Spengler ha desaparecido de la escena intelectual que nace
después de la II Guerra Mundial al unir su destino al de los derrotados. ¿Y
ello por qué? Pues porque Spengler cometió el único “delito intelectual” que
como ocurre con el “pecado contra el espíritu santo” en la religión católica,
no se perdona. El racismo.
Podía perdonársele a Spengler el ataque al liberalismo, al
racionalismo, al marxismo, al progresismo, pero no su clara advertencia de que
la existencia misma de la raza blanca está en entredicho, en un peligro que
debe ser el primero en conjurarse.
La obra que reportó a
Spengler su merecido prestigio entre los círculos de la revolución conservadora
y del movimiento “volkisch” fue <La Decadencia de Occidente>. En ella,
Spengler siguiendo la línea de esos mismos pensadores, se proclamaba –siendo de
hecho- heredero de Nietzsche, aplicando genialmente su pensamiento radical a la
morfología de la Historia que él mismo inauguró.
Filoxides El Crítico
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