Llegamos al Salón que previamente ha alquilado Honorio, es una aula
que el Ayuntamiento destina para eventos oficiales o como en este caso para
conferencias, reuniones festivas y otros usos. Honorio se siente como pez en el
agua en estos sitios, se le ve acostumbrado, domina la situación, habla
familiarmente con todos y con un especial acierto pone en movimiento el
tranquilo quehacer del personal del edificio.
Poco a poco van llegando los invitados, la mayoría son ciudadanos
portugueses de cierta edad, algún que otro foráneo como yo y amigos de Honorio
de Olivenza y Badajoz principalmente. Me siento al lado de Enrique, que en este
momento está leyendo prensa portuguesa, es un artículo que Mario Soares
escribió hace veinte años, Enrique como Honorio tuvieron que sufrir la
contienda en Angola allá por los años setenta, este último nunca quiso hablar
de ello pero se le notaba como el color de su cara cambiaba y sus ojos se
entristecían cuando se abordaba el tema.
Honorio se acerca al atril desde dónde nos va a dirigir la palabra
este descansa sobre una plataforma que eleva al conferenciante del resto de los
asistentes, detrás una pantalla y sobre este un micrófono y un montón de
papeles. La acogida a Honorio es muy cálida, las personas allí asistentes le
recuerdan de sus años de profesor y de otras conferencias dadas en Evora y aquí
en Olivenza, punto de encuentro de dos grandes pueblos según sus palabras.
Oigámosle:
-Buenos días estimados amigos. Es un placer como siempre el poder
estar estos días con vosotros y abusar de vuestra paciencia con mis “aburridos”
temas (risas). Llevo como bien sabéis, toda una vida tratando de dar sentido a
tanto academicismo que me temo pueda yo caer en el mismo error. Dije hace
varios años, muchos ya para mí memoria, que el concepto de –Filosofía- había
quedado obsoleto, o mejor dicho, había caducado, son tantas las Escuelas,
Pensamientos, Ideas que en estos momentos cubren cada cuadro del tablero de
ajedrez de la Ética y la Moral, aquí muy cerca de dónde pensadores como Uriel
de Castro, León Hebreo, Isaac Orobio de Castro o el no sefardí Dámaso de Gois
daban sus enseñanzas desde la Universidad de Coimbra a Salamanca o Sevilla, han
pasado muchos siglos, hoy día todo se clasifica para ser entendible, nada se
sale del cuadrado ajedrecístico, allí se organizan las ideas según su
interpretable sentido, el mundo de la Estadística a suplantado al del Filosofo-.
Durante algo más de hora y media Honorio pormenorizo sobre este tema
resaltando aquello de: “El filosofo ha
terminado de completar el tablero de ajedrez, ya no quedan casillas libres, las
piezas han completado todas las combinaciones y movimientos posibles, las
estrategias se han agotado. La partida ha quedado en tablas”.
No he quedado muy satisfecho de la conferencia. Mientras Enrique,
compañero de cátedra aplaude efusivamente a Honorio que rodeado de estudiantes
y antiguos compañeros sonríe feliz, Fabio se une al grupo mientras no veo por
ningún lado a Julio, supongo que andará por aquí en cualquier lugar.
Los profesores y catedráticos, pensadores ellos, a veces me confunden,
siento como si no pertenecieran a este mundo en el que yo vivo, sus ideas son
siempre abstractas, ajenas al día a día, a la realidad cotidiana, a todo
aquello que rodea a la humanidad y se escudan o se protegen en un mundo utópico
dónde las ideas fluyen, aparecen y se desvanecen a su antojo.
Almorzamos en un alegre lugar a las afueras de Olivenza el Churrasco
de San Pedro, me siento cerca de un grupo de estudiantes y pronto mi mesa se
llena, el primero es Julio después otras cuatro personas que se presentan como
amigos de Honorio y de Elisa. La comida es agradable, las personas presentes
hablan del tiempo, de la caza muy propio de estas tierras y de un sinfín de
cosas, en un momento de distracción Julio se acerca a mi oído y me suelta de
sopetón: ¡Me escape al bar de la esquina, las conferencias no son lo mío! Me
echo a reír sin más sorprendiendo a los presentes, pido perdón y sigo comiendo
como si nada.
La tarde la paso recorriendo la ciudad en compañía de Julio, mientras
Honorio, Enrique y un tal Joao Peres de Lima compañero de Universidad de ambos
preparan la charla de mañana. Elisa nos ha recomendado varios sitios para
visitar y nos recuerda que la cena será a las nueve.
Paseamos bajo sus murallas, Julio me va explicando el origen de la
ciudad, de su historia templaría, del Rey Dinis de Portugal, que la ciudad fue portuguesa
hasta 1801 a consecuencia de la Guerra de las Naranjas. Visitamos el Museo
Etnográfico y el famoso retablo del Evangelio de Santa María pasamos por la
portada manuelina del Ayuntamiento dónde recojo unas hojas informativas, por las fortificaciones y baluartes y por fin
paramos en una cafetería dónde nos tomamos la famosa Técula Mécula mientras
vemos salir a los hicos y chicas de la Escuela de Teatro y Danza de
Extremadura.
Los huevos, la manteca o la almendra o
más bien todo en general me ha caído como un rayo, no debí comer ese postre
después del almuerzo que habíamos tenido en el churrasco de San Pedro, paseamos
un rato más y nos dirigimos hacia la casa de Honorio, hay un buen trecho por lo
que me vendrá bien.
Llegamos sobre las ocho y media de la
tarde, todos están sentados en el maravilloso porche que tiene la casa, una
botella de ron y algunos refrescos sobre la mesa nos indica que no se lo han
pasado mal sin nuestra presencia. El tal Joao se ha unido a la reunión y tiene
una acalorada discusión con Enrique mientras que Honorio asiste en silencio esta.
Me sirvo un ron con cola y me siento
un poco alejado de los dos protagonistas de la charla, Julio con esa habilidad
suya para desaparecer ya no está, se sirvió un ron a secas y desapareció, al
parecer Honorio tiene una copia buenísima de Kandisnky, El Puerto de Odessa y seguro que cerca de él
estará el buen Julio, bastante escéptico en cuanto a todo lo abstracto menos en
la pintura.
Al parecer la discusión se basa en la política
de Portugal en referencia a las colonias de ultramar, su perdida y los daños
materiales y humanos que causo esta. Mientras Joao defiende la postura de
Salazar enviando tropas a Angola y Mozambique, Enrique defiende la postura
radical que esa fue la causa de la caída de la Dictadura y el comienzo de la
Revolución de los Claveles.
Honorio hombre más bien de izquierdas
apoya aunque sin mucho entusiasmo a Enrique pero sin comprometerse, sabe muy
bien que los problemas de los demás han de resolverlos ellos y que nosotros no
somos un ejemplo en cuanto al final de nuestro colonialismo (Honorio se siente
español desde hace ya tiempo).
Cenamos a la hora fijada por Elisa,
que con un arte y una diplomacia propia de una mujer de clase disuelve la
discusión sin ganadores ni vencidos. He de reconocer que ya no estoy para tanto
trasiego, el viaje de ayer con un montón de kilómetros encima, el largo paseo
de hoy me han dejado rendido así que aproveche un momento para despedirme de
todos e irme a dormir. Llame a Ana, le comenté lo ocurrido durante el día a
grandes trazos y me quedé dormido.
Amanece un nuevo día y
ya oigo los andares de las personas de la casa por los pasillos, Elisa toca en
mi puerta y me indica que el desayuno está listo, me aseo, una ducha me viene
de maravilla y bajo al comedor, Julio come como Heliogábalo mientras lee la
prensa, Joao en la terraza habla por teléfono y los demás aún no han llegado.
Una vez todos, comentamos las incidencias del día de ayer, del tiempo, en fin
de cosas triviales hasta que el chofer que nos ha de llevar a Olivenza nos
avisa con el claxon de que ya está aquí.
Nuevamente Honorio, tal
como lo hizo el día anterior saluda a los asistentes y comienza su soliloquio,
esta vez versa sobre el Humanismo Cristiano y desarrolla un cuadro comparativo
desde el monismo y el dualismo materialista hasta la nuevas corrientes
filosóficas de Occidente haciendo hincapié en el marxismo como cuestión final.
Honorio está más cerca
de Bakunin y de Sorel que de Marx pero en los últimos años y viendo el
acontecer en el que desarrolla la humanidad se aproxima más a sus compatriotas
José Barata Moura, Bento de Jesus Caraça y Magalhaes-Vilhena, maestro este
ultimo de Alvaro Cunhal.
El auditorio esta vez
no queda tan complacido como ayer, la desviación de contenido de lo abstracto
del mundo de las ideas a lo material del universo político no encaja en esta concurrencia,
varias personas se levantan y el rostro de Honorio de desencaja un poco pero
pronto se recupera y sigue su perorata para algunos y lección para otros, que
he de reconocer los menos.
Una vez acabado el
coloquio, dónde Honorio salió poco airoso de las preguntas de los más díscolos, dio
gracias a todos y poco a poco abandonamos el local. Una vez en la calle y
rodeado de nosotros Honorio reflexiono de la siguiente manera: Creo que no he
convencido a nadie y nos dirigimos al coche.
El corto viaje fue
bastante tenso solo Julio con esa chispa de humor que solo tienen los artistas
y que los pensadores adolecen de ello fijó nuestra atención en un asno que
andaba de flirteo con una mula. Con esta anécdota que despertó una sonrisa en
casi todos los viajeros llegamos a la casa dónde nos esperaba Elisa en la
puerta con su encantadora sonrisa pero con una sombra en su mirada como si previera
lo que había ocurrido.
Comimos prácticamente en
silencio solo roto por el ingenio de Julio y después de tomar café todos se
retiraron menos Honorio y yo.
-Siento haberte echo
venir desde Madrid para esto, te debe resultar frustrante.
-No mi buen amigo, solo
que hemos de comprender que las cosas por simple que parezcan nos superan y
probablemente el tiempo, ese juez implacable nos haya superado.
-¿Parece que el
pensador seas tú y no yo?
-No, ni mucho menos,
pero como dicen en mi tierra el toro se ve mejor desde la barrera y eso es lo que
he hecho yo.
-Creo que la vida
transcurre paralela a mis convicciones, he de rectificar, o no ¿Qué crees tú?
-Ya es tarde para
volverse atrás sobre lo que uno cree o considera que es verdadero o al menos su
verdad. Considero que nuestro punto de vista aunque diferentes el uno del otro
ha quedado desfasado, nuestro idioma no es entendible, ha sido superado, o
mejor dicho sobrepasado y no por ello hemos de rectificar sino ver el mundo
pasar con nosotros como lastre hacia un porvenir incierto pero porvenir al fin
y al cabo.
Joao que había aparecido
por allí se echo a reír mientras se acercaba.
-Tu amigo pretende que
sigas el camino de los dinosaurios, te anima a que pases a un rincón del museo,
que los que pasen y se detengan digan: Aquí esta Honorio el pensador
equivocado.
Honorio no contesto
pero miro a su compañero con cierto desdén.
Un poco enrabietado
pero con cierta ironía le contesté:
-No acostumbro a dar
consejos, pues no se aceptarlos, ni hacer cumplidos pues me molestan los
pueriles halagos, pero contesto cuando me preguntan y ya que observo cierta
desavenencia por su parte le voy razonar un poco mi respuesta a Honorio:
"Todo fluye, el mundo
cambia constantemente, la tecnología se ha desarrollado de tal forma que en su
camino ha socializado esta de una forma total, el individualismo supera toda
concepción romántica concebida por aquellas Escuelas dónde Ustedes bebieron el néctar
del conocimiento, las formas y los fondos han sido superados por el desarrollo humano
y con ello solo la religión sigue una lucha en solitario para no quedarse en el
limbo de las ideas. Lo que ayer era una utopía que en el futuro podría
solucionar los problemas del individuo o de la colectividad hoy no tienen
presencia más que adustos profesores casi jubilados o jubilados como Ustedes,
nuevas corrientes nacen y mueren a una velocidad imposible de controlar y hasta
me atrevería a decir de entender, su mundo ha muerto y si no ocurre una guerra
nuclear, un holocausto que borre a más de la mitad de la humanidad de la faz de
la tierra, y con ello puedan volver a aparecer viejos fantasmas, no será
resucitado".
Elisa aparece como por
encanto y nos regaña señalándonos la mesa. Es hora de cenar nos dice
abrazándose a Honorio bastante taciturno.
Nada más cenar y
mientras Enrique y Julio juegan una partida al ajedrez me excuso con un cierto
dolor de cabeza y me retiro a dormir. Mañana regreso a Madrid y he de
levantarme pronto.
Filoxides de Ursalia