La necesidad de una nueva izquierda
El desorden se ha instalado en nuestra
vida social de una manera inimaginable. Sin darnos cuenta fuerzas ajenas a lo
que es en si el núcleo laboral y social del país han irrumpido en esta sin que
nos hayamos dado cuenta o más bien sin que hayan sido llamadas a intervenir.
Nuevas alternativas sociológicas basadas
en denostadas ideas decimonónicas se infiltran en nuestra sociedad sin saber
muy bien el sentido de ello. El ejemplo es Podemos, he procurado siempre en mis
escritos eludir o al menos minimizar la importancia de este movimiento en la
vida social y política de la nación, pero me veo obligado por “estética”
pronunciarme sobre ellos y lo que significan.
Decía Schopenhauer: “Si gustáis de
planes utópicos, os diré que la única solución al problema político y social
sería el despotismo de los sabios y los justos, de una aristocracia pura y verdadera, obtenida mediante la generación por
la unión de los hombres de sentimientos más generosos con las mujeres más
inteligentes y agudas”
En esta frase se resume la rotunda oposición
de toda la filosofía schopenhaueriana a la igualdad democrática.
Como bien dice el genio de Dantzig la
utopía de su exposición tiene el mismo valor o más que su contraria y esta es
la que desde hace tiempo nos intenta implantar como dogma de fe la vieja y
denostada izquierda. El puzle Podemos es la antorcha que pretende reconducir la
vieja izquierda, añadiéndole afeites de modernidad pero con el viejo y
trasnochado discurso, inútil por la realidad histórica de donde ha tenido
protagonismo y ha fracasado.
Las algaradas, los desplantes a las
autoridades, la controversia continua, el sectarismo, la falta de respeto a las
normas establecidas, pueden sorprender y hasta ilusionar a parte de la
juventud, no creo que haga mella en los más viejos si no es en aquellos que
todavía sueñan con el paraíso leninista, paraíso que nunca se llego a realizar
y que al igual que esta y otras muchas utopías quedaron simplemente en eso,
aunque esta con unos cuantos cientos de millones de cadáveres sobre sus
espaldas.
Debemos ser conscientes de que la
mediocridad se ha instalado en nuestras instituciones de una manera alarmante,
hoy no hay un debate de altura entre aquellos que se arrogan el derecho a
decidir, la vulgaridad, la intolerancia, el continuo desprecio hacia el
adversario, hacen inviable la posibilidad de un debate serio, científico, real
sobre las necesidades de la sociedad. Hoy la evolución de la sociedad ha añadido
nuevos problemas en los que hay que centrar el debate, la escasez de recursos,
el envejecimiento de la población, la calidad del trabajo, la falta de oportunidades
para desarrollarse los nuevos licenciados, la inmigración, el globalismo, la
evasión de capital, etc, etc. Hay cientos de problemas que se deben poner
encima de la mesa y tratarlos en profundidad, en consenso, con acuerdos de
largo recorrido y pensando siempre que todo se puede corregir de igual manera.
Nada de despreciar lo hecho por los otros simplemente porque lo han hecho los
otros, ese sectarismo de aldea no ha llevado a los españoles a la situación de
retraso que arrastramos con respecto a otros países de nuestro entorno.
Una Izquierda Democrática, española en
sus cimientos, con hondo calado patriota inspirada en nuestros pensadores tanto
liberales como conservadores pero superando a estos en compromiso social, una
izquierda apoyada en unos sindicatos independientes, gremiales y directamente
representativos, sin sustentos o subvenciones estatales o gubernamentales, una
representación de estos en el Parlamento donde ahora brillan por su ausencia.
Un Izquierda Nacional, sin influjos
externos, basada en los derechos de los españoles y en la obligación de hacer
respetar estos tanto como velar porque las obligaciones se cumplan.
Una Izquierda basada en la Ley y a
Justicia y obligando a todos a cumplir esta.
Una Izquierda que defienda a los más
necesitados, que luche dentro de la ley para que las desigualdades sociales se
vayan eliminando sin dejar de tener en cuenta que la capacidad debe ser
premiada en su justa medida y no tratar de igualar por igualar.
En fin una Izquierda más a la altura de
Suecia que de Venezuela.
Filoxides el Crítico
No hay comentarios:
Publicar un comentario