días- Me saluda Marcio con un fuerte apretón de manos y una enorme sonrisa en su rostro.

-¿Conoces a Aurelino, verdad?

-Si claro, le compramos unas telas cuando llegó y después ha pasado varias veces por casa ofreciendo sábanas de Tracia e hilos de Siracusa a mi mujer.

-Bueno, más o menos correcto pero los hilos son de Cartago-. Contesta Aurelino riéndose a carcajadas.

-Bien, queda claro que os conocéis.

Contesta Marcio y a continuación dice:
-Le he pedido a Aurelino que me permita ir con él hacia Sagunto, dónde fondea una galera que me llevará hasta las costas de Fenicia, allí me las arreglaré para continuar camino.

He de reconocer que la posible marcha de mi casi hermano Marcio, cuando la anunció el día anterior, me dejó estupefacto aunque por los efectos del vino pensé o quise pensar que era una simple broma del momento, pero ahora me doy cuenta de que Marcio Severo lo tiene bien pensado el dejar el pueblo y emprender ese temerario viaje.

-¿Los has pensado bien, Marcio?

-¡Por supuesto mi querido amigo, en unos días preparo lo poco que me he de llevar y emprenderé el viaje, primero hacia el mar y después al otro extremo de la tierra!

Salimos de los baños y nos dirigimos al Areópago hoy da su clase de Filosofía el anciano Querofonte.  Este venerable viejo es muy querido en la ciudad y aunque en los últimos meses ha sido desplazado del Ágora por medicación del partido democrático, él sigue arremetiendo contra la demagogia centrándose en las viejas creencias Aristotelicas: "De los principios y de las causas primeras”. Dice Marcio que este sabio es una reencarnación de Platón.


Una vez entrando en el Ágora me encuentro de frente con Aquelos Magnicius, este me lanza una mirada desafiante mientras su boca se tuerce en un rictus indescifrable, va acompañado de una tropa de jovenzuelos “discípulos” de denominan así mismo ellos, se sientan detrás de nosotros y siento su mirada fija en mi cogote.


Marcio que se ha dado cuenta de ello me dice:


-Tranquilo hermano, este hombrecillo no te puede hacer ningún daño y menos ahora cuando tú inocencia a quedado sellada y archivada en este Areópago.


El anciano Querofonte habla sobre las bases filosóficas de su doctrina, parece mucho más joven de lo que su aspecto indica, su voz es un torrente de fuerza, dejando entrever una voluntad férrea.


“Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella”

Salímos del recinto después de una hora, el anciano Querofonte es rodeado por los más sabios de la polis que le hacen preguntas de todo tipo, Marcio y yo seguimos escalera abajo hasta llegar a una explanada dónde  se reúnen las mujeres y los niños a los que nos les está permitido el acceso al Areópago.Allí me espera mi mujer y los tres nos dirigimos hacia el mercado que queda a unos tres estadios de allí.
…………
El temido día ha llegado Marcio viene a despedirse, al amanecer del siguiente día sale una caravana de mercaderes con dirección al puerto de Sagunto, les protege un escuadrón de hoplitas a caballo al mando de Perseo un viejo militar avezado en todo tipo de combates tanto físicos como verbales pues en su juventud fue profesor de Gramática. Mario lleva el mismo equipaje que cuando vino hace ya muchos meses, un par de túnicas ropa blanca para el interior, unos pocos libros y el dinero justo. Hemos hecho una recolecta entre los amigos pero la ha rechazado de pleno.

-Bien, llegó el momento.

Me dice Marcio estrechándome las dos manos.

¡No, no me digas nada!

Se adelanta Marcio poniéndome el dedo índice en los labios.

Hemos estado juntos mucho tiempo, nos hemos compenetrado hasta el punto de que nuestras almas casi se funden una con otra, como dije la otra noche nuestros días han sido completos pero esta vida no permite que la dicha sea eterna.

Me invita a sentarme con un gesto de su mano y prosigue:

-Ahora bien, quiero darte un consejo de hermano, no me he atrevido decírtelo hasta ahora pero creo que es mi obligación y mi deber alertar tú conciencia. 

Hace una pausa como si tratase de recopilar con todo detalle lo que guarda en su cerebro y a continuación me dice:

-Debes abandonar esta ciudad de inmediato, lo he hablado con tu mujer y ella está de acuerdo conmigo, debes irte por el bien de los dos, tú mi querido amigo no eres feliz aquí aunque no te lo hayas planteado, necesitáis los dos nuevos aires, menos corruptos y viciados que los que se respiran aquí. Sabes muy bien que estas a merced de estos sofistas sin escrúpulos y que aprovecharan cualquier pretexto para exonerarte de tus derechos y una vez conseguido esto cualquier excusa servirá para volver a denunciarte aprovechando tu debilidad ciudadana. Llegaste aquí huyendo de lo mismo pero la democracia se ha corrompido de tal forma que como decía ayer Querofonte la tiranía de los demagogos se ha apoderado de ella. Sabes mi viejo y leal amigo que tú sitio está más al Norte, allá cerca de los mares fríos, entre los tupidos bosques y las nevadas montañas, allí donde el dios de la luz se reúne con los hombres y debate con ellos de igual a igual, en ese lugar la Aristocracia se basa en el valor de la virtud y no es despótica ni oligárquica, es elegida entre hombres libres de igual a igual. Vete al lejano Norte con tu mujer y tus vástagos busca la “Eudaimonía”, vive entre ellos en plena libertad, enseña a tus hijos a que sean leales y buenos hombres, edúcalos en la virtud y el valor, a ellos y a tus nietos y si el gran dios te da vida también a tus bisnietos y que estos lo hagan con los suyos igualmente.
Una vez dicho esto Marcio Severo se fundió en un largo abrazo conmigo, después se despidió de mi mujer y el resto de la familia, cogió su pequeño saco y sin más palabras se dirigió a la puerta dónde Aurelino le estaba esperando desde hacía un buen rato.

-Adios viejo amigo, le grite casi sin fuerzas en la garganta.

-Adiós hermano, me contestó sonriendo Marcio Severo.
………
Salimos antes de despuntar el sol, en una vieja carreta van todos nuestros enseres, solo lo necesario el resto cosas sin importancia se han quedado en la casa, nadie sabe dónde vamos ni si pensamos volver, en pocas horas me despedí de todos, especialmente de Ambides el cual me hizo un regalo muy especial, como si adivinara hacia dónde nos dirigimos me dio una cadena de plata con un emblema solar. “esto te abrirá puertas allí donde vas”, me dijo saltándosele las lagrimas.

Han pasado varias jornadas, abandonamos las tierras cálidas, pasamos por la interminable estepa y ya estamos al pie de las montañas que separan un mundo del otro. En dos o tres jornadas estaremos en nuestro nuevo hogar. Me vuelvo a mirar atrás y solo siento indiferencia, seguimos ascendiendo por un estrecho camino, nos encontramos con algunos cazadores que nos invitan a compartir sus presas, bebemos agua de los arroyos cristalinos que el sudor de la montaña desprende hacia el valle.

Estamos sentados en la puerta de la cabaña dónde llevamos viviendo desde hace un año, cuando un hombre a caballo me entrega una carta que va dirigida a mi.

¡Es de Marcio! ¿Cómo me habrá encontrado? Rasgo el sello y despliego el rollo para leerlo.
Me encuentro en las tierras de Confucio, espero que tú y los tuyos estéis bien. Si esta carta te llega será que me  hiciste caso y te fuiste al Norte con tú familia, tengo buenos amigos en esa nueva tierra por ti elegida, enséñales este sello que te adjunto y siempre tendrás contacto conmigo. Un fuerte abrazo para todos y no olvides mis palabras. Marcio Severo

Cogido en un lado del rollo hay una bolsa de cuero con una sortija en el interior, en ella está inscrita el emblema del Sol.
Filoxides de Ursalia

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sábado, 3 de junio de 2017

El juicio



¡¡Filoxides, Filoxides  abre inmediatamente!! Grita Marcio Severo mientras aporrea la puerta  sin miramientos. Me levanto de la cama aún adormilado y bajo las escaleras para abrir a mi amigo que no deja de golpear la puerta causando un gran revuelo entre la vecindad.
-Ya voy, ya voy- Le grito para que deje de golpear de una vez por todas.

¿Qué pasa, a qué viene tanto revuelo? Apenas está amaneciendo y vas a despertar a todos los vecinos.

¡Rápido, tienes que venir conmigo!- Me coge del brazo y me arrastra hasta salir a la calle; el sol apenas es una leve insinuación en el horizonte aunque su claridad ya permite la visión. Marcio está lívido, mas pálido de lo que en él suele ser habitual y su mano fría como un tempano tiembla del frío o quizás del terror que se adivina en sus ojos.

En unos instantes hemos recorrido varios estadios que son los que separan mi casa de la explanada que desde hace unos años sirve de Ágora en nuestra pequeña Polis. Marcio se abre paso entre la multitud que ya se ha agolpado en la zona destinada al pueblo y entre empellones y algún que otro exabrupto consigue que nos coloquemos prácticamente detrás del sitio destinado a los Magistrados, estos ya se han ido sentando en los bancos de piedra asignados según sus categorías y todos esperan la llegada del Arconte. Este es un afamado sofista que ostenta el poder desde que la Asamblea del pueblo hábilmente manejada por el partido Demagogo se hizo con el poder en la mayoría de las ciudades con derecho asambleario. Su nombre es Aristos Protadae y es bien conocido por haberse enriquecido rápidamente desde que alcanzó el poder.

 Entre los Magistrados distingo a Efestos Traciano, un personaje que al igual que yo llegó a la Polis hará un lustro más o menos, es popular por su reconocida verborrea y él se considera a si mismo un gran orador, pertenece igualmente al partido Demagogo, a los demás solo les conozco de vista o por pertenecer al Prítaneo y por esa causa al empadronarme tuve que hablar con alguno de ellos.
 
-Marcio, suéltame ya me estás amoratando el brazo- Pero Marcio sigue absorto pendiente de la tribuna dónde van llegando más personajes.

El Arconte hace su solemne entrada entre los murmullos de muchos y los aplausos y vítores de los suyos, alza la mano para indicar a los presentes silencio y ordena a sus ayudantes que comience el juicio.

-¿El juicio, qué juicio y contra quién?- Le pregunto a Marcio que en este momento me mira aterrorizado. -¡Contra ti, mi preciado amigo, es contra ti!- Me contesta Marcio casi entre sollozos. -¿Contra mí?- ¿Y de que se me acusa?- Pregunto perplejo ante aquellas palabras. 

Desde que llegué a la ciudad vivo entregado a mis libros, mi familia y mis animales, tengo poco contacto con los vecinos aunque creo tener buenas relaciones con todos, no creo tener enemigos pues ni me ha dado tiempo en poder creármelos ni he prestado ninguna atención a los enredos a causa de haciendas, reyertas familiares o problemas domésticos muy propios de las ciudades pequeñas.

De pronto hace su presencia un hombre alto delgado con aires aristocráticos en el espacio reservado para los oradores en el centro del Ágora, viste una túnica encarnada y su aspecto aniñado representa a esta nueva generación de sofistas recién salidos de la Escuela  y que venían a implantar su “areté” particular, algo engreídos, se consideraban muy por encima de las viejas tendencias de pensamiento a las que habían apartado con un golpe de mano en cuanto alcanzaron el poder en casi todas las polis.

Unos de los Magistrados le anuncia como acusador procesal con el nombre de Aquelos  Magnicius, este subió a una pequeña tarima que le daba un cierto aire solemne desde dónde se volvió hacia el patio en el que se encuentran los Magistrados y detrás de ellos el público en general que llenábamos el aforo. Hizo una ligera reverencia al Arconte y  dirigió nuevamente su mirada hacía el público.

-¡Estimados ciudadanos!-

 Su voz sonó seca, cortante, agria, sabía el papel que representaba y lo iba a interpretar a conciencia, sus ojos brillaban y sus manos cerradas en actitud amenazante presagiaban una disposición clara a sentenciar de antemano al denunciado. 

-Estoy ante vosotros para dar testimonio de las graves acusaciones que pesan sobre el ciudadano Filoxides el Crítico, entre las muchas que este Tribunal ha recibido hay una de las que el acusado no puede ser bajo ningún concepto ser indultado y esta es la de ¡Impiedad! El acusado ha ofendido de una manera latente no solo a los dioses que conforman nuestra sociedad sino a los más puros estamentos de ésta Democracia, ha puesto en duda la eficacia de ésta hasta el punto de negarla en público e insultado a sus creadores a los que ha acusado de farsantes y embaucadores.

Marcio sudaba y me apretaba el brazo hasta clavarme las uñas, yo me mantenía impávido, no me podía creer lo que estaba viendo, aún no era consciente de la gravedad de las acusaciones solo pensaba en la puesta en escena que aquel personaje había montado en unos simples momentos con una oratoria corta pero que llegaba directamente a las almas de aquél pueblo sencillo y manipulable. En este momento me vinieron a la mente aquellas palabras de Eurípides:
“La democracia es la dictadura de los demagogos”

El acusador da paso en ese momento a unos testigos que ni conozco ni me conocen pero que afirman bajo juramento el haberme oído mancillar el nombre de los dioses, despotricar contra la Democracia y desear la vuelta al gobierno de la Oligarquía Aristocrática, y además, y esto era considerado de pena capital poner en tela de juicio la veracidad de los dioses que se veneraban en las distintas Polis desde el advenimiento de la Democracia.

Uno a uno fueron pasando por el estrado aquellos ciudadanos que representaban la denuncia, yo no conocía a ninguno ni apenas de vista, no había coincidido con ellos que yo recordase por lo que mi indignación crecía por momentos ¿Y la defensa, cuando entra la defensa?

El Arconte se dirigió a unos de los escribas y le conmutó a que llamará al estrado al defensor del  acusado, este con voz teatral y algo afónico llamó a declarar a Marcio Severo como defensor de Filoxides el Crítico hijo de Filoxo de Ursaria. Marcio se separó de mí y se acercó al pie de la tribuna.

-Antes de comenzar mi alegato de defensa de mi amigo Filoxides os quiero recordar distinguidos ciudadanos unas palabras de uno de los insignes pensadores de la antigüedad de nuestro pueblo: 

Qué terrible es la diferencia entre el gobierno de la justicia y la tiranía de los más convincentes” (Sócrates) 

Habéis escuchado acusaciones de personajes que nunca hablaron ni escucharon a mi buen amigo pues ni le conocen y hasta posiblemente no le hayan visto o fijado en él nunca. Mi viejo y entrañable amigo al cual profeso un enorme aprecio y un solemne respeto vino a esta villa como cierre a una vida de trabajo y esfuerzo, nunca en su ánimo hubo ningún atisbo de Vanidad ni de hacerse notar de una u otra manera, simplemente quiso vivir los años que le queden en paz consigo mismo y con los suyos, nadie de los más allegados ni de las personas que de algún modo hemos tenido trato con él le hemos escuchado ni una sola frase que vaya en contra del respeto a los dioses aunque sí es cierto que ni ha libado en su nombre ni sacrificado animal alguno y tampoco acostumbra  visitar el Templo, podíamos decir de él que no es una persona piadosa pero no por ello un sacrílego ¿Quién de vosotros que asiste al Templo a diario y hace las ofrendas pertinentes a los dioses, no ha caído después en algún vicio? ¿Quién no ha ofendido a su vecino, castigado a sus hijos sin motivo alguno  y hasta pegado a su mujer? ¿ No es esto peor que el no asistir a rito alguno u olvidar fiestas religiosas?. En cuanto a la denuncia de que mi amigo mancilla de palabra a la Democracia y ansía de alguna manera la vuelta de los años de Pisistrato, esta cae por su base ¿No es la Democracia aquella que permite la plena libertad del ciudadano para expresarse como su conciencia le dicte? ¿Y si es así no tiene derecho mi amigo, el acusado, de manifestar sus ideas si fueran estas u otras, de manera tal que pudiera diferir del actual gobierno? ¿No estaría, apreciados compatriotas, ejerciendo su derecho democrático? Hace siglos la madre de todas las Polis, la Eterna Atenas en una asamblea parecida mandó al gran Fidias al exilio y al insigne Pericles le acusaron de despilfarrar el erario público a pesar de que este había llevado a Atenas al mayor esplendor del mundo entonces conocido, basándose en las falsas acusaciones de Menon, no fue en nombre de esta magnificada democracia la que basándose igualmente en la calumnia y el odio hacia los espíritus superiores condeno a tomar la cicuta al insigne Sócrates aunque días más tarde esa misma asamblea recomponía su nombre y prestigio erigiendo una estatua en su nombre.

“La capacidad y la experiencia son los criterios por los que escogemos a un médico para que nos sane o a un general para ponerlo al frente del ejercito, y del mismo modo deberíamos elegir para el gobierno a los hombres más capacitados para gobernar” (Sócrates)

Para terminar con mi alegato de defensa quiero simplemente pediros una cosa, por motivos que desconozco el denunciado no ha sido llamado a subir a este estrado manteniéndose entre el público expectante ante tanto agravio, así que le pido a los testigos que señalen con el dedo al denunciado si es cierto que le conocen.

El Arconte interrogo con la vista a los acusadores  que eran incapaces de reconocerme aunque me encontraba a escasos pies delante de ellos bien alto para que se me viera desde todos los ángulos.

Tras unos instantes, que me parecieron siglos el Demagogo tomó la palabra y mirando fijamente a Marcio Severo preguntó ¿Y por qué se oculta tú defendido entre la multitud y no sube al estrado para defender su inocencia escondiéndose detrás de tú encendido verbo?

¡¡No me escondo de nada ni de nadie, Aquelos Magnicius!! ¡Aquí estoy escuchando todos y cada uno de los agravios contra mi persona efectuados por unos ciudadanos a los que ni conozco ni quiero conocer, sin salir de mi asombro de hasta dónde puede encanallarse la persona simplemente por el hecho de tener un instante de popularidad, o por cuatro miserables dracmas de algún enemigo en la sombra que pueda estar detrás de toda ésta farsa. Agradezco a mi buen amigo, mi alma gemela Marcius Severo, el alegato de defensa que ha hecho sobre mi persona, aunque lo considere demasiado atributo para un sencillo hombre como yo. Él me conoce bien, conoce mis escasas virtudes y mis múltiples defectos, sabe como soy y como me gustaría que me recordaran después, pero en algo se ha quedado corto y si el Arconte me lo permite (miro esperando su aprobación al Arconte) añadiré algo más en mi defensa ya que veo latente la curiosidad que tienes Aquelos. Puede que mis palabra no me ayuden mucho, es más hasta puede que agraven mi situación de cara al voto de los ciudadanos sobre mi inocencia pero me importa más mi orgullo que tu incriminación.

-Pues habla, te escuchamos- Me exhorta Aquelos sin respetar la opinión del Arconte que se mantiene callado ante la soberbia del Acusador.

-Hace años llegué a esta Polis con el único deseo de apartarme de lo divino y de lo humano, ambas partes de la vida de un individuo me habían agotado, mi fe en los hombres había desaparecido y aún mantengo esta idea, mi premura era poner tiempo y tierra de por medio para poder pensar en libertad y volver a la armonía que toda persona necesita para ser feliz, pensé que distante de las cosas o de los sitios dónde fluyen las ideas y la actividad el sosiego volvería nuevamente a mi espíritu, pero desgraciadamente me encuentro en que la insidia y la calumnia está enquistada en todas y cada una de las Ciudades que he visitado. Vosotros los sofistas, habéis llevado el Caos mediante la palabrería a una plebe maleable y vulnerable con consignas y artificios demagógicos, habéis hecho de la denuncia a la persona la prueba evidente de que sois incapaces de enfrentaros a las diferentes ideas y matando el perro se acabó la rabia. Hoy se me acusa a mí con testigos falsos, mañana a otro, y así hasta que consigáis vuestro propósito que no es otro que anular la voluntad humana.

Se hace un tremendo silencio entre la multitud que hasta ese momento unas veces aplaudía y otras abucheaba sin tener muy claro a quién ni cuándo. Este silencio se rompe de repente al oírse entre el público una voz que grita:

-¡¡Marcio Severo es un extranjero,  nació en Talento.  Por lo que no puede intervenir y menos defender a un acusado!!

El Arconte se fija en la persona que ha hablado y se dirige a Marcio Severo

-Es  cierto eso-

-Cierto- contesta Marcio, añadiendo:

- He nacido en la Magna Grecia en la ciudad de Talento y me educó Critón en Cumas por lo que puede que sea más griego que todos vosotros, lo cual no me impide defender a cualquier ciudadano que me pida ayuda o consejo.-

El Arconte se vuelve hacía el Acusador Aquelos Magnicius y le pregunta si tiene algo que objetar.
-Nada, por mi parte no hay ninguna objeción, somos ciudadanos libres y pertenecemos a la misma matriz así que sigamos con el proceso.

Marcio Severo al que la reciente acusación de apátrida le había envalentonado contesta:

 "¿Acaso debemos nosotros seguir la· opinión de la mayoría y temerla, o la de uno solo que entienda, si lo hay, al cual hay que respetar y temer más que a todos los otros juntos?" (Palabras de Sócrates a Critón, en su defensa)

El silencio se hace entre el populacho mientras el Arconte se dirige a los Magistrados, el vocal se adelanta y dice:

-Ciudadanos libres de esta Polis con derecho a voto, adelantaros-. 

Ciento uno se acercan al Magister recogiendo las dos piezas redondas de cerámica con las que han de votar, una de culpabilidad y la otra para declarar inocente al acusado, estas se han de introducir en unas grandes ánforas que están colocadas en una esquina del Atrio por dónde había entrado el Arconte y los Magistrados. Uno a uno y en total silencio los ciento y un ciudadanos se van aproximando al pequeño altar que soporta ambas ánforas y deposita su pieza, para que no se sepa cuál es su voto introducen una de las dos pieza en la primera vasija la que recoge el voto real y la otra la pieza sobrante, así nadie sabe lo que se ha votado.

Una vez acabado el acto, los Magistrados vuelcan el ánfora con las ciento y una piezas de cerámica y comienza el recuento.

Marcio me agarra por los hombros, apretándome con fuerza mientras me susurra al oído:

-Confía en la voluntad de los Dioses-

-Prefiero confiar en la actitud de los hombres- Le contesto bastante inquieto

Una vez contadas las piezas todas el Arconte se vuelve hacía mí y con voz grave proclama:

Filoxides el Crítico, la voluntad del pueblo sabiamente guiada por los Dioses te absuelve de todas y cada una de las denuncias, puedes irte en paz.

Marcio Severo me abraza al igual que otras personas que apenas conozco, vecinos, amigos de estos, algún comerciante, un pobre anciano que se gana la vida recitando en la calle, unos músicos, apenas diez o doce personas, el resto va abandonando la explanada en silencio.

El Sol ya va decreciendo en el horizonte, ha pasado más de mediodía desde que Marcio llegó a mi casa hasta el momento, el día ha resultado largo y confuso, no consigo todavía asimilar lo acontecido. De pronto me encuentro con Aquelos que me está esperando al final de la explanada.

-Esta vez has tenido suerte viejo idolatra, de la próxima no te escaparas.

Su cara desprende un gesto de odio sin disimular, un gesto parecido a una sonrisa marca su boca. Le miro en silencio y sigo el camino a mi casa, Marcio va delante eufórico a mi me llega aquella frase de Sócrates:  Temed el amor de la mujer más que el odio del hombre”.

Me agarro a mi buen amigo Marcio Severo y continuamos el camino entre chanzas y risas hasta mi casa dónde nos esperan unas buenas jarras de vino.

«¿Cómo podría yo introducir nuevos dioses por decir que una voz divina se me manifiesta para indicarme lo que hay que hacer? [...] Por otro lado, que la divinidad sabe de antemano lo que va a suceder y que lo anuncia con señales a quien quiere, tal como yo lo digo, lo dicen también todos y lo creen. Pero mientras estos llaman, augurios, voces, coincidencias y adivinos a los que les anuncian las señales, yo lo llamo genio divino y pienso que al llamarlo así, me expreso de manera más veraz y piadosa que los que atribuyen a las aves el poder de los dioses». (Sócrates)
Filoxides de Ursalia[ [