Hoy día nos sorprende el
desplazamiento de la población civil de sus pueblos, aldeas y países por culpa
de la guerra. Kurdos, armenios, sirios cristianos o musulmanes han de abandonar
sus tierras por la violencia de unos fanáticos, palestinos expulsados de sus
casas y campos por los sionistas, los tutsis por los hutus, y así
indefinidamente. Pero esto no es nada nuevo en nuestra violenta historia y no
pongo por ejemplo los enormes desplazamientos de población que hizo Stalin
antes, durante y después de la 2ª Guerra Mundial y que costaron muchos cientos
de miles de muertos, en muchos caso por hambruna y otros por la terrorífica política
de los soviets.
Aquí me quiero centrar en el caso de
las minorías alemanas del este de Europa.
La “sudetesland” abarca una
superficie aproximada de 27.000 Kms cuadrados en Bohemia, Moravia y Silesia. El
término Sudetes se refiere a una cadena de montañas de 320 Kms de largo y
aproximadamente 60 de ancho. Durante más de setecientos años los alemanes y los
checos vivieron juntos, en paz. Aunque hubo conflictos como las guerras Husitas
en el siglo XV, estos conflictos eran más bien por cuestiones religiosas o
sociales que por motivos raciales o étnicos.
Los alemanes de los Sudetes perdieron
sus casa, tierras y medios de vida, y unas doscientas mil personas murieron
asesinadas en campos de concentración y en la larga marcha hacia Austria y
Alemania para vergüenza de los checos de ahora que silencian este negro y cruel
ciclo de su historia.
Hoy día las atrocidades cometidas por
los checos en el curso de la expulsión de los Sudetes es un tema tabú. Y con razón.
La “cívica brutalidad” de los checos fue y es digna de ser olvidada, los checos
no quieren que se les recuerde que muchos alemanes insisten que durante este
periodo fueron gravemente agraviados y que nadie ha tenido que rendir cuentas
por ello.
Un tema especialmente polémico es que
el gobierno checo aprobó ciertas leyes en 1945, conocidos como “Los decretos E.
Benes” afirmando que los nacionales checos que cometan un crimen contra un alemán
estarían exentos de castigo.
Edvard Benes, presidente de
Checoeslovaquia y una figura importante de la coalición de la Segunda Guerra Mundial,
llama el 16 de Mayo de 1945 a la “liquidación de los alemanes y los húngaros en
la post-guerra. La trama Rossvelt, Churchill, Edvard Benes y Karel Kramar
protagonizarón una venganza oculta contra Alemania.
A los alemanes de los Sudetes se les
disparaba sin motivo, a los heridos se les untaban con sal las heridas y tras
asesinarles les arrancaban sus pertenencias. Fue un genocidio con un aliciente
de sadismo brutal como las atrocidades cometidas en Borislavka, Prag-Bokowitz,
etc.
Mientras el cínico de Libork Roucek,
primer ministro checo dice: “No queremos volver a re-juzgar la historia porque
podríamos volver a la Primera Gran Guerra o incluso al Imperio Austro-Húngaro,
cuando los checos no tenían estado propio…..”
El recuerdo de estos crímenes, como
las violaciones de mujeres alemanas por el Ejercito Rojo en su avance, se
silencian en todas las aulas de Historia mientras se repite sin cesar el
Holocausto al pueblo judío.
Mujer alemana violada a las afueras de Berlín
Filoxides el Crítico
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