sábado, 4 de enero de 2020

La Historia de un trilero



(Homenaje a Pedro Sánchez)

Al parecer ya tenemos Presidente o al menos a estas horas se está gestando su investidura. Ni el bombardeo con el que ha sido atacado por parte de la oposición, principalmente por el “Jefe de la oposición” Pablo Casado que hubiera tumbado al más fuerte por la contundencia de sus argumentos que rayaban el límite del desprecio, la ironía y el odio que el futuro Presidente ha generado en muchos ámbitos de la sociedad española incluyendo su propio partido. Sánchez puede que se merezca esto y más pero personalmente me duele que por la ambición del que quiere a toda costa el cargo las instituciones españolas queden en entredicho, el Congreso parecía un enorme bazar dónde el más pillo de la casa pretendía embaucar a todos con una cara dura sin parangón en este hemiciclo.

Sánchez miente, eso es patógeno en él, miente consciente o inconscientemente, eso es lo de menos,  pues basa todos sus razonamientos en el embauque, dice una cosa y la contraria en menos de veinticuatro horas sin el mínimo de pudor, le da lo mismo contradecirse pues se piensa estar muy por encima del resto de los mortales, es en definitiva un mediocre político pero un gran embaucador y eso al parecer no le ha pasado factura en una sociedad cada vez más enfangada por esos mismos políticos que le alientan y le apoyan. Las prebendas, los subsidios, las partidas del presupuesto que regala a cualquier causa que le reafirme en su propósito “progresista” palabra de la que se adueñado, contante en el discurso de su socio Iglesias, y que conforma su “visión” de gobernar.

Ha mentido en repetidas ocasiones, miente y mentirá, sus pactos con el republicanismo sectario y separatista lo demuestra así como el bochornoso abrazo con Iglesias al que repudiaba días antes pues representaba al chavismo y su ruina social y económica. Su carta de presentación es esa, la voluptuosidad, el personalismo, esa falsa creencia de ser el mejor y su falta de escrúpulos, una amalgama de “virtudes” que hacen del personaje un ser patético en lo elemental y diabólico en lo que proyecta.


Puede que para España sea una cura necesaria para que en el tiempo que esté en el poder y si conseguimos sobrevivir a  ello nos demos cuenta que votar es algo serio, que los partidos son una lacra pues están en manos de dictadorzuelos como este y que el imperio de la Ley debe estar siempre, digo siempre por encima del político y no dejarse nuevamente engañar por “Mesias” que lo único que traen es paro, miseria y desigualdad en aras de un “progresismo” basado en ideas trasnochadas del siglo XIX y que vimos su florecer en todo su horroroso apogeo en el siglo XX y aún siguen quedando rescoldos por ese mundo de Dios.
Filoxides el Crítico

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