Ayer baje a Madrid, como se dice en la
mayoría de los pueblos de la sierra, pues Madrid lo vemos “allá abajo” es decir
la enorme cúpula de bióxido de carbono se distingue a lo lejos pero por debajo
de nuestro aireado pueblo.
Como dije bajamos a Madrid y lo hicimos en el
autobús que enlaza Torrelaguna con Madrid y en su recorrido está mi pueblo; no
solemos hacerlo pero la imposibilidad de aparcar y el elevado coste de los
aparcamientos nos obligan a dejar la furgoneta aparcadita en la puerta de casa.
El viaje es de lo más placentero, el autobús
a esta hora de la mañana (las once) no va lleno y afuera llueve ligeramente, el
agua empaña los cristales y la sensación de frescor invade todo el vehículo.
Conversamos sobre los nietos, los regalos de los próximos Reyes, y un sinfín de
cosas sin importancia que cuando nos queremos dar cuenta hemos llegado a
Madrid.
Nuestro destino, la Plaza de Castilla está
abarrotada de coches, es lo que tienen los días de lluvia, atascos por todos
lados y embotellamiento en las principales vías de la ciudad, nosotros bajo el
paraguas decidimos pasear por la Calle Bravo Murillo dirección Cuatro Caminos,
la lluvia es muy menuda casi un sirimiri y el paseo es muy apacible, vamos
buscando un bar en el que estuvimos hace unos meses, antes del verano, en el
que solo te ofrecen productos extremeños especialmente jamón ibérico que está
de muerte.
No encontramos el dichoso bar y decidimos
entrar en el viejo Brillante (bar de tapas, especializado en calamares fritos),
la lluvia comienza a arreciar y nos protegemos en el bar, unos vinitos un par
de bocadillos y a esperar que amaine la lluvia. Enfrente hay un kiosco de
periódicos cubierto por unos plásticos que vende de todo menos prensa, donde
hay un cliente con un chubasquero horrible y transparente sobre un viejo
chándal más horrible todavía, el hombre se cubre la cabeza con una gorrilla de
vendedor de hamburguesas o de cualquier otro producto. Me parece conocerle, no
sé de qué pero juraría que le conozco,
se da la vuelta y penetra en el mismo local donde estamos.
-Fredi… eres Fredi?, le pregunto mientras me
fijo en la delgada y esperpéntica figura que tengo enfrente.
-¡Hombre, pero si es el viejo Filoxides!
Nos abrazamos efusivamente.
-¿Qué es de tu vida viejo truhan? Le suelto
mientras él se quita la ridícula gorrilla.
-Pues ya ves….viviéndola que no es poco.
-Te hacía en Barcelona ¿No vivías allí por
los noventa?
-Sí, allí estuve viviendo hasta el dos mil
siete, hasta que se disolvió la compañía y regrese a Madrid.
¿Vivías en la calle Monteleón esquina a
Malasaña? ¿Sigues allí?
No, me desahuciaron hace muchos años, el piso
estaba a nombre de mi abuela, era de renta fija y pagaba una miseria pero
después esa ley cambió y el alquiler no lo pude pagar por lo que me echaron una
mañana de Navidad, fue todo un trago, pero ya lo he superado.
No había caído en Ana que nos miraba algo
sorprendida.
-Perdona, le dije, te presento a un amigo de
la juventud, de cuando hice mis pinitos en el teatro.
-Paco me ha hablado mucho de ti, le dice Ana,
mintiendo delicadamente.
Si, nos conocimos al final de los sesenta y
tuvimos contacto hasta mediados de los noventa después las circunstancias nos
separaron definitivamente, bueno, hasta ahora que me has reconocido, me dice
dándome un apretón.
Mejor es que vayamos a otro sitio más
tranquilo, le digo cuando se acaba de comer o zampar un buen bocadillo de jamón
y una cerveza. Pago la consumición y los tres nos dirigimos hacia la Calle
Capitán Haya donde conocemos una cafetería muy agradable, por el camino Fredi
nos pregunta por nuestro hijo, los nietos, donde vivimos, etc. Se le ve alegre
por habernos encontrado aunque la tristeza marcada en los rasgos de su rostro
son demasiado profundos como para que lo borre un rato de alegría.
Encontramos el local y nos acomodamos en una
mesa cercana a una chimenea que está apagada, el otoño ha entrado lluvioso
perol a temperatura en la calle es muy agradable y en el local también.
-Bueno, cuéntame que ha pasado desde que
dejaste Madrid.
-Pues, toda una historia, prácticamente mi vida
entera. Como recordarás al terminar en la Escuela de Arte Dramático estuve
trabajando de segundo de escena en la compañía de Alfonso Paso, fueron los
mejores años de mi vida, hacíamos tres funciones diarias y teníamos en cartel
siete obras en distintos teatros de Madrid, en esos tiempos fue cuando nos
conocimos ¿Recuerdas?
-Si! Fue en “Sésamo”, allí íbamos mucho Ana,
mis padres y yo por aquellos años, ¿Sería al final de los sesenta, principio de
los setenta.
-Efectivamente. ¡Qué buenos años para el teatro!
¿Recuerdas cuando hiciste el papel de Valerio en el Avaro de Moliere? ¡Qué malo
eras, por cierto!
-Si…jajajaja, claro que lo recuerdo, tarde un
siglo en aprenderme el papel y tú me echabas unas broncas de espanto cuando
introducía alguna “morcilla”.
-Ana, no te puedes imaginar lo que me costo
que supiera entrar en el personaje, no dejaba de ser él ni por un instante.
Si, es bastante cabezota, le contesta Ana.
No es que fuera un cabezota, es que no había
nacido para la interpretación, lo suyo eran las charlas sobre política,
filosofía y todas esas cosas serias que le gustan a unos pocos. El teatro fue
una, llamémosle “incidencia pasajera”, pero sirvió para que nos conociéramos e
intimáramos, en Sésamo fue, cuando fuera del escenario conocí al verdadero Filoxides.
¿Y qué pasó después? Le pregunto con enorme
curiosidad.
Bien, sabes que al morir Alfonso Paso la
compañía sufrió muchos cambios y en gran parte se disolvió. Yo marché a
Barcelona donde estuve trabajando en varias compañías diferentes pero la comedia
tal y como triunfó en los años sesenta, setenta, iba en declive, los nuevos
aires que nos llegaban de fuera cambiaron la forma de hacer teatro, aunque ello
llevara a que las salas se quedaban vacías, ni la Revista en los teatros del
Paralelo llegaban a tener el éxito de taquilla que años atrás. De tres
representaciones diarias pasamos a dos y luego a una hasta que la compañía
abandono el teatro después de llevar casi medio año sin pagar el alquiler. Más
tarde fundé mi propia compañía con Luisito León la llamamos “La Bastilla”, Luis
murió de cáncer, fue un proceso rápido al menos sufrió poco el hombre, hicimos
provincias y terminamos en pueblos perdidos donde no alcanzábamos a llenar la
mitad del aforo, las repetidas crisis económicas del dos mil nos terminó de rematar,
de entonces hasta ahora he estado haciendo pequeños papeles en teatros de
tercera con semi-profesionales, buena gente con mucho cariño por el teatro pero
que tiene que sustentarse con otros trabajos y no pueden dedicarse plenamente
al arte.
Habíamos pedido café para los tres y un
croissant para Fredi que lo devoró con la misma ansia que el bocadillo
anterior, le dije si quería algo más pero muy dignamente me dijo que no.
-Fredi…. ¿En donde vives ahora? Le digo
mirándole fijamente a los ojos.
-Con una amiga cerca de donde nos hemos
visto, en la calle Amaniel, es un apartamento pequeño que compartimos con una
pareja dominicana, la verdad es que en la finca los únicos españoles de
nacimiento somos mi chica y yo, la casa parece las naciones unidas, pero terminas
adaptándote a todo.
¿Necesitas ayuda?
-No! Muchas gracias, tenemos suficiente para
vivir o al menos para ir tirando, Luisa mi compañera trabaja de cajera en un
supermercado de la zona, no tiene que desplazarse lejos y yo ayudo a un
librero, le hago recados, voy a por sus chicos al colegio, en fin me las
arreglo como puedo.
-Fredi me gustaría que tú y tu compañera
vinieras a casa cualquier día que os venga bien. Le digo mientras le apunto en
una hoja de papel mi número de móvil y le pido el suyo.
-No, lo siento no tengo móvil ni Luisa
tampoco pero me quedo con tú número y uno de estos días te llamo.
Nos abrazamos muy estrechamente y abandonamos
el local, la temperatura ha subido hace calor le digo a Fredi que vamos en
dirección Plaza de Castilla a coger el autobús y él se va en dirección
contraria. Le veo alejarse calle arriba en dirección hacia su casa, con un paso
cansado, encorvado y algo torpe, nada que ver con aquel galán de los escenarios
madrileños.
Filoxides
El Crítico
No hay comentarios:
Publicar un comentario