domingo, 12 de abril de 2020

La condena de los viejos.






El transcurrir de la vida suele ser en muchos casos un camino hacia ninguna parte, un camino rara vez apacible pues este suele verse dificultado por distintas causas algunas muy graves. Antiguamente se tenía en gran consideración a los ancianos, decían que eran fuentes de sabiduría no solo por su longevidad, a veces esta no sobrepasaba los cincuenta años, sino por las efemérides pasadas, algunas verdaderas tragedias de las que se salía con vida por verdadera fortuna. Ahora ocurre lo mismo pero mayor pues el periodo de vida ha aumentado hasta llegar a los ochenta y en ya muchos casos superarlos.


La vida se eterniza para muchos, los que por desgracia han padecido el horror de la guerra y sufrido sus consecuencias, estas personas están estigmatizadas de por vida, el temor a volverlo a repetir les acongoja y les hace ver el presente y hasta el futuro con bastante temor.
Nunca se ha tenido piedad para los ancianos, siempre han sido un estorbo tanto en la huida del ejército vencido como en la gloria del vencedor pues siempre eran censores críticos de la actuación de estos por sus vivencias y la experiencia que da esta.

Los gobiernos actuales ven otra carga nueva, se habla del envejecimiento de la población de una manera alarmante, como un castigo del estado del bienestar que da cobijo a tantas “manos inertes”, los ancianos se unen a los parados, los subsidiarios, son las cargas públicas que el Estado debe proteger y alimentar.

Así se vende de una manera subrepticia al resto de la población para crear un estado de ánimo dónde el anciano considerado viejo en tono despectivo es un sobrante humano, una lacra par el bienestar de la sociedad y por lo tanto sobra.

Se busca la manera de apartarlos del elemento productivo aislándolos en residencias, algunas de las cuales son verdaderas cárceles, se les aísla para que el egoísmo humano haga el resto, visitas cada vez más espaciadas, soledad, perdida de autoestima, otras enfermedades y por fin la muerte. Poco a poco esta nueva eugenesia selecciona a los válidos como fuerza productiva y elimina a los que solo son una carga para el bienestar del resto.

 El desprecio con que los jóvenes tratas a los viejos es indecente, ya no suponen una fuente de sabiduría, los jóvenes desde un pensamiento cretinista se consideran superiores sin darse cuenta de que en el proceso vital tarde o temprano caerán en el lado que hoy desprecian.

¿De dónde sale esta manera de pensar? Evidentemente es una obra de ingeniería de marketing orquestada desde las más altas instancias de las finanzas, por su control sobre los gobiernos de turno y el dominio de los medios de comunicación, claros oráculos de las ideas de sus amos.

Lo viejo sobra, no como podría pensar Marinetti o los futuristas de principios del siglo veinte, él se refería a los conceptos del arte y la política no a la condición humana. El viejo considerado como fuente de inspiración a los pueblos antiguos ha dejado paso al monstruo de las estadísticas, ellas son las que marcan las pautas a seguir, sea para la repoblación de las cacatúas como la siembra de la remolacha, estas deciden el número de quien tiene derecho a vivir y los que por desgracia deben dejar sitio para los que vienen detrás. Comenzó con la planificación familiar, el aborto indiscriminado y ahora le sigue el exterminio de los viejos.

Una humanidad gregaria, envilecida por el consumo, acogotada por las hipotecas, los contratos basura, el empleo precario y la falta de oportunidades estará siempre al servicio del poder de una manera eficaz por su rendimiento y sometida por sus necesidades, rezando hasta los muy ateos para que no les quiten el subsidio por desempleo mientras los que gobiernan a los que gobiernan deciden los pasos a seguir en un futuro horrible y desesperante.
Filoxides el Crítico