Desde que
un grupo teatral allá por los años setenta puso en escena en una sala del
teatro independiente parisina la versión escénica de “Entreitiens avec le
professeur Y” de Louis Ferdinand Céline no he vuelto a saber nada de este
escritor proscrito.
Céline, es
sin duda alguna, una de las figuras más polémicas de la literatura
contemporánea francesa. Algunas de sus obras siguen aún prohibidas o al menos
silenciadas en muchos países europeos como “Bagatelles pour una massacre” o “Les
beaux draps” paradójicamente después de tantos años de haber sido escritas, en
un país que se enorgullece de ser el baluarte de las libertades.
La obra de
L.F. Destouches (su verdadero nombre) que absurdos prejuicios ideológicos han
obligado a permanecer en la clandestinidad resulta ser una de las más directas,
rudas, expresivas y desenfadadas de los escritores de entreguerras.
Desde su “Voyage
au bout de la nuit” a “L´Ecole des cadavres” sabía su autor que la academia
literaria francesa (Esos mismos que “llegan ochenta años tarde, que escriben
como se pintaba en el Gran Salón de Oro hacia 1862, académicos o antiacademicos….”)
no le perdonaría jamás ni sus ideas ni, sobre todo, su estilo punzante e
hiriente, su lenguaje directo, su crítica de los prejuicios.
(Estracto
de un artículo de José Maria Infiesta en la Revista el Martillo)
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