Mi fiel Morgan.
Conocimos a
Morgan un seis de octubre del dos mil siete, fue en un centro de acogida de
animales donde llevaba viviendo ocho meses, los primeros de su vida, llegó allí
nada más nacer y allí se quedó hasta que una pareja lo adoptó pero lo devolvió
una semana más tarde aludiendo que era bastante nervioso.
Fuimos
dispuestos a recoger al primero que viéramos, nuestra anterior perrita se había
muerto un año antes y mi familia decidió que para mí era mejor tener otro
animal de compañía después de haber sufrido dos infartos en menos de seis
meses.
Al llegar
al Centro, esperé en la puerta del coche esperando que ellos, mi familia,
eligieran al que fuera, me daba igual la raza el sexo o la edad, pero me
resultaba imposible acercarme donde se hacinaban más de quinientos perrillos ladrando
para que alguien les sacarán de allí.
A los diez
minutos vinieron con un mestizo de mastín y…..? Que le llamaban Sony los
cuidadores, venía como loco por entrar en el coche, ni me miró solo quería
salir de allí. Tuvimos que esperar una semana más para llevárnoslo mientras
tenían que vacunarle y recuperarle de una gastroenteritis, a los siete días
volvimos al Centro a por nuestro perro. Yo ya le había cambiado el nombre por
el de Morgan pues su forma de ser era la de un pirata colándose en nuestras
vidas al asalto.
Una vez con
toda la documentación en regla y con una enorme tristeza ante la cantidad de
perritos que allí se quedaban y que al pasar ante ellos te miraban con una cara
de pena difícil de soportar, le montamos en el coche y salimos hacia casa.
Fue difícil
de educar o al menos que se adaptara a su nueva vida, no quería ir atado y si
le soltábamos salía huyendo como alma que sigue el diablo, esto duró un año o más, a veces dudamos si habíamos
acertado trayendo a casa un perro de casi un año y con esos antecedentes. Ana
mi mujer fue la que más sufrió con él, sintió que era imposible tenerle con
nosotros más de una vez y pensó en devolverle al Centro, pero poco a poco con
mucha paciencia conseguimos que Morgan se adaptara a nosotros y nosotros
entendiéramos a Morgan.
Hoy nueve
años más tarde y mientras escribo esto tengo a mi fiel Morgan tumbado en su
colchoncito a mis pies donde pasa todo el tiempo que estoy sentado delante del
ordenador, si me levanto Morgan me acompaña a cualquier sitio donde vaya, si me
ducho allí está Morgan, si me visto igual, si me voy a la cama Morgan se coloca
a los pies en una alfombra hasta que me duermo, entonces se marcha a su
colchón.
Ahora
envejecemos juntos los tres, mi mujer mi perro y yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario