Recordando las “Flores del Mal”
Estamos
en una situación digamos que sorprendente, quizás hayamos llegado a la cúspide
del despropósito moral o estemos cerca de ello. Algunas de las personas que
conforman el círculo de nuestra “inteligencia
política” han saltado heridas en lo más profundo ante las declaraciones del tal
Correa, el principal encausado por la trama “Gurtel”.
¿Cómo es
posible que durante años haya podido ocurrir esto, sin que se tomaran medidas
al respecto? Braman desde la izquierda
del zoo político, mientras que enfrente los “mea pilas” de la derecha se
agarran al “tú más”.
Me viene
a la mente una frase de las Flores del Mal donde Baudelaire dice lo siguiente:”
Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian las palabras inmoralidad,
moralidad en el arte y demás tonterías me recuerdan a Louise Villedieu, una
puta de a cinco francos, que una vez me acompañó al Louvre donde ella nunca
había estado y empezó a sonrojarse y a taparse la cara. Tirándome a cada
momento de la manga, me preguntaba ante las estatuas y cuadros inmortales cómo
podían exhibirse públicamente semejantes indecencias.”
Esto trasladado al marco político puede resumirse así:” Todos
los que cuando han estado en el poder o lo han tocado con las yemas de los dedos,
y han podido aprovecharse de él para su enriquecimiento personal se alarman,
gritan y vociferan ante la idea de que otro, el contrario, haya podido hacer lo
mismo”.
De esta hipocresía se nutre la clase dirigente española. Unos
recibiendo dádivas de gobiernos extranjeros contrarios a los intereses de
España vienen a decirnos que ellos regeneraran de un plumazo la vida política,
probablemente lo pretendan hacer al estilo estaliniano, haciendo callar al
adversario de una manera física muy al estilo de estos nuevos mesías “progresistas”.
LLámeme de todo menos progresista, decía ayer un destacado líder
socialista y yo secundo esta frase, me aterrorizan todos aquellos que se auto
denominan progresistas pues solo veo en ellos rescoldo del pasado, remozado o
mezclado con una amalgama de imposibles o de vacuidades.
Por otro lado están aquellos que solo aspiran a recobrar el poder,
un poder que perdieron precisamente por lo mismo que lo pueden perder estos, es
decir, por ambicionar más de lo que moral, ética y judicialmente les
corresponde.
“Me horroriza la doble moral de esta época” decía el sifilítico
Baudelaire en un siglo de cambios hacia
lo que luego se llamaría “la modernidad”, acusado por atentado a la moral
pública, solo el tedio le salva de ese entorno burgués que le ataca sin cesar.
Si lo llevamos a este tiempo y lugar nos encontramos con una semejanza
punzante, el tedio se adueña del español medio ante tanta falta de escrúpulos
por parte de sus representantes políticos y les dará la espalda sin más.
La modernidad no es progresismo aunque los términos puedan
parecer lo mismo . La Modernidad es un
periodo que principalmente antepone la razón sobre la religión. Se crean
instituciones estatales que buscan que el control social esté limitado por una constitución y la vez se garantizan y
protegen las libertades y derechos de todos como ciudadanos. Surgen
nuevas clases sociales que permiten la prosperidad de cierto grupo poblacional
y la marginación de otro. Se industrializa
la producción para aumentar la productividad y su economía; y, finalmente, es
una etapa de actualización y cambio permanente.
Este cambio ha de ser regulado y protegido por esos a los que
llamamos “padres de la patria” pero nunca deben ser los cuidadores de nuestro
patrimonio. Velar por que las desigualdades no sean producto de la explotación
de los unos hacia los otros y mantener el orden en todas y cada una de las
instituciones que gobiernan, procurando el bien social, el orden ciudadano y la
prosperidad del pueblo al que prometen representar.
¿Qué pensarían todos aquellos poetas malditos de mitad del
XIX al XX ante estos acontecimientos? ¿Qué
diría García Lorca, aquel poeta del pueblo? “El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de
tener la esperanza perdida.
Y la esperanza la vamos perdiendo día tras día los españoles al ver
y escuchar día tras día las tropelías de los “hunos y los hotros” que diría
Unamuno. Esa esperanza que depositamos casi unánimemente cuando acabó la
dictadura y todos en común decidimos que había que pasar página y coger el
camino de la modernidad.
El desanimo ante tanto desmán, unido al cáncer del paro, la
inseguridad de las pensiones, el hartazón separatista, la vileza de estos “secesionistas”
la inmigración sin control, están provocando una más que probable reacción. ¿Cuál?
La veremos en las próximas elecciones y que no se piensen los de Podemos que
sean ellos los que lideren esa reacción, está les arrasará a ellos y
probablemente todo el sistema.
Filoxides el Crítico
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