viernes, 4 de noviembre de 2016

El Mendigo.




Hacía tiempo que no veía a Charly, probablemente desde el mes de Junio cuando comenzaba el calor.
 Iba llegando al pueblo cuando vi a una figura enfundada en unos pantalones de pana, jersey de lana y un gorrillo también de lana o algo similar de color negro, y como siempre arrastraba un carrillo de esos que tienen los supermercados lleno hasta la bandera y nunca mejor dicho pues Charly es reconocido por llevar una pequeña bandera de España atada a su carro como un barco puede llevar su enseña en la torreta.
Charly no suele pasar por el pueblo a estas alturas del año, él dice que hace como las aves migratorias, en cuanto comienza a verse nieve en la sierra él se marcha hacia tierras más cálidas, allá donde pueda seguir durmiendo en la calle o al menos no tenga que refugiarse de vendavales y tormentas.
Conocí a Charly hace seis años por casualidad, esa que sin que tú te des cuenta cruza en tu camino a otras almas que bien pudiera ser la tuya y que el destino, la mala suerte o cualquier azar ha llevado a esa situación. Charly no es un mendigo cualquiera y yo creo que él se da cuenta, sabe que transmite cierto encanto y disfruta con ello, sin llegar a vanagloriarse por esto, Charly es un gran conquistador.
La casualidad como dije me llevó a encontrarme a Charly por primera vez una madrugada del mes de Julio del 2010, yo salía de mi casa a coger el coche camino del aeropuerto cuando una distracción me hizo dejarme en la acera un maletín, cargué la maleta una bolsa con publicidad y coloqué la chaqueta en el respaldo del asiento sin darme cuenta que el maletín lo deje fuera, me monte en el coche lo arranqué e hice una maniobra para dar la vuelta a la calle para ponerme en dirección a la carretera, cuando una sombra salió de no sé dónde y comenzó a agitar los brazos y chillar, a las cinco de la mañana cualquier sonido te hace mirar pero un grito té alarma enormemente, miré a todos lados hasta que me fijé en una figura menuda que venía corriendo hacía mi con algo negro en la mano. ¡Mi maletín, me dije!, pare el auto y fue cuando vi al bueno de Chaly jadeando con el maletín en la mano y una sonrisa en la boca.
-Te dejabas esto, compañero. Me soltó
-Gracias, muchas gracias, no me explico cómo me he podido dejar el maletín en el suelo.
-Nada, no pasa nada, aquí está Charly para solucionar cualquier contratiempo.
Charly reía mientras me decía esto, sus dientes o mejor dicho lo que quedaba de ellos eran bastante blancos y destacaban en una tez morena y con una barba grisácea que coincidía con el color de sus ojos.
-Repito, muchas gracias. ¿Puedo hacer algo por Usted?
-¡Si, dejarme la puerta abierta del portal para que pueda estar un rato sin que los perros me ladren cuando salga el sol!
-Nada más.
-Bueno me podría regalar el coche pero no creo que lo haga pues Usted lo necesita más que yo. Me soltó mientras reía a carcajadas.
-Lo Siento…..Charly, creo que me dijo que se llamaba Charly, tengo que irme pues llegó tarde al aeropuerto.
-Nada hombre, vallase tranquilamente pero no olvide lo del portal.
Así lo hice, deje la puerta abierta y volví al coche, por el espejo retrovisor ví cómo Charly recogía dos cartones grandes que tenía justo al lado de un seto del jardín y entró en el portal. 
He vuelto a ver a Charly cada verano, él se acerca al pueblo sobre el mes de Junio a Julio, acompañado de su carro dónde lleva toda su riqueza, riqueza que no aumenta pero que el pasea como si llevará un enorme tesoro.
Y yo procuro dejar el portal entreabierto para que Charly pase la noche, su discreción es tal que después de tantos años nadie me ha reprobado que no cierre el portal por la noche.
Filoxides el Crítico

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