domingo, 28 de julio de 2019

ANECDOTARIO MAQUIAVÉLICO


HISTORIAS DE PERROS
Han pasado unos cuantos años desde mi última conversación con Arturo, creo que fue en enero del 2012, recuerdo que hacía un frío del demonio; la noche anterior había nevado sobre Madrid y desde mi casa se veía la sierra coronada por la nieve.  El encuentro fue como casi siempre, Arturo solía tomar café muy cerca del parque dónde yo solía sacar a pasear a mi perro Morgan; aquella mañana no me apetecía mucho el pasear al animal ni a él el estar en la calle así que me acerqué a la cafetería a comernos unos churros (a Morgan le encantaban). Teníamos habilitado un lugar fuera del local que se comunicaba con el interior por una ventana desde la que nos servían a todos los “perreros”, Mario un muchacho rumano que llevaba en el café varios años de camarero en cuanto nos vio llegar nos preparó dos raciones de churros y un descafeinado en taza grande, era nuestro desayuno diario. El frío a esas horas de la mañana había amainado un poco, los tenues rayos del sol ya aparecían sobre los edificios cercanos y el bullicio del ir y venir de la gente empezaba a notarse como todos los días laborables.
Sentado en la terraza del café, leyendo el periódico estaba Arturo siempre con su taza caliente que apuraba sorbo a sorbo con un deleite oriental. A él no le importaba el frío ni el calor, su porte enjuto, delgado y alto como un ciprés le daba un aire mayestático muy acorde con su personalidad pues no me extrañaría que fuera de estirpe noble tanto por su físico como por sus ademanes. Persona culta y sumamente educada estaba enamorado de mi perro y probablemente de todos los animalitos de la creación pues no era raro verle rodeado de jilgueros y palomas a las que alimentaba con sumo placer.
Me invito a sentarme en su mesa y le ofreció un pedazo de tostada a Morgan que este engulló de un bocado, nos echamos a reír mientras pedía un nuevo café para él invitándome a que yo tomarse otro, se lo agradecí pero mi tope estaba cubierto y solo tomé agua.
Hablamos durante un buen rato de perros, me contó que había tenido varios, todos mestizos y que fueron muriendo de viejitos, ahora solo tenía un gato que se había encontrado abandonado en la calle.
Después de un buen rato hablando sobre cosas de perros me hizo una solemne confesión: Creo que en mi próxima reencarnación seré un perro lobo. Esta afirmación no tendría nada de extraño si no fuera por el cambio de tono en su voz y el brillo de sus pupilas.
–Adoro los lobos, continuó mientras sorbía su café.
-Son los animales más inteligentes, sociables y organizados de la Naturaleza.
-Y crueles, añadí yo
-Lo justo para sobrevivir, atacan al débil, al enfermo para subsistir pero el primer bocado es para los lobos viejos, el segundo para los lobeznos y las hembras y el último para el macho alfa. Él mantiene unida a la manada y sanos y fuertes a sus integrantes.
-Creo que destrozan rebaños por el mero hecho de matar y devorar.
-Puede que sea así, pero no creo que sea para ellos simplemente una orgía de sangre, es más bien un rito, su instinto de guerrero se manifiesta en estos actos de violencia y crueldad, él se siente amenazado por el hombre y sus criaturas por ello les ataca y destruye para dejar testimonio al hombre a quien pertenece ese territorio o quién es el señor del mundo. Estoy convencido que si hubiera lobos en tierras de leones los primeros expulsarían a los segundos por estar mejor organizados y sobre todo porque un lobo sería incapaz de atacar a una de sus crías aunque estuviera muerto de hambre y el león lo hace frecuentemente y a de ser la leona la que lo evite.
Guardamos silencio durante un rato, mientras tanto Morgan, como si estuviera encantado de lo que oía, miraba casi con devoción a Arturo sentado sobre sus dos patitas traseras.
-Creo que la necesidad es la que marca la conducta de los animales, sobre todo a los salvajes.
-¡Si, es correcto! Pero no todos se comportan igual ante la adversidad, el hambre o la enfermedad. He visto en León manadas de lobos bajar de la sierra perfectamente organizados, con los jóvenes en cabeza, los más viejos a continuación seguidos por las hembras y los cachorros, otro grupo de jóvenes cazadores y por último el más grande, el macho alfa cerrando la marcha. Es el ritmo de los ancianos el que marca la marcha a seguir, ellos son los que por su edad no están en situación de ir deprisa y el resto del grupo se adapta a ellos, son el ayer pero el resto de lobos les respetan y darán su vida por ellos si fuera necesario.
Morgan ya no está, hace de esto un año. Voy recordando toda esta conversación mientras nos dirigimos mi mujer y yo a la residencia de ancianos dónde está ingresado desde hace cinco años el bueno de Arturo, al no tener familiares vivos, le visitamos con cierta frecuencia sus amigos “perreros”, en la residencia no dejan entrar perros pero si en el jardín cercano al aparcamiento, allí Arturo el futuro lobo se recrea acariciando y jugando con los perritos que le van a visitar.
Filoxides de Ursalia

domingo, 14 de julio de 2019

Mi acuerdo con Láquesis.




He ido perdiendo familiares, perros y amigos por este orden, a todos Átropos les corto el hilo de la vida, utilizando sus “detestables tijeras” cuando considera que ha llegado la hora de morir. Al igual que el resto de sus hermanas las Moiras, es implacable y estoy seguro de que mi hebra ya estará cercana al filo de sus tijeras.

El perder seres queridos te hace reflexionar, sobre todo cuando vas llegando a una edad de “riesgo”, aunque cierto es, que la rueca donde hila la hebra de la vida  Cloto  y que después Láquesis mide y echa a suertes el siguiente paso, puede llegar en cualquier momento, lo aparentemente normal es que esta se dilate hasta llegar a edad madura.

Sin darnos apenas cuenta, pues la rueca hila en corto, nos encontramos en la puerta del Hades con un óbolo en la boca previo pago al barquero.
Mi perdida más sentida fue mi Padre, quizás por ser el primero y a la vez la persona que más he querido en ese momento, su marcha me dejó desprotegido, indefenso, no lo esperaba por que fue fulminante, en pocos días el mal se lo llevó en brazos de Thanatos.
Aquella perdida tan dolorosa me hizo reflexionar sobre la cortedad y el sentido de la vida, pensé en todo aquello que había dejado de hacer y que no podría recuperar y a la vez me afirmé en lo que si me quedaba por hacer y debía de hacerlo sin falta.

Lo  primero era proteger a los míos de una muerte dolorosa ¿Cómo podía hacer tal cosa? Yo no tengo ningún poder sobrenatural para decidir sobre el destino de las personas y los animales. Debía evitar el dolor ante todo, ya que no podía controlar la inmediatez de la muerte.
Después la Parca se llevó a mi Madre, también aquí Átropos actuó con rapidez, el dolor fue mínimo y la muerte inminente, sin la horrible agonía de Enios, Hipnos le adormeció sin que las viejas Grayas pudieran actuar y así evitó el dolor.

Han sido las dos muertes más cercanas de mi familia, amigos los voy perdiendo de mayor, aquí mi sensibilidad es otra, el corazón se encallece entiende que las Moiras hacen su trabajo. El sufrimiento que me causó la muerte de mi Padre fue tremendo, para mi cerebro era incomprensible pero para mi corazón supuso una herida irreparable.

Su edad y su salud de hierro no hacía presagiar una enfermedad tan letal y una muerte tan rápida, la muerte de mi Madre, aunque igual de dolorosa, era más previsible pues sobrepasaba los ochenta años y su salud siempre había sido muy delicada, no por ello fue menos desgarradora su muerte para mí, en ese momento comprendí que el cabeza de familia era yo y mi responsabilidad se acrecentaba al igual que el miedo a no ser capaz de llevar esa carga.

Pero si había unos seres que estaban bajo mi total tutela, mis perros, Blondy, Sussi y el último Morgan. Yo no era su amo, nunca me consideré con ese atributo si se le puede considerar así, era su padre, su protector y a la vez su hermano mayor. Les cuidamos, les alimentamos, dormían a nuestro lado y vivan con nosotros y al referirme a vivir lo escribo con todas las consecuencias, mis perros eran una prolongación de la familia. Sacrifique el que mi nieto pudiera venir a nuestra casa a causa de la alergia que tiene a los animales pero Morgan tenía sus derechos y ninguna culpa de ello.

Digo que acordé con Láquesis que mis perros no sufrirían, debían tener una muerte digna y sosegada, Blondy enfermó, la operamos y la pobre murió a mis pies, me habían asegurado que la operación iba a ser un éxito y no fue así pero al menos no sufrió, los calmantes y el cariño le hicieron felices los últimos días.

Sussi empezó a cambiar de carácter, en pocos días se fue apagando, se cansaba, le costaba subirse al automóvil y le teníamos que ayudar, le hicieron unos análisis y nos dijeron que la metástasis le alcanzaba al estómago y los riñones y tomamos la decisión más dura de nuestra vida sacrificarla, los ojos del animal mientras le dormían eran de agradecimiento, su mirada tan firme se despedía de nosotros mientras la droga iba haciendo efecto.


Morgan nos ha cogido más viejos, más sensibles y aunque era el perro más rebelde que habíamos tenido probablemente es el que más cariño hemos tenido. Su infancia había sido todo un trauma de recogida en recogida y de estas al Refugio de perros, le adoptamos con un año de vida, sus mejores momentos cuando uno es cachorro los había perdido de jaula en jaula, pronto se hizo el dueño y señor de la casa, era un perro alfa y muy difícil de someter pero noble como ninguno, también enfermo con once años y aún tengo grabada en la retina su final.
Láquesis me permitió que yo fuera el “dador de vida” y espero  que la compensación de nuestro trato tarde en llegar.
                                                                                                                                 Filoxides de Ursalia

viernes, 12 de julio de 2019

Un año sin Morgan




Ya ha pasado un año desde que tuvimos que sacrificar a nuestro querido Morgan, un año ya. Son muchas las cosas que le pueden ocurrir a una familia durante este corto espacio de tiempo, nosotros y especialmente yo me he quedado sin un amigo con el que compartir esos paseos a veces incómodos y hasta molestos pero que ahora me parecen los mejores momentos de mi vida. Ver correr a Morgan por el campo detrás de conejos, gatos o cualquier otro animal nos causaba un enorme placer a  nosotros, meterse en el agua del Lozoya o de este Jarama con toda la prudencia del mundo nos resultaba hilarante, Morgan no era un hábil nadador y el agua especialmente la del mar le superaba, eso de ver llegar las olas y empaparle sin que se diera cuenta le causaba pavor, el pobre nos miraba para que le libráramos de aquel suplicio, el agua no le gustaba.
Puede coincidir con la edad pero este año físicamente lo he notado, los paseos con Morgan me obligaban a andar durante un espacio de tiempo dos y hasta tres veces diarias,

si no tenía que bajarle a la calle de madrugada por qué no se podía contener, eso aunque me molestase en el momento resultaba bueno para mis piernas, ahora aparte de haber engordado me encuentro fatal con las piernas. Morgan era sin darse cuenta mi preparador físico y yo a la vez el suyo, nos compaginábamos y esto era muy bueno para mi salud, ahora me cuesta una barbaridad salir a pasear, no le encuentro sentido, me aburro y aunque salgo junto a mi Ana, no es lo mismo nos falta Morgan.
Ese golfante nos ha dejado bastante solos.

Al Fuego del Hogar





Una vez un hombre sabio me habló sobre la importancia del fuego en el hogar, me contó que junto al leño ardiente, al calor de este, en ese recinto dónde se cocinaba y se hacía vida familiar se había forjado la civilización.

Me hizo reflexionar sobre tal importante hecho y su importancia en el desarrollo de la historia familiar. Siempre al calor de este fuego, de su luz, del encanto que trasciende de las brasas chisporroteando en mil tonalidades iluminando las noches de invierno y escuchando la voz del más anciano que nos deleitaba contando historias míticas, de héroes y gigantes, íbamos imaginando un mundo ideal.

Hoy la llama del Hogar se ha apagado, es la muerte del Hierofante. Él nos revelaba pequeños secretos que para nosotros pequeños infantes eran todo un mundo de ilusiones y contrastes. Temíamos encontrarnos con Circe y que al igual que a Ulises nos convirtiera en borregos o a las Erinias engalanadas con sus túnicas negras y nos robaran nuestra cordura. Soñábamos con el viejo Agamenón o con Héctor el troyano.

Un mundo de ideales, de sueños y realidades entremezcladas que nos unían al pasado con un fuerte cordón llamado Tradición, era nuestra Historia, la de nuestros padres y abuelos; este se sentaba en el viejo sillón que todos respetábamos pues era el sillón del abuelo y desde allí rodeado de una pequeña jauría de chiquillos, contaba cuentos e historias de sus padres y abuelos, así fue durante generaciones, de esta forma llegaron hasta nosotros la Historia, la verdadera historia, la que a veces deforman los libros.

Al morir el abuelo, inmediatamente le incorporábamos a la Historia, ya era parte de ella, desde este momento era un héroe más de los mil que nos había contado y así generación tras generación el abuelo se hacía parte de la historia.

Romper este lazo de de unión entre unas generaciones y otras es el derrumbe de la civilización, el recuerdo de nuestra historia personal encajada en los acontecimientos de la época vivida nos hacía comprenderla de una manera diferente al hecho frio de un libro de historia, nuestra historia estaba llena de matices, de pequeñas anécdotas, se incorporaban otros personajes que enriquecían esta.

Así fue durante años, siglos, muchas generaciones lo vivieron así y de este modo lo transmitieron. La historia se enriqueció con el mito o este se convirtió en historia; hombres, animales, dioses, todos en un mismo plano, próximos, cercanos, estaban allí a nuestro lado y gracias al viejo abuelo que recordaba y enriquecía la historia con una y mil ocurrencia.

Si esto se pierde perdemos el sentido de la vida, de nuestra vida pues en la historia está el porqué de nuestra existencia actual, nuestra ontología; el desapego hacia el que nos dirigimos será en última instancia el final de nuestra historia, se romperá el lazo de la tradición y cualquier factor externo será más creíble que nuestra propia existencia, lo anterior se volverá difuso irreal y perecedero, lo iremos olvidando y la siguiente generación ya no tendrá constancia de ello, la historia, nuestra historia habrá desaparecido y con ella recuerdos y tradiciones, mitos y leyendas, sueños y realidades propias de un linaje concreto, la estirpe se volatizará como por encanto y ya nada tendrá sentido.
Filoxides de Ursalia