viernes, 14 de octubre de 2016

Filoxides de Ursalia (sueño Décimo Tercero)

La Busqueda.


Bien, entonces pongámonos a trabajar, Usted pretende que mi comunidad le ayude en una búsqueda digamos “detectivesca” y nosotros a cambio le pedimos estar presentes en ese encuentro. Me dice el segundo interlocutor que hasta este instante permanecía como alejado de la conversación.

-¿ Y para qué?

- Sencillamente, si Usted consigue entablar contacto con el Ángel Negro nosotros apostaremos en la partida, por supuesto en contra de este ser. Me contesta Talak.

-¿Entonces….. Usted toman en serio esta locura?

-¡Muy en serio! Mi pueblo lleva siglos en guerra con lo que el Ángel del Mal representa, hemos sido aniquilados pos sus hijos, como lo fuimos antaño por otros como ellos, persas, turcos, hunos, nos han arrasado en todos los aspectos pero no han podido vencernos en lo más sagrado para nosotros que es la pureza de nuestra sangre, mantenida límpia como sustento de nuestra memoria ancestral.

 Me suelta el tal Musafi como si a una botella con gas le hubieran quitado el tapón. Sus ojos se inyectan de sangre según habla, esta gente está muy convencida de lo que hace me digo mientras disimulo sorbiendo mi taza de café.

-Y…. ¿Por dónde empezamos?. Les pregunto.

-Usted póngase en contacto con esas personas en el sur de Francia y nosotros contactaremos con Usted cuando creamos oportuno, no desconfíe, nosotros somos un pueblo con honor y no le dejaremos en la estacada pero antes hemos de informar a nuestro Consejo y será él quien organice nuestra colaboración, pero eso sí, no creo que Usted sepa donde se va a meter ni que enemigo va a encontrar y con que apoyos cuenta y lo peor pensamos y no se ofenda que Usted no está preparado para tal empresa.

- Eso me lo digo yo a mi mismo en todo momento.

-¿Entonces….. por qué sigue adelante?

-Si le soy sincero Sr. Talak no lo sé, posiblemente sea una locura, una peligrosa locura el tentar al mismo Mefisto un simple humano como yo pero tengo tantas preguntas que hacerle que me ciega la poca cordura que aún me queda.

- Qué Malek Taus, nuestro Señor le acompañe. Me dice Talak a modo de despedida mientras se levanta de la mesa y con su acompañante se alejan hacia la puerta,  cuando ya estaban prácticamente en la calle Talak se vuelve y con una sonrisa, la primera en toda la reunión, me dice:
- Vamos a vivir una experiencia única, no lo dude, esté preparado para lo más inverosímil y entrénese fuerte con el tablero va Usted a competir con el gran embustero de este mundo.

- Ya me lo imagino Talak, ya me lo imagino. Le contesto haciéndoles un gesto con la mano a modo de saludo.

Nada más llegar a casa busco el sobre donde iba la carta de Wolf para buscar sus señas, tengo que intentar ponerme en contacto con él pero por un medio más rápido que una carta. Dejo en manos de mi mujer el localizar a Wolf llamando a la centralita del pequeño pueblo donde reside actualmente, para ella resulta muy fácil este tipo de “trabajos” tiene una enorme capacidad para encontrar a personas en cualquier parte de Europa, al menos.

A media tarde ya tenía un número y un contacto, este era el de un alsaciano que como Wolf vivía su jubilación en aquellos parajes. Me costó más de media hora de llamadas, primero a una centralita, después al citado número y por fín pude dar con la persona en una residencia para ancianos.

-¿El Sr Albert Hoffman, Herr Hoffman por favor?

-¿Quién me llama? Contesta una voz agria en un tono bastante antipático.

-Perdone si le molesto, pero estoy intentando encontrar a un viejo amigo que como Usted es alemán y reside en la Rue Cardenal Richelieu desde hace unas semanas.

- Ah…. El viejo Wolf. Ya sé de quién se trata, ese es un viejo loco, no se relaciona mucho y además habla en alemán a todos y eso le crea muchos problemas, aquí se habla occitano y francés pero el alemán no lo conoce nadie y él no parece que quiera aprender ninguno de estos idiomas.

Se ve que el viejo tiene ganas de hablar y que ha visto la ocasión de charlar con alguien diferente a los que le acompañan en la residencia.

-Bien Sr Hoffman…. ¿Usted se puede poner en contacto con él?

-¡Para qué!. Ese viejo está chiflado, se pasa el día buscando libros viejos y se comenta que visita las cuevas de por aquí…..jajaja el muy loco estará buscando un tesoro ¿Usted también quiere parte del tesoro?

-No, que vá yo solo quiero darle una mala noticia sobre un pariente cercano. Este tipo de mentiras les suele afectar mucho a los viejos pues la idea de la muerte planea sobre sus cabezas constantemente.

-Ah, perdón. Aquí hay una enfermera que le puede dar el recado que Usted quiera, la llamaré y se la paso.

-Aló, quién es Usted

Le digo a la enfermera quién soy y el motivo de mi llamada, añado que soy un conocido de Wolf y que tengo unas cosas de un pariente cercano que acaba de morir y que me gustaría dárselas en persona pero desconozco su domicilio y quisiera saber el número de teléfono.

-Creo que el Sr. Wolf no tiene teléfono, pero le daré encantada el recado que Usted me diga.

Le dí mi número de teléfono y le rogué que dijera al Sr Wolf que me llamará lo más pronto posible, dándole las gracias me despedí de ella mientras al fondo escuchaba a Hoffman gritando: ¡¡Otro que quiere el tesoro, quieren el tesoro de……!! Lo demás no puede escucharlo.
…………..
Me vuelvo a sumergir en mis sueños, no recuerdo bien pero tuve nuevamente la sensación de un frío intenso y de un ambiente cargado en la habitación, me despierto y veo a mi fiel Morgan inquieto, de un lado a otro, sin saber muy bien que le pasa me levanto, me visto y salgo a la calle con él, probablemente querrá hacer sus necesidades por lo que me voy al bosquecillo de olivos detrás de casa.
Pero Morgan no va tranquilo se frena ante la oscuridad, son las cinco de la mañana y aún no ha salido el sol, el perro se frena y tira hacia atrás no quiere seguir, insisto tirando de la correa con que le llevo sujeto pero no consigo que se mueva y comienza a ladrar hacía las sombras, le regaño pues a estas horas el sonido del ladrido de un perro de este tamaño puede despertar el pueblo entero pero no consigo nada, sigue ladrando y está consiguiendo que se enciendan las luces de las casas próximas, tiro del perro hacía atrás y le suelto, sale corriendo hacía casa como loco.

-No te preocupes, me dice una voz detrás de mí, no se va a perder vuelve a su casa.

Me vuelvo asustado pues no esperaba que a estas horas haya nadie por aquí y no veo a nadie.

-Jajajaja….parece que vas a echar a correr como tu perro.

-¿Quién eres? Le pregunto mientras hago ademan de pegarle con la cadena del perro.
-No te alarmes, un amigo. Yo soy el que te preparará el camino.

Y desapareció.

Encuentro a mi perro acurrucado en la puerta, le acaricio, me lame la mano y juntos los dos entramos en casa.
Filoxides de Ursalia

No hay comentarios:

Publicar un comentario