viernes, 4 de noviembre de 2016

Mi lechuza



Desde hace unos años una vieja lechuza se posa en la rama, que osadamente el olmo situado enfrente de mi terraza penetra en ella, desde allí la lechuza me observa, es cómo si me vigilara a la vez que me protege.

Me observa con esa visión aguda que sus ojos negros transmite, me mira y como si tratará de decirme algo, algo profundo, algo que está oculto, secretos de un mundo invisible que solo ella conoce y que en complicidad con la Luna intenta transmitir a todas aquellas almas abiertas a otros mundos.

Su visión profunda, su mirar fijo y penetrante, te avisa de secretos y premoniciones, actúa como mensajera de conocimientos arcanos, presta a desvelar a todo aquel ansioso de conocimiento, es el enlace entre un mundo oscuro e invisible y el mundo de la luz. Mi lechuza se siente cómoda entre la sombra y el hilo de luz que la Luna filtra.

Intento comunicarme mediante el pensamiento con ella, le ruego, le suplico que me inicie en los secretos de la luz de la Conciencia Cósmica, me consta de su poder y su conocimiento y su transcendencia sobrenatural. Ella sigue impasible, sin perder la vista en mí, me vigila como un maestro a su discípulo, es consciente de su poder y lo conserva. Es como si dijera: Aún no es el momento
Filoxides el Crítico

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