jueves, 6 de octubre de 2016

El Trabajador y su Fuerza



La Fuerza del Trabajo.

El trabajador debe ser el protagonista de no solo la vida económica de la sociedad sino su motor y la razón de la existencia de esta.

Escribía Jünger en 1932 : «La intención de este libro consiste en hacer visible, más allá de las teorías , más allá de las facciones, más allá de los prejuicios, la figura del Trabajador como una magnitud operativa que ha incidido ya poderosamente en la historia y que está imponiendo las formas de un mundo cambiado».

Hoy día la figura de este escritor cómo la de otros muchos de aquellos convulsos años ha pasado al ostracismo, su visión del Estado Total  lo basaba en la figura prominente del trabajador, su fuerza era el potencial que el Estado junto a la fuerza del soldado le daba razón histórica.

El Sindicalismo, los gremios profesionales eran los ámbitos de representación con los que los trabajadores se hacían valer ante los otros poderes del Estado.

Su fuerza en conjunto podía tanto dinamizar un Estado en su momento débil y potenciarlo con su fuerza de producción o  paralizarlo como ocurrió en los últimos meses de la I Guerra Mundial en Alemania. Aquí utilizó la huelga como fuerza de choque al igual que en el 45 se unió para todo lo contrario, levantar una Nación derrotada y asolada.

Debilitar la fuerza del Trabajador en todo su contenido ha sido la tarea de los países capitalistas en estos treinta o cuarenta últimos años. Saben de su poder y por lo tanto dividirlo o anularlo mediante sindicatos políticos, donde la representación pasa a manos de abogados y funcionarios desligándose casi totalmente de la presencia del trabajador, la ínfima presencia de este en los consejos administrativos o en las reuniones directivas, su participación en absurdos comités donde no deciden nada y donde apenas representan a nadie pierde toda su eficacia.

En los países socialistas el trabajador es solo un mero productor dentro del engranaje del Estado sin mayor función que la que le asignen, de ahí el fracaso económico de estos países en los muchos años donde han ejercido el un poder dictatorial en prácticamente medio mundo.

Volver a potenciar la figura del Trabajador debería ser la función principal de un Estado que pretenda ser fuerte y este debe obligar a los gobiernos de turno a que prioricen este asunto como su principal tarea de gobierno.

Salarios de miseria, horarios imposibles, falta de incentivos, inseguridad laboral, despidos, contratos sibilinos, todo esto se ha consentido delante de unos sindicatos mal llamados obreros que han mirado solo y exclusivamente en su beneficio que como representantes de lo que ellos llaman clase obrera.

Y tanto un peón como un arquitecto son trabajadores a los que salvando las diferencias que por su responsabilidad han de tener, son Trabajadores de un Estado y su fuerza potencial de desarrollo.

El capital es necesario pero lo es más aún buenos profesionales, excelentes trabajadores que empleen todo su vigor y su capacidad intelectual en beneficio propio y de la Nación.

Filoxides el Crítico

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