Hacía tiempo que no veía a Charly, probablemente desde el mes de Junio
cuando comenzaba el calor.
Iba llegando al pueblo cuando
vi a una figura enfundada en unos pantalones de pana, jersey de lana y un
gorrillo también de lana o algo similar de color negro, y como siempre
arrastraba un carrillo de esos que tienen los supermercados lleno hasta la
bandera y nunca mejor dicho pues Charly es reconocido por llevar una pequeña
bandera de España atada a su carro como un barco puede llevar su enseña en la
torreta.
Charly no suele pasar por el pueblo a estas alturas del año, él dice
que hace como las aves migratorias, en cuanto comienza a verse nieve en la
sierra él se marcha hacia tierras más cálidas, allá donde pueda seguir
durmiendo en la calle o al menos no tenga que refugiarse de vendavales y
tormentas.
Conocí a Charly hace seis años por casualidad, esa que sin que tú te
des cuenta cruza en tu camino a otras almas que bien pudiera ser la tuya y que
el destino, la mala suerte o cualquier azar ha llevado a esa situación. Charly
no es un mendigo cualquiera y yo creo que él se da cuenta, sabe que transmite
cierto encanto y disfruta con ello, sin llegar a vanagloriarse por esto, Charly
es un gran conquistador.
La casualidad como dije me llevó a encontrarme a Charly por primera
vez una madrugada del mes de Julio del 2010, yo salía de mi casa a coger el
coche camino del aeropuerto cuando una distracción me hizo dejarme en la acera
un maletín, cargué la maleta una bolsa con publicidad y coloqué la chaqueta en
el respaldo del asiento sin darme cuenta que el maletín lo deje fuera, me monte
en el coche lo arranqué e hice una maniobra para dar la vuelta a la calle para
ponerme en dirección a la carretera, cuando una sombra salió de no sé dónde y
comenzó a agitar los brazos y chillar, a las cinco de la mañana cualquier sonido
te hace mirar pero un grito té alarma enormemente, miré a todos lados hasta que
me fijé en una figura menuda que venía corriendo hacía mi con algo negro en la
mano. ¡Mi maletín, me dije!, pare el auto y fue cuando vi al bueno de Chaly
jadeando con el maletín en la mano y una sonrisa en la boca.
-Te dejabas esto, compañero. Me soltó
-Gracias, muchas gracias, no me explico cómo me he podido dejar el
maletín en el suelo.
-Nada, no pasa nada, aquí está Charly para solucionar cualquier
contratiempo.
Charly reía mientras me decía esto, sus dientes o mejor dicho lo que
quedaba de ellos eran bastante blancos y destacaban en una tez morena y con una
barba grisácea que coincidía con el color de sus ojos.
-Repito, muchas gracias. ¿Puedo hacer algo por Usted?
-¡Si, dejarme la puerta abierta del portal para que pueda estar un
rato sin que los perros me ladren cuando salga el sol!
-Nada más.
-Bueno me podría regalar el coche pero no creo que lo haga pues Usted
lo necesita más que yo. Me soltó mientras reía a carcajadas.
-Lo Siento…..Charly, creo que me dijo que se llamaba Charly, tengo que
irme pues llegó tarde al aeropuerto.
-Nada hombre, vallase tranquilamente pero no olvide lo del portal.
Así lo hice, deje la puerta abierta y volví al coche, por el espejo
retrovisor ví cómo Charly recogía dos cartones grandes que tenía justo al lado
de un seto del jardín y entró en el portal.
He vuelto a ver a Charly cada verano, él se acerca al pueblo sobre el
mes de Junio a Julio, acompañado de su carro dónde lleva toda su riqueza,
riqueza que no aumenta pero que el pasea como si llevará un enorme tesoro.
Y yo procuro dejar el portal entreabierto para que Charly pase la
noche, su discreción es tal que después de tantos años nadie me ha reprobado que
no cierre el portal por la noche.
Filoxides
el Crítico
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