sábado, 31 de julio de 2021

La Dama de Sakov ( Capítulo II)

 Como todas las tardes al caer el sol por el Oeste, hundiéndose en las aguas del Mar Negro Skov se dirigió a sus habitaciones en el cobertizo anexo al Palacio, este era un lugar cómodo, apartado de la servidumbre del Palacio y de las caballerizas dónde estabán los dormitorios de cocineras, y sirvientas mientras que el resto de los hombres vivian fuera en unas chozas en el bosque cercano al Lago que flanqueaba la zona Norte del Palacio.

Al anochecer solo un par de guardas bien armados quedaban en el Palacio procurando que este estuviera bien cerrado hasta las seis de la mañana hora en la que las sirvientas iban apareciendo por las puertas de las cocinas.

Sakov sacó su bolsa con té, cogió una taza de la alacena de la pared y echó en ella un poco de leche, migo pan y se echó en su vieja mecedora. Cuándo el té estuvo listo le añadió algo de ese azucar que traían los armenios de Erevan y se puso a cenar.

Mientras cenaba ojeó un periódico que había dejado el repartidor por la mañana, Sakov lo cogía por las tardes y lo volvía a colocar en su sitio al ir al Palacio por la mañana, todo debía  estar tal y como el Zarevich lo quería, el orden era su obsesión y Sakov se ajustaba a ello sin ningún tipo de problemas.

Las noticias no eran buenas, los cosacos del Dnieper se habían levantado en armas contra las autoridades locales, quemando varias aldeas y las cosechas de los campesinos.

jueves, 29 de julio de 2021

La Dama de Sakov (1ª parte)

"Todo es veneno y nada es veneno solo la dosis hace el veneno" (Paracelso)

El miedo a la enfermedad, la peor de todas el tédio agijoneaba el alma del pobre Sakov.

Durante años estuvo encerrado en aquella torre del Palacio de Invierno del Jóven Zar, raro era el día que alguién se molestaba en visitarlo, solo el pobre Gaurin aparecia de vez en cuando con alguna simpleza comprada en el mercado de Tiflis o a los mercaderes que transitan por la carretera que lleva a Erevan o ciudades del entorno.

Sakov acomoda día tras día los volúmenes que guarda el Zarevich y que fueron una vez de su madre la Zarina María Fiódorovna y que por esos caprichos de la Familia Real acabaron en este Palacete  de Georgia cercano a la frontera armenia.

Sakov, el viejo Petroffiev, llevaba al servicio de la Familia Real desde que murió su madre de tifus a la edad de treinta años, él por entonces tenía ocho o nueve, de constitución débil, bastante alto pero algo encorvado, con unos largos brazos y unas extrañas manos propia más bien de un pianista que de un sirviente al cuidado de los libros del Zarevich.

En los últimos años Sakov había perdido bastante la visión, de noche debía ayudarse de un bastón para no tropezar por las galerías del Palacio cuándo se dirigía a sus habitaciones en el cobertizo anexo dónde se había construido todo un santuario con imágenes traidas desde Persia, Armenia incluso Turquia.

Una de sus imágenes favoritas era una jóven vestal semi desnuda que le había comprado a un viejo mercader jázaro que se desplazaba por toda Armenia y Georgia y que según le contó la había encontrado en unas ruinas a la orilla del Mar Caspio.

El viejo le contó que la estatuilla perteneció a un caudillo mogol y que le acompañaba en el lecho siendo preferida a todas sus esclavas y que  le daba un cierto poder al entrar en combate.