jueves, 17 de noviembre de 2016

Funeral en la vieja Iberia

Hoy nadie se atreve a hablar. La pequeña guarnición romana conoce del carácter beligerante de estos pueblos de la Iberia. Carpetanos se hacen llamar. Han estado de correrías en territorios Arévacos y uno de sus cabecillas ha muerto. Si bien son pueblos tolerantes con nosotros gracias al hospitium que profesan y poco a poco se han dejado dominar por Roma, bien es cierto que hoy ningún romano osaría alterar sus rituales.
Pueblo extraño. De ritos extraños y arcaicos. No tienen druidas como ya conocí en la Germania. Sin embargo Cernundos dicen que habita entre ellos. En cada rincón, en cada rio, en cada bosque.....
Creen en un Dios antiguo padre de todo, guerrero por naturaleza al estilo de nuestro Júpiter. Nunca lo nombran.

Deivoreicis ha muerto, robando caballos a los arévacos. Lo han traido a lomos de un caballo arévaco regalado por Letondón, caudillo arévaco.
No hay quien entienda a estos pueblos, se matan entre ellos, mientras dejan que poco a poco los romanos nos vallamos asentando y controlándoles. Si estuviesen unidos no habría legión que los domase.
Letondón a jurado devotio a la familia de Deivoreicis. Al parecer combatieron en combate singular para no perder guerreros entre ambas tribus. Esto altera la serenidad de nuestro lictor. Ahora son dos clanes unidos por el honor de un jefe a otro. No son muchos guerreros pero si más que los infantes de nuestra pequeña guarnición. Nuestro lictor presentará respetos a Kara esposa de Deivoreicis, a sus hijos y a los arévacos. Teme que la unión de clanes anime a otros vecinos carpetanos a unirse.....lo que nos supondría un problema, la gran guarnición romana está en Complutum tardarían un día en socorrernos si estas gentes se alzan contra nosotros.

Por un lado hay pequeños combates gladiatorios en honor al difunto. Por otro dejan ramas de pino junto al muerto, símbolo de resurrección entre estos pueblos. Calderos con agua pura, junto con una lanza antigua llena de herrumbre, creo entender que fue un regalo del mismísimo Lug a este pueblo. Uno de los ancianos viene ataviado con una piel de ciervo y cuernos, debe evocar a Cernundos, Los ánimos se van caldeando, algunos guerreros nos señalan, deben culparnos de alguna manera de la muerte del caudillo. Lo quemarán en un túmulo, con sus armas, una pequeña caetra con un cuervo mal esbozado sobre la madera del pequeño escudo, un pequeño puñal parecido a nuestro pugio, dos venablos, una lanza, un sencillo casco con penacho de crines de caballo teñidas de rojo. La espada se le entregará a  Bilinos el primogénito. Un hombre que no debe tener mas de 15 veranos y ya tiene la fuerza y las mañas de su padre para lucha.

De manera discreta se ordena a los hastati, los soldados más jóvenes que se retiren a la empalizada, el resto de velites poco a poco iremos retrocediendo de igual forma......Esta noche habrá doble guardia y un inerme saldrá hacia Complutum a avisar de lo sucedido. 

Si siguen bebiendo y peleando entre ellos en honor del difunto seguramente tendremos algún conato de rebelión contra el bastión romano.

Quizás esta noche veamos a Cernundos.
                                                                    Historia de la Vieja Iberia por Pancho Filoso Díaz

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