La Fuerza del Trabajo.
El trabajador debe ser el
protagonista de no solo la vida económica de la sociedad sino su motor y la
razón de la existencia de esta.
Escribía
Jünger en 1932 : «La intención de este libro consiste en hacer visible, más
allá de las teorías , más allá de las facciones,
más allá de los prejuicios, la figura del Trabajador como una magnitud
operativa que ha incidido ya poderosamente en la historia y que está imponiendo
las formas de un mundo cambiado».
Hoy día la
figura de este escritor cómo la de otros muchos de aquellos convulsos años ha
pasado al ostracismo, su visión del Estado Total lo basaba en la figura prominente del
trabajador, su fuerza era el potencial que el Estado junto a la fuerza del
soldado le daba razón histórica.
El
Sindicalismo, los gremios profesionales eran los ámbitos de representación con
los que los trabajadores se hacían valer ante los otros poderes del Estado.
Su fuerza en
conjunto podía tanto dinamizar un Estado en su momento débil y potenciarlo con
su fuerza de producción o paralizarlo
como ocurrió en los últimos meses de la I Guerra Mundial en Alemania. Aquí
utilizó la huelga como fuerza de choque al igual que en el 45 se unió para todo
lo contrario, levantar una Nación derrotada y asolada.
Debilitar la
fuerza del Trabajador en todo su contenido ha sido la tarea de los países capitalistas
en estos treinta o cuarenta últimos años. Saben de su poder y por lo tanto
dividirlo o anularlo mediante sindicatos políticos, donde la representación
pasa a manos de abogados y funcionarios desligándose casi totalmente de la
presencia del trabajador, la ínfima presencia de este en los consejos
administrativos o en las reuniones directivas, su participación en absurdos
comités donde no deciden nada y donde apenas representan a nadie pierde toda su
eficacia.
En los países
socialistas el trabajador es solo un mero productor dentro del engranaje del
Estado sin mayor función que la que le asignen, de ahí el fracaso económico de
estos países en los muchos años donde han ejercido el un poder dictatorial en prácticamente
medio mundo.
Volver a
potenciar la figura del Trabajador debería ser la función principal de un
Estado que pretenda ser fuerte y este debe obligar a los gobiernos de turno a
que prioricen este asunto como su principal tarea de gobierno.
Salarios de
miseria, horarios imposibles, falta de incentivos, inseguridad laboral,
despidos, contratos sibilinos, todo esto se ha consentido delante de unos
sindicatos mal llamados obreros que han mirado solo y exclusivamente en su
beneficio que como representantes de lo que ellos llaman clase obrera.
Y tanto un
peón como un arquitecto son trabajadores a los que salvando las diferencias que
por su responsabilidad han de tener, son Trabajadores de un Estado y su fuerza
potencial de desarrollo.
El capital
es necesario pero lo es más aún buenos profesionales, excelentes trabajadores que
empleen todo su vigor y su capacidad intelectual en beneficio propio y de la
Nación.
Filoxides el
Crítico
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