Hemos dejado atrás una de las noches más señaladas del calendario
humano, noche celebrada por más de medio mundo desde tiempos inmemoriales. En
mi entorno así ha sido y yo procuro mantener la Tradición tal cual mis padres
me la transmitieron.
Noche sagrada para muchos, llena de recuerdos y dónde se reúnen amigos
y familiares lejanos, algunos que por los avatares de la existencia dejaron
este mundo pero que en estas fechas regresan de una forma etérea para ocupar el
lugar que les corresponde en mi mesa.
No comienza el ágape hasta que la presencia de Eneas se manifiesta, él
es el epicentro de tan insigne velada, siempre tuvo el honor de presidir la
mesa y escanciar el vino con el que comenzaba la fiesta, su brindis el primero,
habría como ceremonial el festejo, los más jóvenes rodean al viejo Eneas pues
es sabido que ellos detectan la bondad al igual que las fierecillas del campo,
a su lado con inquebrantable lealtad el desdentado y polimorfo Abelio. Todos ríen,
juegan y bailan mientras la incansable Hestia termina de preparar los manjares
que hemos de degustar los presentes, la mesa preparada, todo en el sitio que le
corresponde, en esto Hestia es implacable, todo debe estar ordenado para la
llegada del nuevo Sol.
Hacen su aparición los hijos de Vulcano relucientes como sus miradas
azules, les acompañan sus padres, el
primogénito se sienta al lado de Eneas, su magnetismo hace que lo más jóvenes
quieran estar cerca de él. Su paciencia hacia estos pequeños bárbaros es tan
grande como su presencia física.
Una vez sentados todos y servidos los manjares, Eneas comienza la
ceremonia de los brindis en recuerdo de todos los que no han podido asistir y derrama un vaso de vino sobre las ascuas del
hogar, lumbre que dará calor hasta el amanecer.
Hestio ríe, disfruta al lado de su bella mujer, al igual que Marcio
aunque este solo pues llevó su soltería hasta que los dioses le reclamaron, los
niños sacian su apetito mientras alimentan al viejo Abelio, todos ríen y
disfrutan, saben que han de volver al Hades pero este momento es único e
irrepetible por lo que gozan y deleitan contando batallas y aventuras de su
años mozos, antes de convertirse en cenizas o deshechos, cantan, liban, saben
que no hay un nuevo amanecer para ellos y que es la única ocasión que pueden
estar entre sus parientes vivos. Las viandas no parecen acabarse nunca, Hestia
ha puesto todos sus sentidos en ello, sabe de la importancia del momento y cada
año se esfuerza en superarse a sí misma. Hestio su hijo, disfruta como nadie
con los manjares de su madre, él tiene la llave de la Tradición y hará posible
que esta continúe aún cuando nosotros solo estemos ocupando el sitio de los ausentes.
La noche da paso a un nuevo Sol,
Sol Invictus, su luz traspasa poco a poco el recinto, aún queda un
rescoldo de fuego en el hogar, todos han marchado, poco a poco y según los
rayos del Dios entraban por lo resquicios de los ventanales los ausentes
abandonaban el aposento. Todos se despidieron de Eneas que fue el último en
dejarnos, su bondadosa sonrisa nos acompañará todo el año hasta que este Sol
muera y demos paso a uno nuevo.
Ahora la rutina entrará en nuestros corazones, hablaremos de los
mayores que están nuestros nietos, de las bondades de nuestro hijo, de los
ancianos padres ya fallecidos, de los familiares y amigo lejanos, de aquellos
que no han podido estar o de los que les ha sido imposible. Mientras el Sol alumbrará
un nuevo ciclo de escalones hasta su muerte y renacimiento.
Entonces nos volveremos a encontrar, unos desde este lado de la mesa y
los otros, los que partieron al otro y celebraremos nuevamente la muerte y el
renacer del Sol Invictus.
Filoxides


