Se aproximan las
navidades, una buena época para recordar a los viejos amigos, entristecerte por
aquellos que ya no están y hacer balance
de lo acontecido.
Los años se
amontonan y con ellos los recuerdos, aunque el viejo adagio de que los viejos olvidamos fechas, caras y nombres dice lo
contrario, los viejos recordamos todo,
con mucha más precisión lo antiguo y con cierta borrosidad lo acontecido en los
últimos años, será por debilidad mental o por una necesidad morbosa de
acercarnos de una u otra manera a tiempos que todos añoramos.
Siempre ha habido
tiempos difíciles, los últimos superaban a los anteriores y estos a los más
antiguos, siempre ha sido igual la vida es un eterno devenir de lo mismo aunque
pintado en diferentes colores.
Volver a visitar a
Eduardo en la residencia dónde vive enclaustrado me ayuda en estos menesteres
de recordar lo pasado, y porque no, de ponerlo al día. Sucesos, vivencias de
todo tipo, algunas que hoy parecen fútiles y entonces prevenían cierta
importancia, la mente es así de caprichosa, nos envuelve en una espiral de
recuerdos y ensoñaciones que uno se pregunta si de verdad eso ha sucedido.
Hoy me resulta difícil
de creer acontecimientos que pasaron y de los que uno formó parte, si no de una
manera protagonista si de forma secundaria, como un actor de reparto. La
Historia se ha hecho conmigo y contra mí, de una forma muy poco ecléctica,
tomando partido, involucrándose en el destino, en mí destino y me pese o no yo
he participado de una manera u otra.
Eduardo echa de
menos sus paseos por Recoletos, por los aledaños del Museo del Prado, por sus
aperitivos en el Gijón o en Lardy, sus tardes al fresco en las terrazas del
Retiro con su copa de ron o de “gin tonic”. Entonces le parecía una cosa
trivial, normal para los de su clase social, no se paraba a pensar en nada ni
en nadie, solo vivía el momento de una manera agradable después de una jornada
de trabajo.
Distinto es para
mi buen Charly, él recuerda difusamente, entre neblinas, cuando tenía familia,
cuando tuvo un trabajo, pero el destino le condujo a una vida muy distinta, hoy
con su carrito de supermercado amplia su horizonte, no tiene límites, viaja
hacía el calor y regresa cuando este le abandona, es feliz con lo que encuentra
y no se escandaliza si algo pierde. Un día me dijo que él era feliz cada vez
que perdía algo de lo poco que tenía pues se había librado de una carga.
Ami N´boto
descansa cuando le llamo, ahora el dueño del rebaño no le necesita, tiene unos
días de descanso, las ovejas están en el cercado, la lluvia para su actividad
pero pronto volverá, ahora hacía tierras más lejanas dónde el rebaño pueda
nutrirse bien.
Ami siempre te
recibe bien, no tiene mucho, no desea nada, solo vive con sus trozos de cuero y
su cincel; la luz es escasa, no se puede permitir electricidad alguna, solo
unas velas encima de un soporte de madera negruzca iluminan la choza; compartimos
unas viandas que he traído conmigo y charlamos y reímos, risas de viejos, risas
sanas sin falsedad alguna. Ami ama la vida como el que más y la vive con
intensidad, al momento, disfruta con la lluvia con el sol, le asombra la nieve
y se zambulle en el rio cuando el verano hace estragos en los cuerpos.
Ami no tuvo nunca
nada y nada tiene para recordar, Eduardo lo tuvo todo y tampoco tiene mucho por
lo que pararse a pensar y yo les tengo a ellos pero afortunadamente tengo algo
mucho más valioso, tengo una familia para pasar la Navidad.
Y tienes la fortuna de saber describir la tristeza de los tiempos que pasan de una forma bonita y tranquila. Gracias!
ResponderEliminarNo soy "unknown", soy la Gabriela!
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