viernes, 30 de septiembre de 2016

Filoxides el Crítico (El Infarto)



Salí de aquel antro con mi caja de cartón debajo del brazo en ese momento sentí un punzante dolor en el pecho y me desperté.
En parecidas circunstancias debo ponerme una pastilla de nitroglicerina debajo de la lengua y esperar que está se disuelva a la vez que el dolor remita, en caso contrario hay que ir al Hospital urgentemente pues no se pueden tomar más de tres pastillas seguidas y el peligro de infarto es inminente.
Entre sudores me levanté de la cama, cogí el pastillero que desde hace años me acompaña de día y de noche, saqué una pastilla y la coloqué debajo de la lengua y me senté en un sillón cercano, pasaron unos minutos y mientras esta de disolvía en mi boca recordé todo lo que había soñado con tanto detalle como el que se atribuye al enfermo que está cercano al final de su existencia. Una extraña sensación recorrió mi cuerpo aunque ya estaba acostumbrado a esta situación pues hasta el momento había sufrido tres infartos dos de ellos de cierta importancia al menos el primero.
La sensación que me tenía extrañamente despierto pero ajeno a lo que en realidad estaba viviendo, como si me hubiera salido de mi cuerpo y le viera a este desde un punto distante, ajeno a su situación y expectante ante el desenlace final. La sensación se fue apagando, el dolor remitió y una nueva sensación apareció, era la de un cansancio enorme, como si hubiera estado luchando contra algo o alguien durante horas.
Mi mujer alarmada ya había llamado mientras tanto a la ambulancia y esta estaba en camino. Me vestí con calma mientras llegaban los enfermeros y el médico y les aguardé más calmado aunque con ciertos dolores punzantes en el pecho que se repetían con cierta carencia.
Una semana en el Hospital fue suficiente para “desengrasar” arterias, colocar un nuevo stend y para casa. Recogí mis cosas de la taquilla un libro de Edward Alan Poe que me habían traído unos amigos al visitarme, Ana mi mujer coloco las cosas de aseo en un bolso de mano y con el alta en la mano salimos del Hospital.
El aire de la calle me sentó bien, muy bien. Como ya me había ocurrido en las otras ocasiones que tuve que pasar por este trance las cosas parecen diferentes, hay más luz, el cielo es más azul y todo se percibe diferente, se tiene la sensación de haber vuelto a nacer, aunque la cosa no haya sido muy grave.
Al llegar a casa recibo el cariño de mi fiel perro Morgan que como un poseso me muerde y llora con pequeños ladridos mientras no deja de saltar a mí alrededor. No hay nada mejor que el cariño de un animal como el perro.
Al rato aparecen mis nietos y mis hijos y el clan está completo, todo vuelve a la normalidad, aunque algo ya no volverá a funcionar como antes pues cada vez el corazón es más débil.
Al marcharse todos ya caída la tarde me siento junto a mi mujer y mi perro en la terraza desde donde vemos como el día va muriendo lentamente, todo tiene su ciclo.
Filoxides de Ursalía. El infarto

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