lunes, 7 de noviembre de 2016

Sueño Décimo Sexto



A las seis de la mañana Wolf me despierta algo agitado.
-Nuestros amigos yazidíes se han marchado, no están ni sus cosas ni ellos.
-No te alarmes, ya nos dijeron que no estaban interesados en las palabras que nos pudiera decir Loup Le Blanch por lo que probablemente estarán maquinando como enfrentarse a su enemigo acérrimo y de qué manera no interferir en mi intención de enfrentarme a él.
-Eso espero, me suelta Wolf no muy convencido, eso espero repite mientras se dirige hacia la cocina donde por el aroma debe estar preparando café.
Al rato parece con dos tazas de café humeante y unas rebanadas de pan con mantequilla.
-Hay que comenzar bien el día. Cuando acabemos de desayunar le voy a mostrar unos breves apuntes que H.H me dio antes de morir, tratan sobre el mal y el bien de una forma algo diferente a lo que hasta ahora los religiosos o los organismos universitarios han sostenido durante estos años.
-Perfecto Wolf pero antes me ducharé para despabilarme un poco pues anoche caí rendido, hacía tiempo que no dormía tan profundamente.
-De acuerdo, estaré esperándole así mientras recojo un poco esto.
Wolf se aleja hacia la cocina y yo me dirijo al baño, al llegar allí me fijo en una hoja doblada que está sobre una especie de cómoda que hay en el pasillo que separa el saloncito de la habitación donde dormimos los primos yazidíes y yo. La nota dice así:
“Apreciado amigo, nos adelantamos a Usted pero no se preocupe, estaremos presentes en su reunión con el Ángel Negro, antes es necesario que hablemos con nuestros Maestros al igual que Ustedes hablarán con su pretendido confidente”.
Al poco llega Wolf con unas cartas y apuntes en una carpeta que perteneció a Hesse, allí hay fotos de sus reuniones con colegas, una especialmente dedicada de Serrano,  algún estracto sobre un desencuentro con cierto clérigo católico, cartas entre ambos sobre religión algunas notas para  futuros libros,  una carta de un congresista norteamericano referente al servicio militar en America, recortes de prensa sobre su influencia en el movimiento hippy, algunas cartas de admiradores y una extraña figurita geométrica que no sabemos ni Wolf ni yo que significa, la adjuntamos a los papeles que llevo y que le enseñaremos a Henry y partimos a su encuentro.
Sobre las doce llegamos al lugar donde se celebrará la conferencia de Henry Loup le Blach, el sitio es un palacete algo destartalado cubierto de enredadera y musgo en su exterior, no muy bien cuidado y que parece representar la decadencia de cierta burguesía de la zona. Presentamos las invitaciones a un joven con aspecto de gendarme que hace guardia en la puerta del caserón y pasamos al interior, hemos llegado hasta el lugar en el coche del amigo de Wolf, el que nos proporciono las invitaciones, un hombre de unos sesenta años, semi calvo con una enorme cabeza y de mediana estatura, tiene la nariz achatada como de boxeador aunque su aspecto físico representa más a un oficinista que a un hombre de acción.
Una vez dentro del salón  observo la decoración típicamente medieval muy al tono de la ciudad donde está enclavado el palacete pero que choca con las butacas y la pantalla colocada para apoyar al conferenciante en su exposición. Unos extraños cuadros llenan las paredes del salón, son imágenes de asedios, asaltos a fortalezas. hogueras, y temas similares. Una cruz paté occitana preside el salón por encima de la pantalla como si en un altar esta sobresaliera sobre el misal donde el sacerdote consagra la misa.
Las gentes que se van acomodando son muy variopintas, principalmente personas de edad avanzada aunque veo también algunos jóvenes y sorprendentemente dos sacerdotes.
De pronto, por un lado del salón aparece un espigado caballero con una especie de capa sobre una túnica negra, lleva en su mano derecha un maletín y en la izquierda un bastón de metal, probablemente plata en el que se apoya, hay que reconocer que la puesta en escena es sensacional pues al salir el personaje unas luces le han ido siguiendo hasta que se ha colocado en el centro de un altillo también adornado con cruces patés y otros símbolos poco conocidos al menos para mí.
Las luces del salón se van apagando y solo se mantienen encendidas las que rodean el supuesto “altar”.
La exposición de más de dos horas se basa principalmente sobre los diez últimos años del catarísmo, su persecución por parte del Rey de Francia Felipe Augusto y el papa de Roma Inocencio III, nada nuevo que no sepamos tanto Wolf como yo que aguantamos las dos horas muy a nuestro pesar, hoy día se ha escrito tanto sobre los albigenses que todo está más que sabido y el tal Henry no nos aportó nada nuevo, aunque lo cierto es que nosotros no estábamos allí por eso sino por la indicación de Hesse para que me pusiera en contacto con aquel estrambótico sujeto.
Por fin la conferencia termina, algunos los más jóvenes le hace ciertas preguntas, seguramente para alguna tesina o trabajo para la universidad y poco más, Henry firma unos cuantos libros y algún autógrafo y se dirige hacia la puerta de donde salió.
-Monsieur Loup , s´il vous plait. Le grito antes que desaparezca detrás de una amplia cortina de color roja.
-¿Oui?
-Perdón Señor pero necesitamos hablar con Usted le digo casi cerrándole el paso.
-¿Quiénes son Ustedes y que es lo que quieren? Contesta  Henry algo alarmado.
-Venimos en nombre de Herman Hesse para hablar con Usted de un asunto para nosotros muy importante.
-Ah….. ese viejo truhan ¿No había muerto?
-Si, hace unos meses.
¿Y qué quiere ese pequeño burgués de un santón como yo?.-
Si pudiéramos hablar en un sitio más intimo se lo agradeceríamos, es un tema delicado y requiere un poco de su tiempo por lo que le ruego que nos conceda este favor.
-Está bien, pero tengo algo de prisa, bueno como todo el mundo hoy en día, no es ninguna novedad pero solo les puedo atender unos minutos.
-Señor Loup le Blanch voy a ir al grano, pretendo retar a Mefisto en una partida de ajedrez algo especial y Hesse me dio las pistas para poder hacerlo y en ellas se encuentra Usted como pieza fundamental de la trama.
-Ese viejo loco siempre igual, confundiéndolo todo y a todos. Nos contesta mientras se deja caer en un sillón que hay en la pequeña sala donde nos ha dejado entrar según íbamos hablando.
-Saben Ustedes las grandes discusiones que he tenido con Herman desde que le conocí en Basilea meses después de recibir el Nobel, le dije que no se lo merecía, aunque es cierto que viendo los personajes que lo han recibido después ya no me extraña que se lo dieran.
-Perdone Usted, salta Wolf, no le permito que diga eso de mi Señor durante toda mi vida.
-¡Va…!, no se enfade, pero Hesse era una pura contradicción, ¿Sabía Usted que tonteo con los nazis a la vez que renegaba de lo alemán y se escondía en Suiza?
-¡Suiza no era un escondite sino un exilio espiritual! Le contesta Wolf bastante enfadado.
-Eso era lo más significativo de él que sabía rodear de una aureola mística cualquier gesto aunque este fuera solo un caso de “acomodación según las circunstancias”, él hablaba de su exilio en Suiza, pero los que en aquel momento estábamos cerca de él no lo veíamos así.
-¿Tanto conocía a Hesse? Intervengo yo.
-Mire amigo, mi grupo o mejor dicho mi “academia” le inspiro el Juego de Abalorios, me usurpó de una manera literaria mi personaje de Magister Ludi y hasta se inspiro en mi orden para crear su Castalia. Era una constante contradicción y lo fue hasta su muerte.
-Perdone que le corrija Monsieur Loup pero creo que Usted nunca conoció a mi Señor. Le corta Wolf bastante enfadado.
-Bien, es igual, cada uno tiene su visión del individuo. Le corta Henry.
-¡Está bien….¿Nos puede ayudar o no? Corto tajantemente la disputa.
-Mire…. El tema es muy peligroso, este lugar es especial, rezuma misticismo por todos lados, cada bosque, cada casa, cualquier calle desde Tolosa hasta Montsegur está lleno de simbolismo, aunque el turista o el viajero corriente no lo detecte este es un enclave especial para la espiritualidad y porque no decirlo para todo espiritismo posible. Es famosa entre los grupos o sectas satánicas del lugar una cueva en Lombrives donde afirman haberse encontrado con el Demonio, la policía ha tenido que intervenir en contadas ocasiones para desactivar reuniones o misas negras que estos fanáticos querían celebrar allí, así que no creo que sea un lugar muy propicio para efectuar ese “encuentro”.
-¿Pero nos podría ayudar? Le pregunto mientras le pongo encima de una pequeña mesa que hay enfrente de donde se sentó todos los documentos, fotos y apuntes que tengo del pergamino de Jung o lo que se pudo sacar de él.
-Umm.. Esto es muy interesante, el viejo de Jung trasteaba tanto las mentes que fue capaz de influir bastante en el inconstante Herman, ahora veo que el respeto entre ambos es o era digno de elogio…. Si bastante interesante, si me lo dejasen analizar con tranquilidad podría darles una pista segura sobre lo que pretenden.
-Ahora mismo estamos en sus manos, después de todos los avatares que este manuscrito, o mejor dicho lo que se ha podido sacar del original es lo único que tenemos, esto y su estimable ayuda.
-Mire amigo, las leyendas sobre Lucibel, Mefisto o como quieran llamarle han llenado millones de páginas, cientos de cuadros y posiblemente miles y miles de supuestos encuentro, pero todo si es que una vez lo hubo, fue borrado por la Iglesia, la misma que acabó con mi religión o al menos con aquellos hombres nobles que la fundaron, la extendieron y se consagraron a ella. Yo no tengo ninguna simpatía por esta Multinacional Romana pero tampoco la tengo por el príncipe de las tinieblas, así que si quieren mi ayuda déjenme analizar más profundamente estos símbolos y podré darles alguna respuesta útil en breve.
-¡Cuánto tiempo!
-Tranquilo, solamente unos días y tendré una respuesta, mientras les recomiendo que se den una vuelta por las cien cuevas que hay por la región y observen grabados y escritos en sus paredes, algunos están muy bien conservados otros por desgracia son producto de esa nueva horda de bárbaros que se dicen turistas.
-Perfecto, así lo haremos y dentro de una semana volveremos aquí a por respuestas.
-Aquí no, les espero el próximo sábado en una vieja taberna que hay en la Rue Saint Albert en el centro de Carcassone su nombre es  Le Cheval Noir, este local pertenece a un miembro de mi orden por lo que estaremos muy seguros.
-Allí estaremos.
Filoxides de Ursalia

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