miércoles, 19 de octubre de 2016

H. de Montherlant (El Samurai)



H. de Montherlant
Indiscutiblemente, uno de los mejores escritores en lengua francesa del siglo XX. Montherlant resulta inclasificable. Novelista, ensayista y autor teatral, su prosa en una de las más limpias y ágiles de la literatura contemporánea. Su concepción de la creación literaria le hace olvidar al resto del mundo. La vida es, para él, algo inútil, el “servicio inútil” que carece de fin inmediato.
“Ignoro la utilidad de mi sacrificio, y en el fondo creo que me sacrifico por algo que no es nada…Tras haber creído que tenia ambición, y no la tenía, tras haber creído temer a la muerte y no la temo, tras el temor de sufrir y no haber sufrido jamás, temor de esperar y no esperaba nada, moriré creyendo que mi muerte sirve, pero persuadido de que no sirve y proclamando que todo es justo”. Escribió en “Le Songe”
Montherlant quiere vivir intensamente, reafirmar la vida ante todas las supersticiones, frente a todas las creencias, Digno seguidor de Goethe y de Nietzsche, este francés cree ante todo en la vida misma, en la alegría de vivir.
“Por todas partes hay cosas y seres que están esperando que se les tome. Para mí, todo lo que no es placer es dolor de la vida, el ritmo de la misma naturaleza”…. “ Es aquí donde se ve que la naturaleza y el hombre se han unido para hacer de este mundo un rincón de delicias, para uso de los inteligentes, no viendo los cretinos más que un valle de lágrimas”. (L´Equinoxe de Septembre).
Nació el 21 de Abril del 1896 en París, pronto comenzó a despertarse en él el gusto por las letras, a la edad de diez años comenzó a escribir, interesándose por España sus costumbres y por el Norte de África, viajó numerosas veces a Argel.  Le influyó en su obra la historia especialmente la del mudo romano hasta llegar a identificarse con él y a recurrir a paralelos históricos para intentar explicar muchos acontecimientos contemporáneos. Fue herido en la Gran guerra del 18 , ante había escrito su primera obra “L´Exile”. El argumento de la misma era el triunfo de una amistad  sobre el amor filial, o sea, “el espíritu de la guerra sobre el espíritu de la paz”, en palabras de D´Orcival. Después escribe su “La Releve du matín” editada por el mismo al ser rechazada por los editores parisinos.
Tras “Le Songe”, escribe “Les Olympiques” para muchos lectores la mejor de sus obras, la que eleva a Montherlant al Parnaso de los Dioses. Su exaltación del cuerpo humano, de la virilidad, del deporte,  de la fuerza, homenaje a” los adolescentes de piernas desnudas, tocando la ármonica” en la soberanía de su juventud triunfante.
El deporte será para él, después de la guerra, la forma de volver a hallar un verdadero sentido. “El mundo está lleno de fantasmas. Pero en los campos deportivos no hay ningún fantasma, ninguno”.
“Dos filosofías se disputan el mundo, en el que han instalado su imperio. Una femenina en su genio, se funda en lo inverificable. Nacida en Oriente, ha infantado la utopía que ha originado el desorden. Alexandrinismo, mesianismo, cristianismo, bizantinismo, Reforma, conceptos de libertad y progreso. Revolución francesa, humanitarismo y sus sub productos (liberalismo, cosmopolitismo, pacifismo), bolcheviquismo… La otra viril, está fundada en la naturaleza y la razón: espíritu y cuerpo. Ha alcanzado su expresión más completa en la Roma antigua, tras la conquista de Grecia. Ha inspirado el catolicismo romano, el  Rencimiento, los conceptos de tradición y autoridad, el clasicismo, los nacionalismos, los proteccionismos, materiales y morales”. (Les Olympiques).
Montherlant es un guerrero al estilo puramente romano, un verdadero legionario que alcanzó el grado de tribuno por sus conceptos y su visión de la vida y de la historia. Su exaltación del espíritu que lucha en combate contínuo.
“Si hubiese en Francia una revolución digna de ese nombre – escribe Montherlant- quiero decir, una revolución en la forma de sentir, de pensar, de juzgar y de actuar, uno de los rasgos debería ser que el hombre buscase y encontrase la poesía en la vida y no en las formas desde hace largo tiempo ya muertas que el embrutecimiento oficial se obstina en ofrecerle”.
Alistado en la Primera Gran guerra no podrá hacerlo en la Segunda por enfermedad, aunque consigue llegar al frente y participar en él. Su “Canto fúnebre por los muertos de Verdún” es una exaltación de los principios que inspira la guerra. Montherlant mezcla la guerra con el destino del hombre en todos sus escritos entre 1932 y 1939 (Alocución a los estudiantes alemanes, Qué bueno es 1938, El paraguas del samuray, etc.) “La guerra es tan normal como la paz” comenta.
Su obra es muy extensa, destacando: Equinoxe de Septembre, Port Royal, Le soltice de Juin, La reine norte, etc.
Entre sus obras teatrales caben destacar entre los años 1942 y 1965 “Fils de personne”, “Le maitre de Santiago”, “Demian il fera jour”, “La Ville dont le prince est un enfant” etc.
Famosos han quedado sus “carnets” donde anotaba año tras años sus  propias impresiones. Nunca participo en la Resistencia, amenazado con ser arrestado y encarcelado, silenciado durante años, su nombre se unió a los de Maurras y Barrés.
En 1960 es elegido miembro de la Academia Francesa. De él son aquellas palabras “ Permanecer deliberadamente, en una sociedad en la que cada día más, la conveniencia evidente sería hacerse gregario, es la forma de heroísmo que aquí os invito a abrazar”.
Fiel a sus propias ideas se suicido con un disparo de pistola el 21 de Septiembre de 1972. Como norma de vida, uno de sus pensamientos: “se trata menos de tener vida que de tener una vida superior”.
Filoxides el Crítico

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