Disfruto oyendo
reír a un niño y si este es un bebé mucho más, me reconforta el alma y me
alegra el momento. La risa de un niño es contagiosa, tiene algo de alocada,
salvaje, espontánea, natural, sin artificios, una risa saludable que denota una
sana frescura en una infancia feliz.
La risa es el
termómetro de la salud de un pueblo, esta rige, atempera y hasta condiciona
momentos de tensión o de violencia, no hay nada más disuasorio ante una
discusión que echarse a reír sin causa alguna.
¡Quién de todo se
ríe ese es el que mejor vive! Este refrán se lo escuchaba yo a mi abuela cuando
era un crio y entonces no lo podía entender pues mi vida era un disfrutar
continuo y por ello los momentos de risa eran muy frecuentes.
"Crecerás el día en que verdaderamente te rías por primera vez de
ti mismo." No sé quién dijo esta frase pero me parece totalmente acertada.
¡Exactamente! Uno debe empezar por reírse de si mismo, este hecho, para mí, es
una muestra de verdadera personalidad, de seguridad y confianza en uno mismo.
¡¡Yo sé cuando me equivoco y provoco la chanza, risa o escarnio de los demás!!
Por ello he de ser valiente y reírme antes como señal de valentía. ¡Señores, me
equivoqué y ya está!.
"Nada debe tomarse en serio en este mundo; la verdadera sabiduría
consiste en saber reír." Por supuesto que sí, reír aleja pensamientos
sombríos y desvíos de la razón, no queda tiempo para la maldad cuando una
persona ríe sin dañar a nadie.
Ahora bien, hemos de evitar la risa sarcástica, la que pretende
humillar al prójimo, aquella que desmerece o ridiculiza la labor del otro, la
que provoca el defecto físico sea el que fuere, la provocada por el
resentimiento y el odio.
Otras risas que no se deben tolerar y que a mí personalmente me
encrespan son las chabacanas, las provocadas por chistes infames y perniciosos.
Filoxides El Crítico
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