En estos días de tribulaciones a nivel nacional, hemos de pensar con
cordura y sensatez. ¿Qué está pasando en España? ¿Cuál es la razón de los
separatistas? Estas dos preguntas se asocian en una sola y única respuesta.
¡España está enferma! Su decrepitud se ha ido manifestando en los últimos años
por la ineptitud de unos muchos y el egoísmo personalista de otros tantos. El
regionalismo, no es una cosa de hace cuatro días, la diversidad catalana o
vasca no es un hecho de hace unos años, al igual que la gallega o la andaluza.
Todas ellas y sus singularidades, tanto culturales, étnicas o económicas, han
existido desde hace muchos siglos, fue Castilla la que en un primer momento
tuvo sentido de España como Nación, como Identidad Unitaria fue la impulsora
del ideal de Imperio, ello llevo a aragoneses a unirse a tal fantástica idea,
Castilla fue el motor pero era necesario y ella lo sabía de la unión de todas
las partes que confluían el la Península para llevar a cabo ese grandioso
proyecto.
Isabel de Castilla no se impuso a Fernando de Aragón por el simple
hecho de sexo, amor o ambición, sino que fue capaz de hacer ver al otro gran
Rey de España de la necesidad de unirse en una empresa común, en la gestación
de una idea imperial. Los aragoneses dominaban el Mediterráneo y Castilla
sentía que hacían falta más territorios para engrandecer la idea de Estado.
Fue así como almirantes vascos, catalanes y de otras regiones de esa
juvenil España salieron a conquistar el mundo, tanto el viejo como aquel que
por la visión de Isabel de Castilla estaba al otro lado del mar océano. Unidos,
con sus particularismos apartados, con un proyecto en la mente integrador
pasaron en no muchos decenios a ser después de Roma el Imperio más grande del
Orbe
.
Ese efecto integrador de diferencias se mantiene hasta bien entrado el
siglo XVI, hasta esas fechas España cree
en sí misma, no hay segmento de población, artesanos, terratenientes, industriales,
obreros, pensadores y hasta la Iglesia que no sienta suya la idea de
solidaridad nacional.
Luego empiezan las disputas, las traiciones, los egoísmos aldeanos, la
ignorancia y poca capacidad de Reyes que se rodeaban de personajes mediocres
cuando no ineptos para que les agasajaran cual simples cortesanos, premiando a
veces su vileza y corrupción.
Guerras de Sucesión, Carlistas contra Isabelinos, familias reales
ambiciosas por el Trono de España a las que el pueblo o la Nación como entidad
unitaria les traía al pairo, políticos débiles e ignorantes, terratenientes e
industriales ambiciosos, traiciones del clero es una parte de la cantidad de
tumores que fueron apareciendo en el cuerpo nacional.
Ortega lo vió claro con esa magnitud de miras que tenía nuestro más
insigne filósofo:
“Repudiemos toda interpretación
estática de la convivencia nacional y sepamos entenderla dinámicamente. No
viven juntas las gentes sin más ni más y porque sí; esa cohesión a priori sólo
existe en la familia. Los grupos que integran un Estado viven juntos para algo:
son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven
por estar juntos, sino para hacer juntos algo”.
Y mientras hubo esa
necesidad de “hace algo en común” España continuó vertebrada, sin rechazos de
una región a otra, sin que el mediocre político, movido por espurios intereses,
pudiera influir en el desarrollo normal de la convivencia entre españoles.
La paulatina pérdida de
las colonias fue el detonante para que las diferencia comenzaran a manifestarse,
un ejército humillado y desalentado, el comienzo del ideal de clase,
manifestación separadora de los intereses de la Nación, que tanto la clase
obrera como la burguesía promovían desde su egoísta punto de razón (subjetivo),
los cambios que se estaban produciendo en Europa, la poca visión de nuestros
gobernantes para sacar rédito a nuesta neutralidad (fue más dañina que haber
entrado en la contienda) la poca fe que el pueblo tenía sobre sus instituciones
fueron haciéndose palpables día tras día.
España se deshacía
lentamente, sin que ninguna de las partes implicadas tomara conciencia de ello,
la gangrena iba corroyendo el ya mutilado cuerpo del Estado, la división, la
lucha de clases, el anarquismo se iba apoderando de toda la sociedad española hasta
la guerra civil.
”La sugestión moral y la imposición material van íntimamente fundidas en
todo acto de imperar. Ahora bien: mandar no es simplemente convencer ni
simplemente obligar, sino una exquisita mixtura de ambas cosas” (La España
Invertebrada) J.Ortega y Gasset.
Algo similar dijo ese
malhumorado y genial pensador que fue Unamuno cuando dijo aquello de: “Venceréis pero no convenceréis”.
Y así ha sido durante
bastantes años, la intención de salir del desastre de la guerra, de superar los
errores del pasado, de caminar hacia un objetivo de progreso olvidando viejas
rencillas y restañar viejas heridas, fue el objetivo que nos mantuvo unidos
durante los últimos años; pero pronto los fantasmas del pasado volvían a
aparecer en escena, unas veces por intereses extranjeros, otros por simple
codicia y los más por la necedad de unos políticos que fueron incapaces de
superar errores y a la vez débiles para atajarlos.
Ahora el español medio
se vuelve contra la clase política haciéndola responsable de todos los males
sin caer en la obviedad de que esa clase está ahí por su culpa. Pero no es solo
la clase política la culpable de los males que nos aquejan, al igual o en más o
menos grado se puede señalar a otros estamentos de la sociedad española:
Jueces, empresarios, clérigos, artistas, pensadores y un largo etcétera.
El egoísmo unido a un
materialismo sin precedentes en aquella España llena de oro, especies y plata
del Imperio Español, ha ido minando, corroyendo toda la sociedad hasta hacerla
un cuerpo débil y enfermizo:
“El Español no piensa en el futuro como prioridad sino que se queda
ensimismado en ese glorioso pasado que nunca volverá, esa curiosa inversión de
las potencias imaginativas que hacen ver ilusiones pasadas en vez de hacérselas
sobre el porvenir, que sería más fecundo”
(Ortega y Gasset).
Para cerrar este
artículo, no quiero dejar en el tintero la irrupción entre una parte de la
sociedad española, de unos “viejos o nuevos patriotas” que piden la
intervención del ejército amparándose en el artículo 8 de la Constitución.
No sé si esto es
provocado por la rabia del momento o por la insensatez de esa gente que en su
momento desmanteló el ejercito con la aquiescencia de aquellos partidos a los
que votaban mayoritariamente. ¿Cómo se puede pedir la intervención del ejército
contra una parte misma del territorio patrio, por aquellos que mantienen la
idea el pacifismo o de la supresión de todo tipo de guerras?
Como son tan estúpidos
como para pensar que el ejército solo sirve para cuando dentro del fervor patriotero
pretendan que sirva solo a sus propósitos. El Ejército es algo más y de mayor
enjundia. Primero hay que pedir a los políticos sensatez y verdadero sentido
del Orden Constitucional: “Es un saber
querer y un saber mandar” que diría Ortega, y hoy día y desde hace muchos
años como he dejado escrito anteriormente, este país nuestro ha dejado de tener
hombres de Estado desde hace muchos años.
Por otro lado está la
Justicia y la interpretación que los Magistrados hacen de ella. Vemos con
demasiada asiduidad como por los vericuetos de la Ley salen libres de toda pena
desde falaces empresarios, políticos corruptos, jueces prevaricadores y una
larga cadena de malhechores que campean o han campeado a sus anchas por el
solar patrio.
El día que el Español
tome conciencia de dónde está el error, y cuál es su verdadero enemigo que no
contrario, habremos dado un paso adelante, si volvemos a pensar en colectivo,
dentro de nuestras diferencias y de nuestros egoísmos, superando estos por el
bien común, podremos parar esta descomposición que sin duda alguna lleva a la
destrucción del Estado.
Filoxides el
Crítico
