jueves, 24 de noviembre de 2016

La Navidad



Se aproximan las navidades, una buena época para recordar a los viejos amigos, entristecerte por aquellos que ya no están y  hacer balance de lo acontecido.

Los años se amontonan y con ellos los recuerdos, aunque el viejo adagio de que los viejos olvidamos  fechas, caras y nombres dice lo contrario,  los viejos recordamos todo, con mucha más precisión lo antiguo y con cierta borrosidad lo acontecido en los últimos años, será por debilidad mental o por una necesidad morbosa de acercarnos de una u otra manera a tiempos que todos añoramos.

Siempre ha habido tiempos difíciles, los últimos superaban a los anteriores y estos a los más antiguos, siempre ha sido igual la vida es un eterno devenir de lo mismo aunque pintado en diferentes colores.

Volver a visitar a Eduardo en la residencia dónde vive enclaustrado me ayuda en estos menesteres de recordar lo pasado, y porque no, de ponerlo al día. Sucesos, vivencias de todo tipo, algunas que hoy parecen fútiles y entonces prevenían cierta importancia, la mente es así de caprichosa, nos envuelve en una espiral de recuerdos y ensoñaciones que uno se pregunta si de verdad eso ha sucedido.

Hoy me resulta difícil de creer acontecimientos que pasaron y de los que uno formó parte, si no de una manera protagonista si de forma secundaria, como un actor de reparto. La Historia se ha hecho conmigo y contra mí, de una forma muy poco ecléctica, tomando partido, involucrándose en el destino, en mí destino y me pese o no yo he participado de una manera u otra.

Eduardo echa de menos sus paseos por Recoletos, por los aledaños del Museo del Prado, por sus aperitivos en el Gijón o en Lardy, sus tardes al fresco en las terrazas del Retiro con su copa de ron o de “gin tonic”. Entonces le parecía una cosa trivial, normal para los de su clase social, no se paraba a pensar en nada ni en nadie, solo vivía el momento de una manera agradable después de una jornada de trabajo.

Distinto es para mi buen Charly, él recuerda difusamente, entre neblinas, cuando tenía familia, cuando tuvo un trabajo, pero el destino le condujo a una vida muy distinta, hoy con su carrito de supermercado amplia su horizonte, no tiene límites, viaja hacía el calor y regresa cuando este le abandona, es feliz con lo que encuentra y no se escandaliza si algo pierde. Un día me dijo que él era feliz cada vez que perdía algo de lo poco que tenía pues se había librado de una carga.

Ami N´boto descansa cuando le llamo, ahora el dueño del rebaño no le necesita, tiene unos días de descanso, las ovejas están en el cercado, la lluvia para su actividad pero pronto volverá, ahora hacía tierras más lejanas dónde el rebaño pueda nutrirse bien.

Ami siempre te recibe bien, no tiene mucho, no desea nada, solo vive con sus trozos de cuero y su cincel; la luz es escasa, no se puede permitir electricidad alguna, solo unas velas encima de un soporte de madera negruzca iluminan la choza; compartimos unas viandas que he traído conmigo y charlamos y reímos, risas de viejos, risas sanas sin falsedad alguna. Ami ama la vida como el que más y la vive con intensidad, al momento, disfruta con la lluvia con el sol, le asombra la nieve y se zambulle en el rio cuando el verano hace estragos en los cuerpos.

Ami no tuvo nunca nada y nada tiene para recordar, Eduardo lo tuvo todo y tampoco tiene mucho por lo que pararse a pensar y yo les tengo a ellos pero afortunadamente tengo algo mucho más valioso, tengo una familia para pasar la Navidad.

2 comentarios:

  1. Y tienes la fortuna de saber describir la tristeza de los tiempos que pasan de una forma bonita y tranquila. Gracias!

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