¡O cómo sobrevivir al calor y la pandemia!
No está siendo este el mejor verano de nuestras vidas, al menos de la mía. Al calor sofocante de este maldito mes de Agosto se le añade el incremento de contagios y muertes por el coronavirus, ese “bichito” que según nuestro “portavoz del comité de expertos” apenas se extendería por nuestro país augurando uno o dos casos sin importancia.
No pienso volver a hablar del “bichito” aunque a veces sea inevitable referirse a él a causa del daño que nos está causando en todos los aspectos. Bien pues dicho esto si quiero dejar claro quiénes son los responsables de gran parte de nuestros actuales desasosiegos. Y he de comenzar por los dramaturgos ¡si estos! Los que han depravado el escenario español con sus vodeviles y melodramas y bufonadas teatrales, a estos les achaco yo el quebranto de nuestro género dramatúrgico y su actual mediocridad.
¡Cómo se va a conquistar al espectador representando enredos cuasi cómicos dónde los personajes son de por sí anacrónicos! Es por ello que les hago responsables de la decadencia, vulgaridad y fatuidad de su obra!
Diríamos que su libreto o guión está desfasado, redicho, nos suena a rancio y arcaico aunque vaya dirigido a un espectador mediocre, vulgar y chabacano. Son tal para cual el autor, los actores y el público coinciden en su cretinismo, su obscenidad y su falta de cordura.
Prefiero a esos dandis, petulantes que mezclan el teatro del absurdo de Emile Ionescu o Miguel Miura, ahora en nuestros días tenemos infinidad de
personajes para recrear este teatro del absurdo, no necesitamos a “la cantante
calva” teniendo al “inválido crétino” que bien lo firmaría, de haberse escrito,
por Jardiel Poncela o el “Difamador difamado” aquí ya nos iríamos más al
sainete (Arniches) o entremés cervantino.
Hay mucho material como para reescribir lo escrito (Alfonso Paso) solo hace falta un ojo escrutador, irónico que se asome por ese escenario del absurdo que es nuestro Parlamento. Desde el Parnaso Calderón, Tirso, Lope, Zorrilla…..se mesaran las barbas observando lo nutrido de personajes pintorescos para sus obras.
Yo me inclinaría por reconstruir “El Gran Teatro del Mundo” podría ser titulada de esta manera “El Decadente Teatro Español” basado en un pleno del Congreso de los Diputados cambiando la seriedad teatral de Calderón por el gracejo castizo de los Hermanos Álvarez Quintero, el humor de Bretón de los Herreros, la picaresca de Arniches o Paso y la puesta en escena de Boadellas. Albert le sacaría mucho juego a la escenografía, jugando con la pésima luz del hemiciclo, mezclando luces, cambiando tonos y focos, en fin aprovechando su buen criterio a la hora de escenificar una obra.
Aquí hay actores de todo tipo y calidad, cualidades las justas pero saben adaptarse al guión que se traen escrito, improvisar improvisan poco, declamar lo justo pero en conjunto se puede sacar provecho a la obra siempre que sigamos los consejos de Buero Vallejo dejando a los actores que se enzarcen en trifulcas domésticas como “La Historia de una Escalera”.
La seriedad de la bancada azul imitando aquellos consejos de ancianos
de los Senados Atenienses, sus intervenciones incomprensibles mezclando la demagogia
con el populismo jacobino y por la otra parte patricios y senadores a la gresca
con sus discursos tragi-cómicos, altisonantes, embravecidos, alardeando de una
formación más que dudosa y de unos inexistentes principios, propiciando entre
todos a esa glosa enrevesada con la que adornan su discurso
La Obra debería presentarse con público, que este llenara la sala y las circundantes, que silbara y aplaudiera como en las comedias de corralas, que si fuera menester tirasen huevos y coles a los actores y que al final de la obra si esta no hubiera sido del agrado del espectador fueran corridos a empellones y varazos por la Carrera de San Jerónimo hasta Neptuno.

