jueves, 8 de septiembre de 2016
Tiempos de Hierro y Fuego (Ocaso de un mundo)
Solo quedaba de aquella vieja estirpe apenas un puñado de viejas glorias, antaño gigantones que recorrieron medio mundo a base de remo, hierro, y fuego. Pero la llegada de nuevos dioses de paises cálidos parecía condenarles al olvido. Ya no imperaba el arrojo, la valentía y la furía desmedida.... el nuevo traía debilidad del espíritu, entrega y miedo , a la muerte.
Las gentes cambiaban, empezaban a acudir a recintos cerrados a oir a extraños personajes que decían venir en nombre de Dios a decirles como debian vivir, condenando el bosque antiguo y llamando bárbaro a aquel que aún adoraba a los antepasados y los grandes Dioses antigüos. Cambiaban la espada por el apero, el hacha por la azada y el valor por el temor a la cruz.
Se hacían viejos ante un mundo nuevo, no por ello mejor sino diferente, algunos hablaban de que el nuevo dios era Balder disfrazado por algún motivo de extranjero piadoso.... otro nombre diferente pero que también hablaba de amor, aunque no de la misma forma.
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Rolf el Lobo, antiguo guerrero y navegante, sabía que el dios extranjero era una blasfemia a su espíritu, a su raza, no podría quedarse esperando como un dios débil cercenaba el espíritu de los suyos.Sobre sus pantalones de piel de oveja aparecía un ancho torso desnudo lleno de cicatrices del mar y de la guerra, sobre este un casco que ya parecía ser más un cráneo que metal, del que sobresalia una larga barba trenzada y dos pobladas coletas más blancas que rubías.
Rolf echó a su espalda a su vieja muerde cuellos, era así como llamaba a su espada después de que en el duelo decapitase a un guerrero por un asunto de faldas no muy bien aclarado de un solo tajo.
Fué hacía las montañas del Norte donde decía su padre hace ya muchos inviernos que Thor bajaba por el arco iris a este mundo a conquistar bellas mujeres de su tierra. La esperanza no era ver el carro tirado por dos enormes machos cabríos sino tener una audiencia con el padre de todos los Dioses y pedirle explicaciones por el grado de abandono del sexto mundo.
Pasaron días llegando muy al Norte, abrigándose con pieles y haciendo fuego para pasar las noches al abrigo de las estrellas pues aunque era verano, ese frio aterrador era un viejo conocido a lo largo de toda su vida. Pasaron más días y noches, cada vez más al Norte creyo ver gigantes jugando con enormes bloques de hielo, los trols lo acechaban por las noches pero no había rastro de los Dioses. Quizás aquel mugriento cura llevase razón y debiera arrodillarse y rezar......
Una noche mientras frotaba su roido pedernal contra su cuchillo para producir la chispa que alimentase la madera para arder.... creyó sentir algo. Pasos... a los lejos parecía oir muchos pasos, sonidos secos, chirriantes, cada vez más cercanos y más numerosos.... se quedó mirando lo que parecia el roido tonco de un viejo árbol, lentamente intentando no hacer ruido, desenvaino a muerde cuellos...la hoguera le delataba claramente pero parecia que si hacia ruido algo se le echaría encima....el enorme tronco parecia moverse, levantarse....
¡¡¡Maldito troll te huelo desde aquí!!! grito... mientras el tronco cobraba vida y se alzaba hacia él. Un escalofriante grito le dejo claro que el troll no estaba solo, era el comandante de una extraña horda de hijos de Hell que se rrastraban hacia él con su pesado caminar. Cascos partidos, armas oxidadas, armaduras herrumbrosas, hacian un salvaje estruendo en medio de aquellos páramos helados...son guerreros que se rindieron hace ya muchos años.... habitan los páramos helados esperando partidas guerreras que se dejen morir por el frio o el terror. Pero el lobo no tiene miedo, ésta es la única forma de tener audiencia con los dioses.
Lobo no espera, entra en trance, se lía a gritar, los insulta, los escupe, muerde la hoja de su vieja espada....se está volviendo un hombre oso, un hijo de Odin, con el frenesí de la batalla recorriendo sus venas, corre hacia el enjambre putrefacto de guerreros caídos, la espada relampaguea, brazos y piernas se separan de los cuerpos, las cabezas vuelan, los huesos se parten,....el troll observa, sabe que este guerrero es un Berserker, no tiene miedo ni siente dolor. Está en trance, pasan minutos que parecen horas, los brazos se cansan, la espada se mella, la orda se reduce y una enorme risotada cruza el páramo helado.
-¡Ogro putrefacto y estúpido! acércate a este pobre viejo y probarás el acero vikingo...
-No es necesario guerrero, no soy un troll aunque me disfrace de tal para probar a los hombres...soy LOKI y tu valor es digno de presentarse ante mi Padre...pero no te preocupes amigo mio no has muerto aún, yo no soy una valkiria.
Ahora suenan dos carcajadas en el páramo helado.
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