No ha habido en la
Historia de la Música un artista más controvertido que Richard Wagner,
controvertido e ignorado en este país. España nunca ha sido operística nuestro
drama musical era localista y sin ninguna intención de menospreciar a la
Zarzuela, de un nivel inferior. Probablemente tenga mucho que ver nuestro
propio carácter, más folclórico y menos romántico que el alemán, superior al
menos para mí a la ópera italiana.
Escuché a Wagner
por primera vez a la edad de catorce años, lo fue en un disco de vinilo de 33
revoluciones con un infernal ruido de fondo, era la Obertura de Tannhäuser ,
aquella música me emocionó tanto que pese a mi edad y mi tiempo donde Los
Beatles y los Rollings Stones empezaban
a causar estragos, un fervor se fue instalando dentro de mi hacía una música
nueva.
Poco a poco fui
escuchando a Wagner en grabaciones de mejor calidad, comencé a entender su obra
no solo escuchando su música sino leyendo el sentido de esta, primero Rienzi un
drama superior para mi pobre conocimiento y quizás el que menos éxito tuvo de toda la obra del Maestro de Leipzig. Dicen
que Wagner se volcó en la música al acompañar a su padre a un concierto y escuchar la Séptima y novena de Beethoven y
que siempre adoró al Genio de Bonn.
Si Reinzi me
sedujo, la Tetralogía colmo mi experiencia musical. Tanto fue así que me volqué
no solo en la música sino en el personaje, busque en librerías antiguas todo lo
referente a Wagner, tanto como persona, político, artista, todo me interesaba,
al no tener conocimientos musicales me centré en estudiar todo lo que podía
sobre un personaje tan excepcional.
Wagner supo
sintetizar todas las artes poéticas, escénicas, musicales y visuales. El creaba
el libreto y la escenografía y lo plasmo en uno de sus libros considerando esto
como Arte Total.
Bayreuth fue su
culmen escénico, allí represento lo mejor de su obra, consiguió que el Drama
Wagneriano fuera representado en rodo su esplendor.
Si Wagner
revolucionó la música de su tiempo e influyo notablemente sobre la actual, no
menos lo hicieron sus escritos incendiarios. Si Rienzi fue una obra dirigida
hacia la corte de Dresde, si la voracidad de la tormenta en su viaje a Londres
le inspiró El holandés Errante, su amistad con el revolucionario ruso Mijail
Bakunin y su adhesión al incipiente movimiento para la unificación del imperio
Alemán desde una posición socialista, pues conviene recordar sus frase: “El
socialismo no debe destruir la propiedad sino conseguir que esta alcance a
todos”.
Wagner fue un
revolucionario, no solo de las artes escénico-musicales sino que toda su obra
tiene un sentido: La exaltación del Héroe. Lucha contra la hipocresía de su
tiempo de ahí su obra “El judaísmo en la música” y sus ataques a Meyerbeer por
la, según él, degradación del arte hacia su comercialización.
Lohengrin,
Tanhäuser, Sigfrido el mismo Rienzi tiene un simbolismo común, un patrón
similar aunque diferente en lo estético, Tristan e Isolda el amor verdadero.
Cósima Listz le dio la estabilidad interior que necesitaba y Luis II el apoyo
económico imprescindible para poder representar su Obra en todo su esplendor.
Parsifal llega al
final, en una etapa de acercamiento del Maestro al Cristianismo, al que
anteriormente había acusado de hipocresía y de haber abandonado la esencia del
Galileo, este acercamiento es causa de la feroz crítica de Nietzsche hacia Wagner
y el distanciamiento de este hacia el que había sido considerado por él: el
único alemán noble.
Los “Héroes” de la
Tetralogía representan la lucha del Bien y del Mal: Sigfrido, el héroe puro,
frente a Alberich y Mime totalmente materialistas. Esta lucha entre ambas
partes, Idealismo frente a Materialismo, Parsifal frente a Klingsor, es constante en la vida y obra del Maestro.
Los Héroes de todas sus obras están descritos desde un punto de vista puramente
humano, con sus debilidades y sus cualidades, como Tanhäuser con Elsa. Todos
los sentimientos que se desarrollan a lo largo de su producción son
sentimientos puramente humanos, como toda la historia de “Rienzi” El alma
humana se convierte en protagonista y unida al elemento de la Tradición (como
el fuego que envuelve a la Walkiria) inicia su camino hacia regiones superiores
hacía la Redención por amor, con la que acaba la mayor parte de sus obras, pues
hasta “Parsifal” es redención por amor divino, no ya humano.
Wagner seguirá
presente y continuará pues su música es inmortal.