domingo, 25 de agosto de 2019

Homenaje a Nietzsche



 No he faltado ni un año al homenaje que un grupo de simpatizantes y seguidores le llevamos haciendo a Friedrich Nietzsche desde hace ya la ventolera de veinte años. Comenzó como una forma de lectura de su obra y ha seguido como un entusiasta grupo de fieles seguidores al hombre más controvertido de la Historia.

Bien es cierto, que el grupo se va reduciendo por causa naturales y difícilmente conseguimos que se adhiera algún nuevo espíritu rebelde, nos vamos quedando “démodée”, todo gira convulsamente y arrastra a su paso ideas, personajes y valores, nada queda “puro” tras el paso de esta corriente de modernidad tecnificada y Nietzsche no iba a ser una excepción. 

El acto es más bien sobrio, el presidente explica la razón de la convocatoria y da paso al primer orador, aquí Fernando se luce en cada reunión; no he oído en mi larga vida a nadie que pueda leer en voz alta los complejos ditirambos del Maestro de Röcken, de una forma tan correcta con una vocalización impecable y lo más curioso del caso es que le suspendieron en una entrevista para locutor de televisión por no leer bien.

Le vino bien, hoy día es un afamado periodista y colaborador en una emisora independiente. Escucharle es un placer, el problema es que sitúa el listón tan alto que después todos los que subimos al pequeño estrado no damos la talla.

Son unas pocas horas, pero dignas de cualquier Parnaso, que se pasan en un periquete dada la intensidad de los oradores y su poder de sugestión o al menos a mí me lo parece.
Fernando me entrega un pequeño libro que escribió hace más de cincuenta años, cuando estudiaba en su capital del Reino como él llama a Valladolid, se titula El Asalto a la Razón, me recomienda que lo lea pero que se lo devuelva pues no le quedan más ejemplares y es muy difícil de encontrar en una librería.

No me gusta el “tráfico” de libros, me duele el prestarlos y me crea una engorrosa obligación el que me los dejen, considero que además del valor económico que pueda tener es mayor el valor sentimental, la unión del libro con su dueño, o en este caso con su creador.

Con una técnica exquisita expone una visión de la Historia como una continuación del pensamiento de Nietzsche pero más cercana a la realidad sin alegoría alguna, sin rabia al ver como su mundo, él de los últimos “espartanos” se deforma de una manera lenta pero sin tregua hasta irse convirtiendo en un amasijo de desconcertantes acertijos a los que el “pensador” actual llama “nueva retórica”

En una noche me acabo de leer el librito y como es natural en mí, copió frases, conceptos e ideas para luego leerlos con tranquilidad y enriquecer mi cuaderno de notas.
Le llamaré el lunes para devolverle el libro y comentar con él lo que me ha parecido. El libro respira ataraxia por todas sus páginas, Fernando siempre ha sido una persona excesivamente equilibrada, creo que nunca he visto en sus palabras como en los artículos que ha producido ningún atisbo de turbación o de exaltación, considera los hechos con una serenidad pasmosa y ello choca con mi carácter más bien impulsivo y a veces descontrolado. En uno de lo artículos del libro habla de la “serenidad de Dios, ante el fariseísmo reinante”. No me parece muy nietzschiana esta aseveración, aunque entiendo el nicodemismo en el que se ha refugiado el autor desde hace muchos años, ser un espíritu libre tiene sus consecuencias sobre todo en el plano laboral y el viejo Fernando es “humano, demasiado humano” como para expresarse sin bagajes de todo lo que considera real y no sujeto a normas, cleros ni conductas. 

Hay un apotegma que me intriga y que debo aclarar con él en persona: “De Dios solo esperes desconsuelo y desesperanza”. Prosigue el artículo con unas frases sacadas del Zaratustra o de Como se filosofa a martillazos. Creo que Fernando es el menos nietzschiano de todos nosotros pero sí el más culto.
Me asalta a la cabeza una frase de Flaubert: “No podemos escribir ni pensar como no nos sentemos” A ello Nietszche tenía una contestación: ¡Te he pescado nihilista! Precisamente la carne del trasero sustituye el pecado contra el espíritu santo. Sólo tienen valor los pensamientos que nos vienen mientras andamos.

Uno de los simpatizantes y amigos me dijo una vez: ¡Hay que disparar contra la moral! Pero que entiende mi colega sobre la moral, he aquí la paradoja, puestos a disparar podemos hacer como los anarquistas, intentar herir al príncipe pero lo único que consiguen en la mayoría de los casos es herir a la multitud de curiosos que se acercan al paso del carruaje, no encuentro explicación para esto,  no ser que de cierto acratismo se cruce a la acera del nihilismo más puro ¿Puede ser?

Al fin y al cabo sin quererlo o conscientemente somos unos comediantes, imitamos a nuestros ídolos, sin llegar nunca ni por asomo a parecerles, somos un débil reflejo en un viejo y gastado espejo de circo, este transforma (deforma) la realidad, así igual lo hacemos nosotros con nuestros actos. Ser sinceros es muy duro, sobre todo en esta época que nos ha tocado vivir, por lo que todos intentamos encubrir nuestra verdadera identidad.

Hoy día se utilizan muchas hipérboles para ensalzar a personas corrientes o mejor dicho vulgares, es la tónica del siglo, la mediocridad se ha hecho con el poder, se ha instalado como los pasados bárbaros cuando hacían una conquista, primero arrasaban todo y luego se solazaban entre los escombros, debe ser el “espíritu del siglo” o mejor dicho el final del reino de la calidad. Ha ganado la cantidad, es el ideal democrático. Poco espacio nos queda a los que aún conservamos un diferencial aristocrático, puede que ahora demos náuseas, las minorías siempre han sido como los leprosos, se intenta evadirles.

Prosigo mi camino, algo lento pero constante, me aferro a esas palabras de Confucio “No importa lo lento que vayas, siempre cuando no te detengas”. Así llevo muchos años, los suficientes para olvidarlos, supongo que las pisadas quedarán en el camino, pues mi memoria ya no recuerda el trayecto andado.

Es difícil hacer una valoración de una vida cuando se está próximo al final de esta, uno piensa si ha elegido el camino perfecto (si lo hubiera) Creo que como la mayoría de los espíritus libres me he movido entre la decepción y el desengaño, será por esto que sigo aferrándome a viejos ritos y arcaicas salmodias.”
 A los hombres póstumos- como yo, por ejemplo- se le entiende peor que a los que son hijos de su tiempo, pero se les oye mejor. Dicho con más rigor: no se nos comprende nunca; y en eso radica nuestra autoridad” (F.Nietzsche)

Creo que aquí Nietzsche lo explica muy claro.
Filoxides de Ursalia

lunes, 19 de agosto de 2019

Los ditirambos entre la lechuza y el búho





“Sagrada sea tú luz, ¡Oh Diosa venerable!,
Qué ilumina la fuente de mi sabiduría”
Repetía como una salmodia la vieja lechuza, asida a la rama desde dónde vigila en la noche.
“Sagrado sea el templo, adonde van a escuchar tus sagradas palabras.
¡Oh magnánima Atenea luz de conocimientos!”
-¡Quieres callarte ya, vieja desplumada!
Apostado en las ramas de un tilo cercano, el viejo búho reprehende a la lechuza.
-Qué seamos parientes no significa que debamos tener los mismos gustos y menos las mismas rarezas.
-Salve hermano de la noche, no te tuve en cuenta, pensé que un “mochuelo” impertinente como tú estarías dedicado a cazar, sapos y lagartijas con las  que llenar la tripa.
-Piensas demasiado vieja bruja, y no creas que por ello la Diosa te vaya a enriquecer de sabiduría solo por el hecho de que la estés invocando noche tras noche.
-¡Bah, viejo ignorante! La Diosa Atenea nos alumbró a las lechuzas con poderes que una mirada fija como la tuya no puede ni siquiera imaginar.
Mientras ambas aves rapaces discutían entre ellas algunos animales del bosque se fueron acercando, a todos les sombraban los conocimientos de la lechuza que vivía encaramada a la rama del olmo desde hace muchos años, y desde donde dirige sus plegarias a la Diosa todas las noches con la luna  alumbrando el bosque.
-Es muy sabia la lechuza. Decía un joven zorro a una intranquila ardilla.
-Yo la escucho todas las noches y me asombran sus conocimientos.
El búho al oír esto se molestó pues no entendía que la lechuza pudiera tener una sabiduría más cercana a los Titanes que a un ave de rapiña, esto provocaba irritación y celos en el viejo búho, más pendiente de cazar para subsistir que en loas a los dioses.
-Dime sapiente ave ¿Qué ocurrirá en el futuro, si presumes que lo puedes predecir?
Preguntó el búho con cierta sorna.
-Es muy difícil aventurarse en predecir lo que Atropos nos tiene preparado. Las Moiras hilan e hilan en la rueca de la vida ¿Saben ellas el devenir del mundo? ¡No ellas hacen su trabajo y esperan el designio de los dioses!
-Quieres decirme con esto, qué ni las Moiras saben el futuro.
-Los Dioses no intervienen en el devenir del mundo, dejan que el Leteo siga su curso y en su cauce beban y olviden las diferentes almas que Hipnos ha seducido. Ellos también serán olvidados y su recuerdo quedará solo en viejos libros y derruidos templos que con el transcurrir del tiempo quedarán hechos arena.
-Entonces….¿De qué te sirve implorar a tú Diosa?¿ Son tus cantos necesarios para aplacar la tristeza de saber que van a desaparecer?
-Mientras haya una brizna de verdor sobre el desierto, este tendrá vida. Solo muere aquello que ya está muerto al nacer. Los Dioses se retiraran, quizás con la intención de retornar en su día o más que posible no vuelvan nunca más, al menos de la forma que los conocemos ahora.
-Eris, la Diosa de la discordia lleva Eras, tratando de incordiar el mundo de los Dioses. ¿Crees tú, vieja lechuza, que ella intervendrá en esto?
-¡No, que va! Por encima de los Dioses, más allá del Olimpo, escondido en un pequeño grano de energía está el gran Corrector, del tiempo y de la vida, ni los Dioses escapan a su poder, Él dispondrá cuando y como han de ocurrir los acontecimientos.
-¿Y los hombres, cuál papel representan en esta tragedia?
-Mi viejo búho, los hombres solo son el instrumento destructor, ellos son hijos de Nix, como nosotros, aunque la diferencia, no solo es el plumaje sino su carencia de escrúpulos. Tú y yo acechamos insectos y pequeños roedores para subsistir, es la cadena de la vida, otras aves también pueden acabar con nosotros como la pérfida serpiente, que quieta en su cubil espera el momento adecuado para conseguir sus presas.
-¿Y qué te dice Atenea?
Pregunta el búho de una forma sarcástica.
-Escucha búho lo que el gran Homero cantó a la Diosa:

"Empiezo el cantar de Palas Atenea, la diosa gloriosa de ojos brillantes, inventiva inflexible de corazón, virgen pura, salvadora de ciudades, valiente, Tritogenia. De su augusta cabeza el Sabio Zeus la dio a luz vestida de armas bélicas de oro relampagueante, y el temor se apoderó de todos los dioses al verla. Pero Atenea saltó rápidamente de la cabeza inmortal y se puso delante de Zeus que lleva la égida, agitando una lanza afilada….”

-Ella es la deidad más importante del Olimpo y a su soberana sabiduría yo rindo pleitesía.
-¡Vieja alcahueta! Tus palabras son eso, solo palabras. Ni los Dioses te escuchan y permíteme decirte que yo dudo mucho de su existencia, aunque les rinda homenaje el ciego Homero o el divino Platón. La muerte es consecuencia de la vida, es su hermana gemela, cumple el cometido que le han asignado, la primera te atrae a la luz como el alba y la otra te lleva a la oscuridad de la noche eterna, no hay nada de sabiduría en esto, solo en caso de que los dioses fueran los creadores de la vida, una falta de bondad.
-Dices esto por ignorancia, viejo gruñón, tú plumaje amarillea como tú mirada, tienes marcado en tu cara la proximidad del fin y por esto caes en la fatalidad. Por ello permíteme que te cante esta canción:
¡Oh Divina Atenea, Diosa de la Sabiduria y de la Justicia!
Fuiste retada por el mismo Ares, al cual venciste
Mantuviste tu virginidad para honra de tú gloria
Llevaste la égida con la que tú pecho cubriste
Hefesto abrió con su hacha la cabeza de Zeus
Para que tu esplendor y belleza de ella saliste
Y el mundo quedo maravillado de tú belleza.
-Dicen vieja lechuza, que Hefesto la intentó violar, ¿Es cierto?
-Sí, pero evitó que este la penetrara, cayendo el semen al suelo de dónde nació el pequeño Erictonio, pero no trates de desviar la conversación.
Mientras las dos aves discuten en sus respectivas ramas, la vieja serpiente Mehen cansada de tanta diatriba y esperando engullir algo antes del alba se acerca sigilosamente hacía la rama dónde conversa la lechuza.
-Oh Dioses, presiento que mi hora ha llegado, la misma serpiente que protegió a Asclepios acabará con mi vida, mi ciclo está cerrado.
No asistiré al ocaso de los Dioses, mi vida terminará y nadie jamás cantará a la Diosa desde las entrañas de este oscuro bosque.
Filoxides de Ursalia

miércoles, 14 de agosto de 2019

Un hombre corriente



Alcanzar la madurez no es cuestión de edad sino de formación. Algunas personas son maduras a los pocos años de llegar a este mundo, las circunstancias de la vida les hace perder la inocencia o más bien la naturaleza infantil con la que nos envolvemos durante muchos años de nuestra vida.
Así reflexionaba Darío ya jubilado, apartado de la sociedad y recluido en una Residencia de ancianos adónde iban a visitarle sus parientes cercanos de tarde en tarde.
-Es la soledad acompañada, me decía cuando hablábamos por teléfono.
Darío siempre ha sido una persona optimista, lo fue en la mocedad y continuo siéndolo ya de mayor; afirmaba que había pocas cosas por las que preocuparse, nada tiene un valor constante y por lo tanto su naturaleza es endeble, poco consistente como para tomarla en serio.
-Creo que lo único real que hay en este maldito mundo son mis dolores. Decía esto mientras le ayudaban a incorporarse de la cama pues una severa artrosis le tenía casi inválido.
Fui a visitarle una mañana de Abril con un regalo bajo el brazo, era un libro de Paulo Coelho titulado: El manuscrito encontrado en Accra. Estaba sentado en una especie de tumbona con una pierna en alto, al parecer no le regaba bien la sangre y estaba en tratamiento. Me recibió como un niño al que los Reyes Magos le han traído su añorado regalo, rompió el envoltorio y a la vez que me daba las gracias se puso a ojearlo al principio y después como si se hubiera quedado solo se enfrasco en su lectura.
Comprendí que había acertado en el libro y que era mejor dejarle tranquilo, así que me levanté y salí de la sala dónde se encontraba acompañado de otros residentes en parecidas condiciones físicas.
Recordé una frase de la contraportada del libro: “Nadie sabe lo que nos reserva el mañana, porque cada día llega con el mal y con el bien. Así que al preguntar lo que deseáis saber olvidar las tropas que están fuera de la ciudad y el miedo que está dentro de ella. Hablaremos en cambio de nuestra vida cotidiana de las dificultades que debemos afrontar”.
Esto debe pensar Darío, ahora postrado en una cama de hospital, atendido por personas que no saben nada de él y que tampoco les importa lo que haya sido ni tampoco lo que deje de ser. Sin embargo Darío no era como los demás enfermos o los viejos encerrados de por vida en aquel Spandau con flores.
Años atrás, Darío había sido una eminencia en su profesión: Ingeniero Nuclear. Había estudiado en Madrid pero pronto fue a ampliar sus estudios a los Estados Unidos, mente privilegiada, según sus profesores y extraño personaje para sus compañeros de estudios. Pronto consiguió trabajo en España, en aquellos años el Almirante Carrero Blanco estaba muy interesado en la fusión del átomo y se rodeo de verdaderos genios en la materia, se montaron en España unas cuantas centrales nucleares y en todo el proceso intervino Darío.
Solía ir poco por el barrio dónde nacimos; visitaba a sus padres que fallecieron al poco de volver a España y a una hermana algo díscola “casada” con un hippy, bastante en contra de la actividad de su hermano, las visitas terminaban en una trifulca enorme, hasta que una vez muertos sus padres Darío no volvió a ver a su hermana, ahora los parientes que le visitan son primos o sobrinos a los cuales colmó de regalos de sus viajes a los USA y que son como hijos para él.
A la muerte del Almirante hubo muchos cambios en la “empresa” y Darío marchó nuevamente a Estados Unidos hasta que sin saber el porqué regresó a España, se afincó en Ronda provincia de Málaga y nadie supo jamás a lo que se había dedicado ese hombre de pelo cano, perilla rubia y andar encorvado, siempre con un sombre de ala ancha que le daba un aire de turista extranjero.
A los pocos días me llamó, con voz entrecortada me dio las gracias por el libro y me pidió por favor que volviera a visitarle pues quería hacerme partícipe de un secreto.
No tardé en hacerlo, pues la Residencia está a pocos Kilómetros de Madrid por la Nacional uno. El mes de Abril había sido muy lluvioso y Mayo aparecía esplendido ante mis ojos; llegué sobre las doce de la mañana a la Residencia, aún seguían desayunando algunos residentes, atravesé el jardín cuyo aroma embriagaba los sentidos, un jardinero replantaba unas nuevas plantas en las jardineras que flanqueaban el camino, al llegar al porche pude ver a Darío sonriente al otro lado del cristal que separaba este de un enorme salón dónde jugaban a las cartas, o veían la televisión los residentes.
-¿Qué tal mi buen amigo, como te va? Darío estaba exultante, la pierna que tantas molestias le causaba parecía estar curada, su tono de voz era jovial, alegre, una sensación de vuelta a la juventud reflejaba toda su fisonomía.
-Veo que estás bastante mejorado desde la última vez que te ví.
-¡Exacto, mi querido amigo! Creo que he mejorado bastante con un nuevo tratamiento que me están aplicando, he mejorado en movilidad y mis piernas responden sin necesidad de tanto masaje circulatorio, pero te diré con franqueza, yo no confío en el tratamiento pero si en mi propia mente, ahora estoy mejor acompañado, han ingresado en la Residencia a un colega y podemos hablar de nuestros conocimientos sin tener la sospecha de que aburras o desilusiones  a la gente con tus peroratas científicas. ¡Ven, te lo voy a presentar!
Salimos a un jardín interior y en una pequeña mesita un hombre se escondía detrás de un periódico mientras tomaba una taza de té.
-.Isaac, mi amigo Filoxides.
-Isaac se puso en pie, debía medir unos dos metros de altura y su envergadura era enorme, tiempo atrás debió ser un gran atleta pues su constitución le delataba. Me estrechó la mano y a modo de saludo me dijo:
-No le puedo ofrecer nada más que té, aquí el café es malísimo.
Nos sentamos, pedí una botella de agua mineral y escuché a Darío.
-Isaac, trabajó en el departamento de defensa de la marina de Estados Unidos muchos años, luego se casó con una española y se vino a vivir a España, durante algún tiempo dio clases de Física y Química en la Universidad San Pablo de Sevilla hasta que se jubiló, años antes se había divorciado de su mujer y al no tener hijos decidió que dónde mejor podía estar era aquí ¡ Y aquí está!
Reímos los tres mientras me traían el agua pedida.
Es una casualidad encontrarme aquí a Darío, sabía de él por una conferencia que dio en mi Universidad por los años noventa, me sorprendió gratamente por sus altos conocimientos sobre física cuántica y la fisión nuclear, aquella conferencia me dejó atónito pues yo pensaba que los españoles eran grandes literatos pero me encontré con uno de los hombres más preparados en cuanto a la energía atómica.
Le reconocí no tener ni la más remota idea sobre Física Nuclear, pues yo sí que era de los españoles de letras a los que se refería.
-Darío sabe mucho, no solo de Física, sino de buena parte de la Historia de España de la que él fue protagonista.
-Yo era un joven recién salido de la Universidad cuando entré en el grupo de trabajo del General Velarde en la Junta de Energía Nuclear, allí en la Vandellós I, Al General le había tenido de catedrático de Mecánica Cuántica en la Universidad y él me llevó a su equipo.
¡Qué cerca estuvisteis!
¡No, Isaac lo conseguimos! Pero el asesinato del Almirante frenó todo, Franco estaba medio muerto y sus asesores temieron que les pudiera ocurrir lo mismo que a Carrero y se puso fin al proyecto, yo me fui a los USA y el equipo se descompuso, las presiones fueron muy fuertes por parte de los de siempre.
La tarde iba cayendo, habíamos almorzado algo en la cafetería de la Residencia y mis dos amigos seguían hablando en una jerga desconocida para mí, siempre me perdía entre ecuaciones y fórmulas.
Me despedí de mis dos contertulios pues era hora de regresar a Madrid, cuando Issac se dirigió a mí, casi de una manera tenebrosa me dijo:
-Ustedes no saben nada de su Historia reciente, si se desclasificasen totalmente los documentos  que la Embajada americana envió al Pentágono aquí se formaba otra guerra civil.
Darío me acompañó a la puerta, estaba rejuvenecido, no parecía el mismo.
-Te confiaré mi secreto, Isaac me ha pedido que escribamos un libro sobre lo vivido aquellos años, yo conservó muchos apuntes en mis diarios y él tiene mucha información. Creo que será un bombazo que dos viejos abran el cajón de los truenos.
-Bombazo no sé pero peligroso, muy peligroso, hay todavía muchas personas vivas que tuvieron responsabilidades políticas en aquellos años y no les gustaría lo más mínimo verse envuelta ahora en este asunto.
A los pocos meses de mi última visita a la Residencia, Issac murió de un infarto y Darío empeoró gravemente de su enfermedad, a los seis meses también falleció, pues al corriente a sus sobrinos sobre la conversación y les dije que pidieran los diarios y apuntes que debía tener Darió, pero la Residencia no sabía nada de estos papeles y solo les entregó unos libros y fotografías  de la habitación de Darío más ropa y utensilios personales. Si llegaron a escribir algo desapareció con ellos.
Filoxides de Ursalia

martes, 13 de agosto de 2019

Ensoñación


¡Los milagros no existen! Solo existe el esfuerzo, el trabajo, el sacrificio………. ¿Y para qué?  Quizás para conseguir algún premio por ello o simplemente para satisfacción personal. Buscamos el reconocimiento ajeno tanto como la mosca la miel ¿Qué sería de nuestra vanidad sin el eco del aplauso todavía en nuestros oídos? Nos encantaría que anunciara nuestra presencia un heraldo al ritmo de las trompetas. Es así nuestra satisfacción personal, orgullosa, celosa de sí misma, pretendiendo siempre agradar y estar un paso por encima de las expectativas. La vanidad no está reñida con el amor, la primera es femenina por lo tanto necesita del amor para completarse, aunque sea el simple amor propio.

Fiamos todo a la suerte, aunque esta nos haya sido esquiva durante toda nuestra vida, puede que esto le produzca cierto morbo al jugador, al sabio pereza y al iluso obsesión. ¿Qué mayor tentación que apostar y hacerlo fuerte? El jugador ha de tener agallas, siempre como el equilibrista atento para no caer, guardar el equilibrio entre lo apostado y lo perdido, sobrado de valor y suerte ¿O llamémosla inspiración? 

Los sacerdotes deberían ser grandes jugadores, si son capaces de acertar con las almas deberían tentar a la suerte, los rusos lo hacen, estos no temen perder, es propio de su raza son siglos expuestos a la adversidad que cualquier atisbo de cambio es, para ellos, motivo de alegría. Y….¿No es la suerte motivo de alegría?. El español al contrario no es buen jugador, no sabe afrontar cuando la suerte se termina, él continua en el juego hasta que termina desplumado. Ese ejemplo de constancia lo debería aplicar en otros asuntos.

El español es una contradicción, llora cuando está alegre y simula felicidad riendo cuando las penas le afligen, con esto piensa engañar a Melpómene, disimulando la tragedia de su vida ¿No es feliz el español? ¡No, no lo es! Sin darse cuenta o más bien queriéndolo olvidar, siente que ha perdido su sitio en la historia y eso le acompleja, le perturba y le hace un infeliz, entonces lucha contra lo más cercano, los suyos, lo hace como venganza o más bien como auto-destrucción, siente que perdió el tren de la historia, aunque no sabe cuándo ni cómo.

Yo he conocido a pobres que tenían mucho que dar y a ricos secos de corazón y de generosidad, puede que esto se deba a que no pueden dar otra cosa que dinero y esto a cualquier persona honrada le ofende bastante. El pobre da aquello que puede dar, se hurga los bolsillos para ello, estos no son profundos luego encuentra pronto lo que desea. Me temo que el bolsillo del rico es insondable, cuesta un mundo encontrar algo o quizás este vacío como su corazón.

Cada noche escucho un sonido nuevo, es lo aprovechable que tiene el insomnio, te da tiempo a escuchar, el oído está fino, el rocío de la noche debe limpiar el tímpano. Ahora mientras escribo esto escucho el triste maullar de un gato, intento descifrarlo, pretendo usurpar el puesto a Francisco de Asís y poderme comunicar con estos pequeños felinos y si fuera posible con todas las criaturas de la tierra, todas me inspiran confianza y despiertan en mí un deseo de Amor, mientras esto ocurre procuro evitar al hombre. 

Hay que tener una vista muy aguda para ver como se mueven las montañas o puede que muchos años para notar algún cambio, pero todo cambia, todo está en continuo movimiento, los ríos cambian su cauce, los océanos vienen y van cambiando la fisonomía de las costas, los animales se transforman, nueva especies sustituyen a otras más viejas, la erosión cambia desiertos y praderas, bosques y selvas. También el hombre actual será sustituido como lo fue el primero. ¿Será un cambio cualitativo?
Filoxides de Ursalia