lunes, 30 de abril de 2018

En el Septuagésimo tercer aniversario del Paso al Interior.



“Ni por tierra ni por mar hallarás el hogar de los Hiperbóreos”
Pitheas de Massalia

Un cadáver yace sobre su silla de trabajo, la sien ensangrentada, un horrible agujero atraviesa el cerebro, nada queda en ese cuerpo sin vida, está vacío su ocupante recorre los túneles de la Ciudad del Oso acompañado de sus últimos Bersekers, sus Héroes Insurrectos, la batalla, por ahora, ha sido ganada por los Jotus que al mando de Loki pretenden invadir el Último Reducto y de allí dar el salto al Valhalla, morada de los Dioses, y acabar con estos.

El Avatara, ha cumplido su objetivo, pues lo que se pierde aquí abajo se gana allí arriba, ha desenmascarado al enemigo de la Humanidad y despertado la conciencia de esta, ahora hasta el próximo regreso volverá a su Thule Hiperbórea, allá en los lejanos hielos del Sur que antes fue el Norte. Allí reorganizará sus Wildes Herr y una vez cumplido esto cruzará el Bilfröst,  Heimdall le reconocerá y tocará el cuerno avisando a todo el Asgard que Baldur el mejor de los Aesir regresa a la Casa del Padre.

Los Aeser y Vanires salen a su encuentro ¡Baldur ha vuelto! Gritan por todo Asgard ¡ El malvado Loki no ha podido con él!

Baldur se ha convertido en un Haunebu impedirá que el Ragnarök alcance a los siete Mundos, al menos por un milenio.

Abajo en Midgard el caos y la destrucción continuará por años, la Hidra de tres cabezas tiñe de rojo a la mitad de la tierra, es una victoria relativa y su poder acabará con ella misma antes de que se consume el siguiente ciclo solar.

Luego todo se consumirá en el ardiente reino de Muspelheim hasta que desde los Hielos que protegen la Tierra Interior emergan los Hijos del Sol desde las raíces de Iggrassil hasta el Valhalla en lo que será la Ultima Batalla.

Las Nornas  predijeron el pasado, el ser y lo que vendrá poco a poco han ido hilando a los pies del Sagrado Fresno.
Filoxides de Ursalia

domingo, 8 de abril de 2018

Los hijos de Seth


Sigue los dictados de tú corazón.

Le oí decir a un pobre anciano hace no mucho tiempo:

 “El corazón sana si su fuerza se impone al miedo del cerebro”

Hoy día el corazón se desangra, el veneno con el que se le alimenta ha superado a la sangre que antes corría limpia por sus arterias. Se ha envilecido por ello y ahora es un simple músculo de nuestro organismo.

Le pregunté al anciano si esto era recuperable, si cabía la posibilidad de una regeneración y si de alguna manera se pudiera regresar a un momento mejor.

El anciano miró al cielo, sus ojos brillaban como si en un instante hubieran recobrado su agudeza juvenil. Después, un instante después, volvió su mirada hacia mí y me contesto con toda rotundidad.

-¡Hay demasiada inequidad en la humanidad como para que esto pueda cambiar!

Y, haciéndome un gesto con su mano izquierda, me invitó a que le siguiera. Nos acercamos a una higuera enorme en dónde me invito a sentarme.

-La sangre pura lleva la semilla del conocimiento y nos permite ver las cosas con “claridad”, es por ello que nuestros antepasados consideraban que el Espíritu residía en la sangre de la que se alimentaba y por la que trascendía su sabiduría a sus hijos y nietos. Hoy el mestizaje ha debilitado a todas las razas que al perder la pureza de su sangre han perdido con ella el Saber Primordial, la memoria de pueblo, familia y raza. Hoy solo unos puros de corazón mantienen la herencia de sus ancestros evitando que la sangre sea mezclada.

-¿Quedan hombres puros?

-¡Si, por supuesto que sí, en todos los rincones de la tierra, en los desiertos áridos, en los fríos hielos, en los oscuros bosques y las selvas más cerradas, hay todavía hombres que conservan lo que se puede llamar Conciencia de Sangre, ellos la van pasando de padres a hijos y estos a los suyos así hasta el final de los tiempos.

La noche se nos echaba encima, descendemos con sumo cuidado por una ladera que nos lleva al pueblo, atrás queda sola la higuera o quizás no, quién sabe. Caminamos con paso cansino, el paso del caminante fatigado por la edad y las secuelas de la vida. Voy pensando en las palabras del anciano cuando me viene a la mente una frase que leí hace muchos años:

“He sido un hombre que busca y aun lo sigo siendo, pero ya no busco en las estrellas y en los libros, sino en las enseñanzas de mi sangre”

Con este pensamiento de Herman Hesse llegamos al pueblo, ya es de noche, el sol se ha ocultado por completo, las lámparas se han encendido e inundan las calles con su luz amarillenta. El anciano, que no ha vuelto a hablar en todo el trayecto, se para ante un portalón grisáceo y se vuelve hacia mí.

-Aún puede haber un atisbo de cambio, pero para ello hace falta una “transfiguración del hombre” y para esto se requiere un Avatar, una encarnación de un dios que ayude a redimir a la raza humana.

-Ya tuvimos uno y le crucificamos.

-Probablemente no fuera ese su cometido entre nosotros. O simplemente era uno de los muchos profetas que invadieron Medio Oriente en aquellas épocas. Mi querido amigo yo habló de más lejos, de otras Eras y el Avatar o Reencarnación debe girar la rueda hacia atrás completamente hasta alcanzar el Punto Primordial, la Edad de Oro, el tiempo perdido, el Reino de Seth y el despertar de la Humanidad.

El viejo tiene fija la mirada en mí, sus grises ojos están clavados en los míos, es una mirada de acero, no puedo evitar la mirada aunque me hace daño.

-Sin desprenderte de las ataduras morales actuales, nunca podrás comprender nada, la Tradición Mágica solo es conocida por un grupúsculo de Iniciados, ellos esperan el día en el que la Energía Solar consuma esta bola para que a su vez pueda en su destrucción volver a generar vida y volver al principio. Así ha sido y así volverá a ser.

Y sin más desapareció detrás del portalón grisáceo. Muchas son las sombras que el anciano ha dejado en mí, gnosis, nuevos o viejos Mesías, edades de oro, antiguas creencias. Y nuevamente me vuelve a la mente otra frase:

“Escribe con tú sangre y verás que esta es Espíritu”

Dejo atrás el portalón sin fijarme en el símbolo que hay sobre la puerta. Dos dragones uno a cada lado de una cara de niño y debajo un lema “hijos de Seth”.