domingo, 6 de noviembre de 2016

Morgan mi gran amigo



Mi fiel Morgan.
Conocimos a Morgan un seis de octubre del dos mil siete, fue en un centro de acogida de animales donde llevaba viviendo ocho meses, los primeros de su vida, llegó allí nada más nacer y allí se quedó hasta que una pareja lo adoptó pero lo devolvió una semana más tarde aludiendo que era bastante nervioso.
Fuimos dispuestos a recoger al primero que viéramos, nuestra anterior perrita se había muerto un año antes y mi familia decidió que para mí era mejor tener otro animal de compañía después de haber sufrido dos infartos en menos de seis meses.
Al llegar al Centro, esperé en la puerta del coche esperando que ellos, mi familia, eligieran al que fuera, me daba igual la raza el sexo o la edad, pero me resultaba imposible acercarme donde se hacinaban más de quinientos perrillos ladrando para que alguien les sacarán de allí.
A los diez minutos vinieron con un mestizo de mastín y…..? Que le llamaban Sony los cuidadores, venía como loco por entrar en el coche, ni me miró solo quería salir de allí. Tuvimos que esperar una semana más para llevárnoslo mientras tenían que vacunarle y recuperarle de una gastroenteritis, a los siete días volvimos al Centro a por nuestro perro. Yo ya le había cambiado el nombre por el de Morgan pues su forma de ser era la de un pirata colándose en nuestras vidas al asalto.
Una vez con toda la documentación en regla y con una enorme tristeza ante la cantidad de perritos que allí se quedaban y que al pasar ante ellos te miraban con una cara de pena difícil de soportar, le montamos en el coche y salimos hacia casa.
Fue difícil de educar o al menos que se adaptara a su nueva vida, no quería ir atado y si le soltábamos salía huyendo como alma que sigue el diablo, esto duró  un año o más, a veces dudamos si habíamos acertado trayendo a casa un perro de casi un año y con esos antecedentes. Ana mi mujer fue la que más sufrió con él, sintió que era imposible tenerle con nosotros más de una vez y pensó en devolverle al Centro, pero poco a poco con mucha paciencia conseguimos que Morgan se adaptara a nosotros y nosotros entendiéramos a Morgan.
Hoy nueve años más tarde y mientras escribo esto tengo a mi fiel Morgan tumbado en su colchoncito a mis pies donde pasa todo el tiempo que estoy sentado delante del ordenador, si me levanto Morgan me acompaña a cualquier sitio donde vaya, si me ducho allí está Morgan, si me visto igual, si me voy a la cama Morgan se coloca a los pies en una alfombra hasta que me duermo, entonces se marcha a su colchón.
Ahora envejecemos juntos los tres, mi mujer mi perro y yo.

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