Desde hace
unos años una vieja lechuza se posa en la rama, que osadamente el olmo situado
enfrente de mi terraza penetra en ella, desde allí la lechuza me observa, es
cómo si me vigilara a la vez que me protege.
Me observa
con esa visión aguda que sus ojos negros transmite, me mira y como si tratará
de decirme algo, algo profundo, algo que está oculto, secretos de un mundo
invisible que solo ella conoce y que en complicidad con la Luna intenta
transmitir a todas aquellas almas abiertas a otros mundos.
Su visión
profunda, su mirar fijo y penetrante, te avisa de secretos y premoniciones,
actúa como mensajera de conocimientos arcanos, presta a desvelar a todo aquel
ansioso de conocimiento, es el enlace entre un mundo oscuro e invisible y el
mundo de la luz. Mi lechuza se siente cómoda entre la sombra y el hilo de luz
que la Luna filtra.
Intento
comunicarme mediante el pensamiento con ella, le ruego, le suplico que me
inicie en los secretos de la luz de la Conciencia Cósmica, me consta de su
poder y su conocimiento y su transcendencia sobrenatural. Ella sigue impasible,
sin perder la vista en mí, me vigila como un maestro a su discípulo, es
consciente de su poder y lo conserva. Es como si dijera: Aún no es el momento
Filoxides el Crítico
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