En las largas noches de invierno uno trata de sobreponerse al rigor del frío por diferentes maneras. La
mejor, por supuesto, es estar próximo a una buena estufa, calefacción o
chimenea, la comodidad ante todo. La penas, los sufrimientos han sido superados
gracias al desarrollo económico de la sociedad en que vivimos y que nos hace
sentirnos como aquellos nobles de la Antigüedad.
¿Todos? Todos no, desgraciadamente, solo una parte de la sociedad goza
de comodidades mientras la otra se muere de frío o de calor según las
circunstancias y la fortuna.
Es en estas fechas cuando recuerdo mi infancia, sobre todo aquellas
noches frías con la única protección de una estufa de gas o un infernillo
eléctrico, el cual solo te calentaba si prácticamente estabas sentado encima
del.
Solía escuchar música en un viejo gramófono mientras mi madre nos
hacía la cena a mi hermana y a mí, papa solía llegar tarde de trabajar y casi
siempre nos pillaba en la cama. Aquellos discos enormes de 33 revoluciones nos
entretenían mientras llegaba la cena, teníamos una buena colección que había
ido agrandando mi padre poco a poco pues no íbamos muy holgados económicamente,
discos con los más variados temas desde Jazz a música clásica y sobre todo
tangos, a mis padres les encantaban los tangos, así que más de la mitad de la
colección eran discos de grandes orquestas de tangos, Francisco Canaro, Alfredo
de Angelis, Fulvio Salamanca, el acordeonista Alfredo Ataddia y solistas como
Gardel, Julio Maria Sosa, Alberto
Castillo, Libertad Lamarque y otros más.
Nunca llegué a saber el porqué de esta afición de mis padres hacia el
tango argentino, solían bailarlo y lo hacían bastante bien según la opinión de
amigos y familiares. Entre los otros estilos musicales destacaban las grandes
orquestas americanas y cubanas quizás en aquellos años, los cincuenta, fueran
las orquestas cubanas las mejores de siempre, la orquesta de Neno González,
Orquesta América, Riverside y otras que no recuerdo, entre las americanas Benni
Goodman, Gleen Miller, Arthie Shaw….. y luego un buen número de obras clásicas,
Beethoven, Mozart, Debussy, Vivaldi, Falla, Granados, Albéniz, ya os digo que
teníamos una muy buena y variada colección. Luego por una coincidencia bastante
larga de contar me interesé por la opera, fue escuchando a Wagner en Rienzi con
una orquesta bávara creo que dirigida por Solti o Karajan no recuerdo cual,
aquella obra me encantó, leía el libreto mientas la escuchaba y me impresiono
el personaje de Nicola Rienzi, un tribuno romano enemigo de la nobleza y que
intentó unificar Italia.

Asi que entre disco y disco, libreto y libreto llegaba la cena, esto
apaciguaba el frío, cenábamos mi hermana y yo mientras mi madre se tomaba un
café esperando para cenar después con mi padre, el café para mi madre era un
ritual solía tomar cuatro o cinco al día que yo contará probablemente podía
tomar más, era su droga, así lo llamaba ella.
Noches largas por el frío y porque me lo parecían a mí. Siempre me ha
encantado la noche, el silencio de esta me cautiva o al menos cuando era niño,
ahora el silencio es diferente, los ruidos por distintas causas no cesan en las
noches actuales además la gente se acuesta más tarde y se levanta antes, cosas
de los horarios laborales o del cambio de costumbres.
Ahora me engancho a otros temas musicales como las músicas de otros
países, desde las Antillas, el Caribe hasta Japón, en ella se descubre parte de
la historia de estos países pero también su cultura, sus pesares y sus
alegrías. Es por esto que hay músicas que son tristes, enormemente tristes como
los pueblos que las tocan o las cantan, pongo como ejemplo la rusa. Son canciones
tristes, de un pueblo melancólico que sin llegar a conocerlo sabes que las
noches han de ser muy frías y que sus gentes deben ser muy atribuladas. Cuentan
que el varón ruso tiene la media de vida más corta de todos los pueblos
blancos, no superan los setenta años de media, el vodka puede tener parte de
culpa de esto, pero no es esa la causa principal.
Para mí, la razón se detecta en su música. Es una música coral,
triste, penosa como si fuera cantada por una masa de esclavos sin posibilidad
de redención, la canción de un pueblo triste, compositores románticos como
Rimski-Korsakov, Borodin, Puskhin, Glazunov…..
y otros como Glinka o Tchaikovski representantes de la música nacionalista
rusa.
Algo parecido aunque de distinta tonalidad y formas es nuestro flamenco, en su parte gitana o en
la típicamente andaluza. El flamenco gitano no tiene nada que ver con otras
músicas o cantos de pueblos étnicamente iguales de otras partes de Europa,
ahora pretenden crear una especie de movimiento unificador “Gipsy” que suma a
calós, bohemios, zíngaros, manuches o kalderash y otras tribus de Oriente o de América.
El flamenco gitano, su cante es triste, desgarrador, imagen de un
pueblo marginado, excluido o excluyente en algunos casos; no llego a entender
su música, me resulta extraña, lejana no tiene para mi ninguna connotación con
otras músicas más familiares.
En fin el frío te hace pensar y hasta desvariar mucho, sobre todo
durante estas noches que los agoreros predicen que les queda poco a causa del
calentamiento global. No sé si esto me alcanzará a mí, el proceso es lento
aunque cualquier actividad natural apoya las teorías de estos profetas del
apocalipsis.
Hoy me he preparado unos cuantos CDs con temas de Prokofiev, (Alexandr
Nevski) y Antón Arensky (Concierto para trios). Así la noche me recordará mi
infancia, solo que entonces me aguardaba un largo futuro y ahora este está
llegando a su fín.
Filoxides
de Ursalia