“Si su Señoría no es capaz de ruborizarse, permítame que yo me
ruborice por su Señoría”
(Manuel Azaña)
Son muchas las cosas que socavan el razonamiento normal de una
sociedad y más concretamente la sociedad española. Han pasado muchos años desde
que los españoles “nos dimos un régimen democrático” perífrasis muy utilizada
en estos tiempos por los medios de “comunicación”, más bien diría yo por los
conductos de adoctrinamiento.
Razonar, es decir ordenar en su justa medida las controvertidas
medidas que el gobierno de turno adopta, llega a convertirse en un paradigma,
algo que ante la imposibilidad de entender o descifrar se toma por cierto.
España es un raro país dónde se habla, se piensa y al parecer se
siente de izquierdas pero gana la derecha ¿Y nadie se pregunta por qué? Quizás
sea, por buscarle un sencilla explicación, a los casi cuarenta años de
dictadura, que amodorró ánimos y costumbres.
Puede que esto sea en parte cierto pero no del todo, España al igual
que la mayoría de los países católicos han considerado el trabajo como un
castigo de Dios, curiosamente de un Dios que a su pueblo le permite la usura
siempre que sea hacía los goem. Esto no ocurre en los países de religión
protestante, como también la corrupción está más extendida entre los primeros
que en sentido ético reformista.
Años de subvenciones, de prejubilaciones, de paro obrero casi
ilimitado, de ERES, etc, etc, han superado las ayudas que la dictadura otorgaba
a las familias numerosas, los parados o los enfermos de larga duración. El clientelismo
político se ha institucionalizado al igual que antaño la Iglesia instituyo la
caridad para mantener cierto control sobre el pueblo humilde.
En esto los actuales dirigentes han superado al franquismo, han
conseguido una base de “marginados” aptos para poder mantener mediante el
sufragio los privilegios que ellos mismos se han adjudicado, en esto no hay
casi deferencia entre izquierdas y derechas. Ahora bien, la tradición pesa
mucho en estos casos, es decir la derecha en su mayoría ha creado las bases de
una economía al estilo liberal que con sus fallos y lacras supera claramente a
las políticas colectivistas o dirigidas de los gobiernos socialistas.
Es muy fácil por los medios de comunicación y sobre todo por los
nuevos “analistas” de tertulias y debates erigirse en presuntos representantes
de la gente. Algunos puede que se piensen tribunos de la plebe, los nuevos
Clodios, sin importarles un bledo el alcance de sus manifestaciones.
Probablemente esta sea una de las razones por las que el español oculta su
verdadera intención de voto y falsea encuestas y vaticinios.
Cualquier sociedad estructurada bajo un régimen dictatorial, tanto e
izquierda como de derechas impediría, mediante leyes al respecto, que un
trabajador con cincuenta años pueda ser jubilado o prejubilado. Una persona
físicamente en condiciones de trabajar debe estar activo al menos hasta los
sesenta y cinco años y si su trabajo ha sido intelectual puede muy bien
aguantar en su cátedra hasta los setenta con pleno rendimiento laboral,
evidentemente siempre que la salud le acompañe, para eso debe haber los tribunales
médicos competentes totalmente ajenos al poder, solo bajo dirección
estrictamente profesional.
El fraude está tan extendido que ya no conmueve a nadie. Unos y otros
se echan en cara corruptelas de todo tipo sin ponerle freno de una vez por
todas. El cansancio y la apatía se ha apoderado de una buena parte del sector
laboral, los múltiples impuestos, la falta de ayudas, el deterioro de
instituciones básicas a causa de la mala gestión de los gobernantes (léase
seguridad social) han conseguido que esa parte decente de trabajadores, técnicos,
pequeños empresarios hayan perdido la motivación necesaria para afrontar con
ilusión nuevos cometidos o nuevas empresas. El Estado vampiriza de tal modo el
resultado de la labor que desmoraliza cualquier tentativa empresarial del tipo
que sea.
La enorme masa burocrática se une a las manos muertas, estas personas
no crean riqueza ni producen nada, solo administran, gestionan y ayudan a las administraciones
sin que su actividad enriquezca a la Nación. El colapso acabó con la URSS, la
burocracia impedía o ralentizaba de tal manera la distribución de alimentos,
medicinas, materias primas que terminaron ahogando a la mayor potencia del
mundo.
España está a un paso de esto, los medios repiten en su cansina y
monótona salmodia el enorme gasto que suponen las jubilaciones, sin hacer
mención al dinero retenido durante más de treinta o cuarenta años cotizando de
esos trabajadores, en cambio son generosos cuándo se refieren a ONG´s, u otros
colectivos similares.
El trabajador se ha pagado con creces su jubilación, probablemente quitándose
de pequeños lujos que hubiera podido tener para que cuándo llegase la hora del
retiro tuviera tanto él como su pareja la tranquilidad suficiente en lo
económico.
El trabajador, el empresario, el técnico sabe lo que cuesta ganar
dinero, mientras que el Estado lo derrocha en muchos casos. La enorme carga de
gasto de autonomías, ayuntamientos, ministerios, etc, etc. Cae sobre los
hombros del productor que en cambio suele ser motivo de todo tipo de dudas,
controles, revisiones y hasta sanciones de Hacienda, mientras al político de
turno por hacer mal su gestión o por llevar a la ruina al ayuntamiento de su
pueblo se va de rositas a su casa una vez terminado el tiempo de gobierno.
No es de extrañar que ante el caos que origina el Estado las masas
trabajadoras se rebelen y digan ¡Basta! Para que montar un taller, una tienda,
un bar si te van a estrangular desde el primer momento, para que hacer
dignamente y sobresalir en tu trabajo diario si tienes los mismos derechos que
el vago que está de baja más que trabaja o el que piensa que esforzarse no
tiene mérito. Se ha creado una sociedad de vagos y parásitos amparados en
normativas y leyes que unos cretinos ignorantes que no han trabajado en su vida
han puesto a su servicio.
Hay que corregir esto ya si se quiere que el país no termine hundiéndose,
sobran manos muertas, pero las reales no las encallecidas y cansadas por tantos
años trabajados y sobre todo sobra burocracia. Te sorprende ver cuándo entra en
un banco a dos personas como mucho trabajando , en cambio entras en un
organismo público y ves una enorme cantidad de funcionarios sentados en sus
mesas o en la cafetería de al lado.
En esto el socialismo se lleva la palma, podríamos decir que es la
burocracia institucionalizada. Por ello las regiones autonómicas que llevan
muchos años bajo su gestión están muy por detrás del resto. Aquí es donde más
se nota el “clientelismo” político. Aquí se ayuda al subproletariado de una
manera caciquil más al uso de la Edad Media que del siglo de la fibra óptica,
pero es la forma de perpetuarse en el poder, repartir dinero, dinero que no
producen sino que lo desvían para beneficiarse de una manera indirecta, pues
saben que el voto tan necesario para mantenerse en el poder con todo lo que
conlleva de corrupción y dejación está comprado.
La revolución está por llegar, no la traerán estos nuevos aprendices
del Mayo del 68 con teléfono móvil y comida y cama asegurada en la casita de
papa (o mama, para que no se me ofenda nadie) ¡No! Ahora no hay maoísmo donde
adherirse, nuevos filósofos a los que venerar, a los mitos como el Che o Castro
se les cayó la careta hace muchos años, tampoco está la URSS para mantener el
equilibrio con los USA, ahora la revolución vendrá por otro lado y
probablemente más sangrienta que el famoso mayo parisino, pues el hartazgo es
mayor y no serán las famélicas legiones proletarias las que encabecen la
revolución, lo serán técnicos, profesionales,, médicos, científicos…… y estos
si pueden colapsar la vida de un país y de un continente si es preciso.
Filoxides
El Crítico
