miércoles, 26 de octubre de 2016

Ami N´Boto un gran hombre



Ami N´boto vive afincado en mi pueblo más de diez años, vive del pastoreo y de sus habilidades con el cuero, hace verdaderas obras de arte con este material. No se le conoce mujer ni hijos, habita en una casita baja donde cocina, duerme y trabaja su arte, se la alquila una viejita que ahora por la edad necesitada de cuidados vive con uno de sus nietos en un pueblo de al lado solo a escasos cinco kilómetros de este.
Ami tiene otra virtud, una virtud que según él es la que se enseña de generación a generación por los viejos de su aldea allá por el rio Shanga en la República Centroafricana, esta virtud se centra principalmente en la honestidad y el respeto a todo aquello que tiene vida y que si no es únicamente para alimentarse no debe cogerse y menos matarlo.
En los seis años que llevo viviendo en este pueblo nunca le he visto acompañado por persona alguna, siempre solo aunque no rechaza saludo alguno y siempre tiene una sonrisa en la cara para los demás. En sus callosas manos se ve la dureza de su vida y en los pliegues de sus sienes la del sufrimiento.
Salí de mi país cuando me obligaron a coger un fusil, me negué y me encarcelaron, pude escapar y junto a otros de mi pueblo (Ami es de etnia bantú) conseguí llegar hasta Guinea, allí me embarqué en un pesquero y estuve en la mar casi dos años, en un amarre obligado en la Isla de Gran Canaria salté por la borda y llegué nadando a la costa, después hasta que terminé en este pueblo es una historia complicada que  no puedo contártela sin comprometer a algunas personas.
Nunca he conocido la paz, allá en mi tierra no queda nadie de mi familia, solo muertos y estos deben quedarse allí pues de allí son sus almas, yo espero volver algún día aunque sé que eso es casi imposible pero tengo esa esperanza. Allí se matan cristianos y musulmanes sin motivo alguno, a mí y a otros de mi pueblo nos reclutaron los libios para que lucháramos contra el gobierno, un gobierno del que no habíamos oído hablar nunca. Un primo mío le preguntó al oficial que si nadie del gobierno se había acercado nunca por la aldea ¿Por qué hemos de luchar contra él? Solo consiguió como respuesta un machetazo que le amputo varios dedos al intentar cubrirse la cara.
No hemos odiado nunca a nadie, ni blancos ni negros, hemos vivido en paz durante muchos años, los franceses llegaron hace muchos muchísimos años con sus costumbres y sus misioneros, nos obligaron a aprender el idioma y eso no es malo pues saber siempre ayuda aunque hubiéramos preferido que nos hubieran traído arados y otros útiles más necesarios para nuestro pueblo.
¿Ami, Tú en qué crees?
Es muy difícil explicárselo a un hombre blanco, católico o protestante, muy difícil, repite.
¿Inténtalo con un agnóstico?
“El Dios Cósmico inyecto por medio de su Ángel bueno su gracia divina en la materia. Cada Raza recibió un don distinto, diferenciador, por ello no son iguales y cada una de ellas es depositaria de este don que pierde en el mestizaje”. Respetamos todo animal planta y utensilio que beneficia a nuestro pueblo. Nunca verás a un bantú tirar a la basura un simple juguete estropeado o roto, si se puede arreglar se hace y si no se le da otro servicio. Cuando veo esos contenedores llenos de desperdicios pienso en lo que  podría hacer mi pueblo con ello. Así que resulta imposible tratar de explicar nada a un occidental y ahora mismo hasta a aún negro europeo o norteamericano, han perdido el sentido de la Raza, imitan al blanco pero en lo peor de este, no tratan de superarlo y si lo hacen por sus estudios o sus trabajos se intentan asemejar a él en sus modos y sus actos.
Nosotros los bantúes de mi zona hablamos suajili y hemos vivido del pastoreo y de la agricultura, hasta la guerra nunca hemos tenido necesidades y vivíamos en paz con los pueblos de alrededor, mi hermana se caso con un jefe zulú y según nuestra tradición se marcho a vivir a su aldea, no he  vuelto a saber de ella pero siento en el corazón que está viva y es feliz.
¿Ami, eres feliz?
Tengo donde dormir, como dos veces al día, estoy con mis ovejas y tengo un techo donde refugiarme del sol y de la lluvia. ¡Si, soy feliz!
¿Te tomas otro café conmigo?
No, gracias uno es suficiente
Adiós Ami, adiós amigo.
Filoxides el Crítico

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