viernes, 21 de octubre de 2016

La encrucijada de la izquierda



La necesidad de una nueva izquierda
El desorden se ha instalado en nuestra vida social de una manera inimaginable. Sin darnos cuenta fuerzas ajenas a lo que es en si el núcleo laboral y social del país han irrumpido en esta sin que nos hayamos dado cuenta o más bien sin que hayan sido llamadas a intervenir.
Nuevas alternativas sociológicas basadas en denostadas ideas decimonónicas se infiltran en nuestra sociedad sin saber muy bien el sentido de ello. El ejemplo es Podemos, he procurado siempre en mis escritos eludir o al menos minimizar la importancia de este movimiento en la vida social y política de la nación, pero me veo obligado por “estética” pronunciarme sobre ellos y lo que significan.
Decía Schopenhauer: “Si gustáis de planes utópicos, os diré que la única solución al problema político y social sería el despotismo de los sabios y los justos, de una aristocracia pura y  verdadera, obtenida mediante la generación por la unión de los hombres de sentimientos más generosos con las mujeres más inteligentes y agudas”
 En esta frase se resume la rotunda oposición de toda la filosofía schopenhaueriana a la igualdad democrática.
Como bien dice el genio de Dantzig la utopía de su exposición tiene el mismo valor o más que su contraria y esta es la que desde hace tiempo nos intenta implantar como dogma de fe la vieja y denostada izquierda. El puzle Podemos es la antorcha que pretende reconducir la vieja izquierda, añadiéndole afeites de modernidad pero con el viejo y trasnochado discurso, inútil por la realidad histórica de donde ha tenido protagonismo y ha fracasado.
Las algaradas, los desplantes a las autoridades, la controversia continua, el sectarismo, la falta de respeto a las normas establecidas, pueden sorprender y hasta ilusionar a parte de la juventud, no creo que haga mella en los más viejos si no es en aquellos que todavía sueñan con el paraíso leninista, paraíso que nunca se llego a realizar y que al igual que esta y otras muchas utopías quedaron simplemente en eso, aunque esta con unos cuantos cientos de millones de cadáveres sobre sus espaldas.
Debemos ser conscientes de que la mediocridad se ha instalado en nuestras instituciones de una manera alarmante, hoy no hay un debate de altura entre aquellos que se arrogan el derecho a decidir, la vulgaridad, la intolerancia, el continuo desprecio hacia el adversario, hacen inviable la posibilidad de un debate serio, científico, real sobre las necesidades de la sociedad.                 Hoy la evolución de la sociedad ha añadido nuevos problemas en los que hay que centrar el debate, la escasez de recursos, el envejecimiento de la población, la calidad del trabajo, la falta de oportunidades para desarrollarse los nuevos licenciados, la inmigración, el globalismo, la evasión de capital, etc, etc. Hay cientos de problemas que se deben poner encima de la mesa y tratarlos en profundidad, en consenso, con acuerdos de largo recorrido y pensando siempre que todo se puede corregir de igual manera. Nada de despreciar lo hecho por los otros simplemente porque lo han hecho los otros, ese sectarismo de aldea no ha llevado a los españoles a la situación de retraso que arrastramos con respecto a otros países de nuestro entorno.
Una Izquierda Democrática, española en sus cimientos, con hondo calado patriota inspirada en nuestros pensadores tanto liberales como conservadores pero superando a estos en compromiso social, una izquierda apoyada en unos sindicatos independientes, gremiales y directamente representativos, sin sustentos o subvenciones estatales o gubernamentales, una representación de estos en el Parlamento donde ahora brillan por su ausencia.
Un Izquierda Nacional, sin influjos externos, basada en los derechos de los españoles y en la obligación de hacer respetar estos tanto como velar porque las obligaciones se cumplan.
Una Izquierda basada en la Ley y a Justicia y obligando a todos a cumplir esta.
Una Izquierda que defienda a los más necesitados, que luche dentro de la ley para que las desigualdades sociales se vayan eliminando sin dejar de tener en cuenta que la capacidad debe ser premiada en su justa medida y no tratar de igualar por igualar.
En fin una Izquierda más a la altura de Suecia que de Venezuela.
Filoxides el Crítico




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