Siempre me ha encantado la noche, el silencio que conlleva, el
frescor, la oscuridad, todo aquello que tiene el día de esplendor y belleza lo
tiene la noche de solemnidad.
La noche en la sierra tiene un encanto especial para aquellos que nos
gusta la soledad, es una aliada sin igual, te protege y aísla como una madre a
su retoño, sientes que no estás solo que hay mucha vida a tú alrededor, la
notas pero no puedes verla, la oscuridad la esconde en su manto negro.
Noche sin luna, noche oscura. Puede resultar terrorífica para aquellos
que la zozobra y el desasosiego preside su vida pero para los otros los que
esperan tranquilos el devenir del destino es simplemente maravillosa.
La vieja lechuza vigila expectante el trasiego de almas que en la
noche deambulan buscando el sentido a sus vidas, los insectos remueven la
tierra en su constante trajín, aquello que para mí es silencio, grandiosidad y
belleza, es una constante lucha por sobrevivir a las legiones de seres que
pueblan la tierra.
Las nueve Musas tienden sus brazos a los hombres dispuestos a escucharlas
y seguir sus consejos. Si guardas un respetuoso silencio las oirás cantar
acompañando este canto la cítara de Apolo, mientras en el viejo olmo la lechuza,
comadre de la luna, observa el devenir de las cosas, ella observa como los
hombres duermen e inspira a los que mantienen sagrada vigilia para que la
debilidad no se apropie de sus almas y el sueño les venza.
Mientras un enjambre de criaturas siguen sus quehaceres ajenos a mis
divagaciones.
Filoxides
el Crítico
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