Los
acontecimientos se precipitan.
Me
encuentro débil, no duermo bien y creo que anoche he tenido algo de fiebre, mi
perro no se aparta de mí y mi mujer ha llamado al médico, esta (es una doctora) llegó a casa al acabar
la consulta en el ambulatorio del pueblo, me miró la garganta, midió mi tensión
arterial, los oídos, en fin me estuvo “trasteando” un buen rato y su
diagnostico fue que podía tener algo de estrés, al parecer este debe ser el mal
de moda pues lo padecemos todos o al menos eso dicen los doctores.
Yo
no creo que sea estrés pero si impaciencia, me siento atado de pies y manos
desde hace ya varios días, no sé nada de nadie, estoy totalmente aislado
repasando una y mil veces toda la documentación que tengo en casa más toda la
que he podido recopilar por Internet. De Ati no tengo noticias y pienso que ya
está muerto o al menos eso fue lo que el tal Vilas dejo entrever.
Estoy
envuelto en estos pensamientos cuando Ana
me trae una carta dirigida a mi. ¡¡Es de Wolf, tengo noticias de Wolf!!.
Rompo el sobre y me lanzo a leer como un poseso:
Estimado
Herr Filoxides.
“A
la muerte de nuestro común amigo Herr Hesse he estado con Berta cerrando la
casa y empaquetando todos los enseres que este tenía en Montagnola donde
residió los últimos años de su vida. El testamento que el Sr. Hesse ha dejado
ha sido muy generoso hacía mi persona y aparte de una importante cantidad de
marcos, he recibido la propiedad de una casita en el Sur de Francia cerca de Toulouse
en L´Aveiron, el pueblo se llama Aubin y viene a tener unos cuatro mil
habitantes, la casa es muy modesta pero para mí es suficiente pues sobra espacio. Me encantaría que Usted
viniera a visitarme y así le podría contar muchas anécdotas del Sr. Hesse.
Además está muy cerca del lugar donde al parecer Usted tenía puesto su
interés”.
PD. Es posible que le pueda ayudar en su búsqueda.
¡¡Que
sorpresa, recibir noticias de Wolf la última persona que acompañó al Maestro en
vida y viviendo en el territorio que Hesse me aconsejó para conseguir aquello
que ando buscando!!
Aquí
no termina el rosario de sorpresas pues a media tarde recibo un mensaje en el
contestador de un tal Talak que en un pésimo español me invita a conocernos y
para ello me propone vernos al día siguiente en una café del centro de la
capital. Así sin más, no puedo responder a su llamada pues pertenece a un
número oculto.
En
un instante o mejor dicho en medio día las cosas han tomado un nuevo giro, por
un lado Wolf viviendo cerca de donde Hesse me aconsejo ir, por otro la tan
ansiada llamada del grupo de exilados que me citan para el día siguiente. Me
pongo a repasar y recoger los distintos signos y símbolos que fotocopió
Cornelio más mis apuntes para ir preparado a la reunión.
El destino no reina sin
la complicidad secreta del instinto y de la voluntad. Giovanni Papini
Esta
noche duermo perfectamente aunque deseoso de que llegue la mañana y poder
conocer al tal Talak y su misterioso aporte.
Llego
al lugar de la cita con más de una hora de adelanto, me siento en una mesa al
lado de un enorme ventanal y pido un café, el sitio no tiene nada de particular
es una de las muchas cafeterías que hay en el centro de la ciudad y a estas
horas de la mañana solo unos cuantos clientes de mediana edad me rodean, en la
barra dos jóvenes con sus portafolios al lado charlan calurosamente, por su aspecto
deben ser ejecutivos de alguna de las muchas multinacionales que tienen sus oficinas
por los alrededores.
Dos
personas se aproximan al café, las veo por el ventanal que hay al lado de mi
mesa, no creo que una de ellas sea la que espero pues visten elegantemente,
encorbatados y son demasiado rubios para lo que yo pienso que deben ser por
aquellos parajes. Se paran delante de la cafetería y miran el rótulo como para
cerciorarse de que es el que buscan, uno de ellos saca un teléfono móvil del
bolsillo y habla por él mientras el otro mira tranquilamente alrededor como si
fuera un turista, el primero deja nuevamente el móvil en el bolsillo y juntos
los dos entran en el local, uno va directamente al lavabo y el otro se sienta
en un taburete junto al mostrador, regresa el primero y observan al público que
estamos en el interior, al instante se fijan en mi y uno al otro le hace un
comentario al oído, este último se levanta y se dirige a mi mesa con paso
decidido, es bastante alto, rubio y con los ojos entre azules y grises, el
traje es de color marrón lo que le destaca aún más el color del pelo, el otro
se queda en la barra supongo que pidiéndole al camarero alguna consumición.
-
¿El Sr. Filoxides? Me pregunta el que se ha acercado a mi mesa.
-
¡Sí, en efecto! Contesto.
-
Buenos días, soy Talak, Rashid Talak, hable por teléfono con Usted.
-
Encantado, Sr Talak, tenía muchas ganas de verle.
-Bien.
Me contesta algo fríamente mientras hace un gesto a su acompañante para que se
acerque.
-
Este es Shehid Musafi, mi primo y colaborador. Me presenta al acompañante al
que le tiendo la mano y el me corresponde estrechando la mía.
-
Sr Filoxides, teníamos enormes dudas y aún las tenemos sobre cuál es su interés
en nuestro pueblo, un funcionario de cierta Embajada estuvo indagando al
parecer en nombre de Usted o al menos eso nos dijo el Sr Ch. cuando hablamos
con él.
-
Bueno, el citado funcionario no solo hablo solo una vez conmigo por teléfono
sino que no fue nada explicito, me hablo de la tensión en la zona, de los
problemas con los partidos políticos de la región y nada más, solo el Sr.
Ossama Ch. se intereso en que nos pudiéramos ver.
-
Así es y por eso estamos aquí. ¿Qué es lo que quiere de nosotros?
El
tono del tal Talak era seco, frio como si en cualquier momento se pudiera
levantar e irse o me echara las manos al cuello.
-
Sr. Talak, soy simplemente una persona en busca de conocimientos en un mundo
trastocado por la propaganda, la falsedad y los intereses de la prensa al que
un gran hombre puso cierto documento en su mano y este de una manera cierta o
no me ha llevado hasta Ustedes.
-
¿Y por qué nosotros?
-
Eso es lo que quiero aclarar y por ello nos encontramos unos enfrente del otro.
Le contesté en un tono más agrio intentando mantener cierto control de la situación.
-
Pues bien, aquí estamos en representación de nuestro sufrido pueblo.
Su
tono se había rebajado y su gesto era algo más conciliador, mientras tanto el
camarero les había traído dos tazas de té y un jarrito de leche; el acompañante
que gasta el momento no había dicho ni palabra comentó.
-
En estos momentos el futuro de nuestro pueblo se está decidiendo en la ONU y no
estamos muy esperanzados en sus resoluciones.
-
Lo siento, de verdad que lo siento. Estoy al cabo de las noticias y después de
lo de Sinjar que considero una salvajada
de los islamistas considero que Ustedes y los Armenios y otros pueblos antiquísimos
deben ser protegidos tanto fisicamente como por su cultura ancestral.
-
Gracias, pero no hemos venido a hablar de política… ¿O sí? Contesta de mal
humor Talak.
-
Exacto. Le digo y a continuación le explico el asunto del pergamino, mi deseo
de retar a Mefisto, etc. Saco de mi cartera las fotocopias de los símbolos y su
semejanza, el pavo real, la paloma cátara o bogomila, el grabado de Luci-Bel al
mando de un carro de guerra…..
-
Sorprendente, contesta Talak algo más relajado, sorprendente.
-Hay
es donde me encajan Ustedes los yazidíes, un pueblo que adora a Malek Taus, el
Ángel Pavo Real. El único pueblo que adora a un ángel Caído……
-
¡No es así! Me corta Talak
-
Nuestro Sr, no es un angel caído sino el Guardián de este Mundo, añade
visiblemente enfadado.
-
No era mi intención molestarle ni pretendo entrar en una batalla religiosa,
primero porque desconozco su religión como para opinar sobre ella y segundo porque
mi búsqueda no es encontrar ángeles buenos sino retar al, digamos Jefe de los
malos.
Talak
y su acompañante el tal Musafi beben sus respectivas tazas de té, relajándose así
la tensión de los últimos instantes.
- ¿Y qué es lo que en definitiva quiere de
nosotros los yazidíes?
-
Encontrar la puerta que me permita entrar en el círculo del servidor del
Demiurgo en la Tierra, del enemigo del Ángel Pavo Real, de su oponente o bien
de su “negativo”.
El Ángel Pavo Real
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