miércoles, 26 de octubre de 2016

Talamanca de Jarama un pequeño gran pueblo



Vivir en  un pueblo pequeño, tiene algunas desventajas: solo hay cine en verano, no tenemos teatro, solo un grupo aficionado que hace alguna representación esporádica en el Salón del Puente,  y hemos de esperar al verano para que los dos kioscos que hay junto al rio nos amenicen las noches con conciertos de blues, rock, jazz y como no de nuestro flamenco. Quizás sea esto lo que hace especial al pueblo, sus desventajas. A esto hay que añadir su Iglesia, su puente romano, sus raices árabes y visigodas con estelas incluidas, su Morabito, en fin con cuatro pero muy dignos monumentos para un pueblo de solo dos mil quinientos vecinos, algo más en verano.
Uno acostumbrado a vivir (vivir es un decir, para un viajante) en Madrid por más de sesenta años, el venir a vivir a Talamanca fue un renacer, coincidió con mi prejubilación por lo que comencé a disfrutar de un tiempo libre que no había tenido hasta ese momento. He viajado por España y Portugal muchos años, casi cuarenta con alguna salida a otros países de nuestro entorno. Alemania y Austria con más asiduidad y Francia esporádicamente, solo he cruzado el charco en dos ocasiones una para ir a Centro América, Costa Rica y Panamá fueron mi destino y una visita técnica a Miami donde solo pase un día y medio al resto del continente americano solo fui, por motivos de trabajo, a Santiago de Chile, allí estuve casi dos semanas. Pero el territorio patrio me lo he “pateado” muchos años.
Ahora “exiliado” en Talamanca junto a los míos, con mis nietos, mi mujer, mis hijos y mi fiel Morgan disfruto de lo que se podría dar como gran vida, una vida modesta pues mi economía no es para muchos dispendios aunque mi pensión si no se la “cargan” los políticos es bastante decente para dos personas y mi perro, aunque el mayor gasto como es lógico lo tengo con mis nietos a los que adoro.
No tenemos al cabo del año una temperatura extrema, el otoño suele ser bastante lluvioso y templado, el verano y el invierno no suelen ser extremos y la primavera no existe como en toda la Región de Madrid. Así que solemos disfrutar de un apacible y largo otoño y un soportable verano casi todo el año.
Mi integración en el pueblo se debe más que nada a mi mujer la cual al poco tiempo de llegar ya conocía a medio pueblo y me sorprendía el que la saludaran cada vez que íbamos a comprar o a pasear  una de cada tres personas. ¡Hemos caído bien, me dije! Y creo que es cierto, el pueblo aunque pequeñito tiene ese encanto de los pueblos de Castilla, gente sería pero amable cuando se la requiere y un ambiente en los locales públicos de verdadera camaradería. Me siento a gusto o mejor dicho nos sentimos muy bien.
No han dejado de tocar los grupos en los dos kioscos del rio cuando ya estamos esperando con ansiedad el próximo verano para seguir escuchando jazz, blues o rock. Mi amigo Stev lo ha dejado, desconozco los motivos pero tanto Ramón como Patri o el que se haga cargo del barecito de Steven seguirán con la costumbre que hace del pueblo un San Sebastián en pequeño con sus jornadas de jazz.
Mientras tanto el Mesón, Plácido y alguno más que ahora no recuerdo hacen que el tiempo no se alargue en demasía y mientras mis nietos van creciendo y nosotros nos vamos haciendo más viejos.
Filoxides

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