Décadas han pasado
desde la última epístola de Marcio Severo, esta le hacía en las tierras del
Kan. No he vuelto a saber nada más de él y aunque es un hombre de constitución
fuerte temo que el paso de los años le hayan debilitado y sea este el motivo de
su silencio, o peor aún, que haya perdido la vida.
La escalera de los
años va acortando su recorrido estés donde estés, recuerdo con admiración sus
aforismos, producto de una dilatada vida y de no menor experiencia, la cual se
había transformado en una sabiduría fuera de lo común.
Su voz, a la vez grave y entonada, quedó grabada en mi
memoria y en las noches de vigilia sus
palabras vuelven a mí en armoniosa procesión. Voz de barítono, seca, profunda,
salida de una cueva en vez de una garganta, pero a su vez armoniosa, convincente,
como la que debieron tener aquellos pedagogos de la Grecia arcaica.
Marcio siempre
vivió entre griegos, y como tal se sentía hiperbóreo, alejado de los
misticismos orientales que tanto daño ha causado a las generaciones
posteriores, en todo momento al igual que Hesiodo, trata de educar más que de
entretener y por ello se ha ganado el respeto y el amor de sus discípulos entre
los que me encuentro.
Amigo, espero que
allá donde estés, seas feliz.
…………………….
La vieja Calistea
a pesar de su edad sigue recomponiendo hímenes de jovenzuelas mancilladas según
sus madres o más bien desenfrenos carnales según la experiencia de la vieja
alcahueta.
Calistea aún
recuerda sus años mozos cuando regentaba un lupanar allá a las afueras de Roma,
cerca del Tiber a solo un stadium de la Via Augusta y próxima a las villas que
los nuevos ricos habían construido en las tierras que generosamente el Augusto
les había cedido como pago por los servicios prestados al Imperio.
Desde nobles
patricios, decuriones licenciados y mercaderes griegos hasta lo más lóbrego
del hampa romano lo visitaban. Aquella
clientela además de buenos sestercios y algunos denarios habían hecho que
Calistea fuera una mujer rica.
Pero la felicidad
o mejor dicho la bonanza económica no suele durar mucho y a Calistea
tampoco. Discrepancias entre uno de sus
clientes sobre la salud de una de las chicas y el contagio de gonorrea entre
estos provoco el cierre del local y una severa multa, además de los impuestos
que el Estado le gravaba llevaron a Calistea a su situación actual.
……………………
Esta vieja
historia contada por Marcio durante las tórridas noches que el estío trae consigo, bebiendo vino añejo, nos hacía reír y meditar sobre las
costumbres del mundo antiguo. Marcio es un gran conversador, comparable con Luciano de Samosata y para mi
gusto superior a este.
Sus conocimientos
son enormes, comparables a cualquier sabio de la antigüedad; sobre esto
Marcio Severo se considera solo un pobre discípulo de Homero, reímos cuando
pone este ejemplo pues no tiene nada para envidiar al pobre ciego.
Una noche oscura,
solo alumbrada con la luz tenue de una
lámpara de aceite y cuando todos dormían Marcio me dijo:
“ El pensar es una
gracia que los dioses le han dado a los hombres, el hablar un castigo”.
Y continuó.
“La gran virtud de
los animales, es no poder hablar, esto les permite después de tantos siglos la
capacidad de mantener vivos y despiertos todos sus instintos, desde los más
nobles hasta los más crueles pues todo ello lleva en si la propia Naturaleza”.
Luego calló, y
durante un breve espacio de tiempo el silencio se apoderó de nosotros. La luna
hacía intentos de asomo entre unas nubes negras de tormenta, nada se oía, todo
estaba quedo, como esperando que Marco volviera a sus aforismos.
Pasados unos
instantes recobramos la conversación, ahora más distendida, sobre la
tranquilidad de la noche, la luz de las estrellas, el reflejo de la luna sobre
el estanque cercano, el canto del grillo presagiando la llegada del calor, las
hormigas en su imperturbable ajetreo, todo en movimiento, el mundo se mueve aceleradamente
hacía un final y como si tuviera prisa por llegar.
……………………
Limarco nuca gozo
del favor de las damas, su aspecto era más próximo a Polifemo que a los hijos
de Zeus, semejante a un ciclope deambula acompañado de sátiros y faunos
intentando atraer la atención de una ninfa.
De haberle
conocido, habría servido a Góngora como inspiración a su Galatea. Tosco en
ademanes, brusco en el hablar, con una ingenuidad cercana a la estupidez y exudando
todo el día sin mediar en ello calor o esfuerzo.
Al fin consiguió
encontrar el amor de su vida, una mujer ya talludita, corta de vista y de
conocimiento. Cuenta la vecindad que tuvieron descendencia y que esta prole era
de tal belleza que las alcahuetas y los boceras propagaron la insidia de que no
podían ser hijos de Limarco.
Continua la
leyenda que la Madre Gea castigo a estos haciendo que su descendencia fuera
similar a la del Cíclope y que escandalizase a otros vecindarios que
vituperaban las capacidades sexuales de
Limarco.
Esto tiene su
moraleja, pero Marcio se quedó dormido y no pudo acabarlo.
(O no quiso)
……………………
Contaba Aspasio que prefería despertarse en
la mañana al sonido de la tuba antes que al cantar de los pájaros.
Aspasio no había
conocido otra vida más que la milicia, reclutado a muy corta edad y separado de
su abuela unió pariente vivo, paso a formar parte del ejercito gracias a la
concesión que Cayo Mario que permitía a los sin dinero y que no se podían pagar
su panoplia pudieran formar parte del ejercito.
Combatió en la
Galia formando parte de la Legio X Gemina durante más de cuatro años lucho
contra las tribus de galos y helvecios, recibió menciones y honores y hasta el
propio Cesar le felicito en persona.
Ahora licenciado y
afincado en las tierras regadas por el Danubio que el Cesar le había concedido
sesteaba a la llegada de la víspera viendo jugar a sus cuatro retoños entre los
acebos que lindaban con el río. Su entretenimiento era la caza, poca pues la
guerra había espantado o aniquilado corzos y jabalíes, seguía teniendo buena puntería
con el arco y esto le garantizaba cenar alguna pieza pequeña, en caso contrario
se conformaba con los guisos de su fiel Graminia.
Aspasio dio cobijo
durante un breve espacio de tiempo a Marcio Severo hace ya varios años y ente
corto espacio Marcio enseño a leer y escribir a los vástagos de Aspasio. Este le
quedó eternamente agradecido. Luego emprendió viaje hacia el Este a territorio
de los Rus.
Ahora son los
hijos de Aspasio los que se han incorporado a la X Legión que marcha hacia
Britannia, Graminia les vió partir con lágrimas en los ojos y una enorme pena
en el corazón, para Aspasio era todo un orgullo aunque un agudo dolor se le
instaló en el corazón.
Aspasio cuenta los
días desde que sus hijos abandonaron el hogar paterno; mucha agua ha caído
desde entonces, la pobre huerta está inundada, los animales han desaparecido,
unos ahogados por el inmenso río y otros los más cazados por el hombre, grupos
armados de desertores y otros fugitivos merodean por estas tierras saqueando
granjas y poblados, Aspasio no les teme, sigue siendo preciso con el arco y aún
mantiene con fuerza el pilum.
Graminia ha
enfermado, el cruel invierno ha sido muy duro, el hambre les ha debilitado y la
humedad se ha apoderado de los huesos de la mujer de Aspasio, este teme la
muerte de su mujer mucho más que la suya y reza a Mitra para que se recupere,
deseando que acaben las lluvias de primavera para que el calor del verano alivie
el mal de Graminia.
La débil Graminia
no ha sobrevivido a la temporada de lluvias, sus huesos frágiles y sus enfermos
pulmones no lo han soportado, Aspasio la ha enterrado debajo del tilo que
plantó nada más ocupar aquellas tierras y que hoy se ha convertido en un
majestuoso árbol. Ahora la estancia en aquella casa no tiene sentido y Aspasio
ya viejo para la milicia y para la vida emprende el regreso a Roma en su vieja
carreta y sus pocos enseres.
Es el fin de un
guerrero.
……………………
Y mientras sigo
esperando noticias de Marcio, mi amigo e instructor.
Filoxides de Ursalia
