Sigue los
dictados de tú corazón.
Le oí decir
a un pobre anciano hace no mucho tiempo:
“El corazón sana si su fuerza se impone al
miedo del cerebro”
Hoy día el
corazón se desangra, el veneno con el que se le alimenta ha superado a la
sangre que antes corría limpia por sus arterias. Se ha envilecido por ello y
ahora es un simple músculo de nuestro organismo.
Le pregunté
al anciano si esto era recuperable, si cabía la posibilidad de una regeneración
y si de alguna manera se pudiera regresar a un momento mejor.
El anciano
miró al cielo, sus ojos brillaban como si en un instante hubieran recobrado su
agudeza juvenil. Después, un instante después, volvió su mirada hacia mí y me
contesto con toda rotundidad.
-¡Hay
demasiada inequidad en la humanidad como para que esto pueda cambiar!
Y,
haciéndome un gesto con su mano izquierda, me invitó a que le siguiera. Nos
acercamos a una higuera enorme en dónde me invito a sentarme.
-La sangre
pura lleva la semilla del conocimiento y nos permite ver las cosas con “claridad”,
es por ello que nuestros antepasados consideraban que el Espíritu residía en la
sangre de la que se alimentaba y por la que trascendía su sabiduría a sus hijos
y nietos. Hoy el mestizaje ha debilitado a todas las razas que al perder la pureza
de su sangre han perdido con ella el Saber Primordial, la memoria de pueblo,
familia y raza. Hoy solo unos puros de corazón mantienen la herencia de sus
ancestros evitando que la sangre sea mezclada.
-¿Quedan
hombres puros?
-¡Si, por
supuesto que sí, en todos los rincones de la tierra, en los desiertos áridos,
en los fríos hielos, en los oscuros bosques y las selvas más cerradas, hay todavía
hombres que conservan lo que se puede llamar Conciencia de Sangre, ellos la van
pasando de padres a hijos y estos a los suyos así hasta el final de los
tiempos.
La noche se
nos echaba encima, descendemos con sumo cuidado por una ladera que nos lleva al
pueblo, atrás queda sola la higuera o quizás no, quién sabe. Caminamos con paso
cansino, el paso del caminante fatigado por la edad y las secuelas de la vida.
Voy pensando en las palabras del anciano cuando me viene a la mente una frase
que leí hace muchos años:
“He sido un
hombre que busca y aun lo sigo siendo, pero ya no busco en las estrellas y en
los libros, sino en las enseñanzas de mi sangre”
Con este
pensamiento de Herman Hesse llegamos al pueblo, ya es de noche, el sol se ha
ocultado por completo, las lámparas se han encendido e inundan las calles con
su luz amarillenta. El anciano, que no ha vuelto a hablar en todo el trayecto,
se para ante un portalón grisáceo y se vuelve hacia mí.
-Aún puede
haber un atisbo de cambio, pero para ello hace falta una “transfiguración del
hombre” y para esto se requiere un Avatar, una encarnación de un dios que ayude
a redimir a la raza humana.
-Ya tuvimos
uno y le crucificamos.
-Probablemente
no fuera ese su cometido entre nosotros. O simplemente era uno de los muchos
profetas que invadieron Medio Oriente en aquellas épocas. Mi querido amigo yo
habló de más lejos, de otras Eras y el Avatar o Reencarnación debe girar la
rueda hacia atrás completamente hasta alcanzar el Punto Primordial, la Edad de
Oro, el tiempo perdido, el Reino de Seth y el despertar de la Humanidad.
El viejo
tiene fija la mirada en mí, sus grises ojos están clavados en los míos, es una
mirada de acero, no puedo evitar la mirada aunque me hace daño.
-Sin
desprenderte de las ataduras morales actuales, nunca podrás comprender nada, la
Tradición Mágica solo es conocida por un grupúsculo de Iniciados, ellos esperan
el día en el que la Energía Solar consuma esta bola para que a su vez pueda en
su destrucción volver a generar vida y volver al principio. Así ha sido y así
volverá a ser.
Y sin más
desapareció detrás del portalón grisáceo. Muchas son las sombras que el anciano
ha dejado en mí, gnosis, nuevos o viejos Mesías, edades de oro, antiguas
creencias. Y nuevamente me vuelve a la mente otra frase:
“Escribe con
tú sangre y verás que esta es Espíritu”
Dejo atrás
el portalón sin fijarme en el símbolo que hay sobre la puerta. Dos dragones uno
a cada lado de una cara de niño y debajo un lema “hijos de Seth”.