El éxito personal por encima de todo
y de todos, esa es la filosofía de los últimos veinte o treinta años o quizás
más, vaya Usted a saber. Nos han inculcado desde la escuela y en los medios de
comunicación, verdadera enciclopedia de masas, que el éxito económico, viene
unido a la felicidad, al reconocimiento y a triunfar en todos y cada uno de los
recovecos de la vida.
Muchos jóvenes han visto en los “realytis”
una forma rápida y cómoda de alcanzar el éxito sin un gran esfuerzo, solo
ponerse ante las cámaras y dar espectáculo, otros viven de contar sus vergüenzas
y desencantos ante un público morboso que esconde sus miserias entre las de
estos.
El esfuerzo personal va perdiendo
posiciones ante lo fácil y lo rápido, la cuestión es ganar dinero sin más, no
importa el cómo y el coste moral. Los padres acompañan a sus hijos a las
puertas de las cadenas de televisión orgullosos de que estos se puedan exhibir
en público con todas sus miserias al aire. Ellos tienen parte de culpa de todo
este circo pero no toda. Por doquier la publicidad inunda nuestras calles,
casas y hasta ropas con este modo de vivir fácil y cómodo, cuanto más se
degenere la juventud más fácil es de domesticar, se la incita a tomar partido
por una u otra forma de vivir según convenga a los “poderes” que realmente
controlan esto.
El respeto hacia los demás, las
buenas maneras, la educación en general está pasada de moda, las “redes
sociales”, las más antisociales de todas las maneras de expresarse, marcan la
nueva “ética”, el insulto, la chabacanería, los malos modos, las patadas a la
gramática son su forma de expresarse, ellos se sienten fuertes pensando que así
son libres sin pensar que el “poder” les utiliza según marquen las
circunstancias.
La subversión diaria que los “wasap” y
otros medios móviles provocan mediante convocatorias entre grupos afines contra
algo o alguien han conmocionado las formas de reunión, ahora se puede boicotear
un acto en pocos minutos. Aunque hoy se proteste contra Juan, da igual mañana
haremos lo mismo con Pedro, el caso es protestar, el porqué es lo de menos, el
caso es estar ahí, con la manada, con los pasamontañas, las capuchas y las
bufandas no les vaya a reconocer “papa” y le quite las llaves del coche, o le
señalen en el club de la urbanización.
Pocos se paran a pensar en la
importancia de sus actos, son guiados por un afán único de sentirse
importantes, de romper todo vínculo con lo pasado, se sienten futuro, incierto
pero futuro y esto les anima en seguir por ese camino, mucho más fácil que
conseguir una licenciatura y pretender cambiar el mundo desde arriba y no de
sembrar la confusión y el desorden desde abajo.
“Las revoluciones comienzan entre
vasos de vino y alegría y terminan en un baño de sangre”
Esto se lo escuché a un viejo cenetista
cansado de oír el mismo discurso de siempre y de sufrir la vida del pobre. El
pobre había vivido demasiadas revoluciones como para no tomarse en serio esta.
Filoxides el Crítico
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