martes, 27 de septiembre de 2016

Diatribas de un viejo.



 
(Homenaje a Erasmo de Rotterdam)



Viendo la que se avecina por uno u otro costado, me he postrado ante los dioses y les he rogado o mejor dicho les he exigido que en virtud a tantos años de devotas plegarias me libren de la pesada carga del conocimiento y tal que un niño de corta edad me conviertan en un devoto seguidor de la Estulticia. Pretendo unirme al cortejo de la Necedad y seguir el camino que este me marque.
Los dioses fueron amables conmigo y sin darme cuenta me veo rodeado de Ninfas camino del Leteo para beber a grandes sorbos las aguas del Olvido. Si os fijáis en este escrito con el ojo del viejo Polifemo veréis en primer lugar a esta tan arrogante con un aire de desafío, es el Amor Propio; esta de risueños ojos y cuyas manos están siempre dispuestas al aplauso, se llama Adulación; esta que está como aletargada y que parece dormir y a la cual yo me aferro a su mano se llama Olvido; esta otra que se apoya sobre sus codos y está de brazos cruzados es la Pereza; esta que está coronada con una guirnalda de rosas e impregnada de perfumes se llama Voluptuosidad; esta de aire indeciso y de extraviada mirada es la Demencia a la cual miro con cariño; esta de nítido cutis y de cuerpo gentil y bien cuidado es la Molicie; Entre estas Ninfas si observáis con detenimiento advertiréis también dos dioses, uno se llama Con, genio de los banquetes, y el otro, Morfeo o Sublime Modorra, genio del sueño. Con el auxilio pues, de estos fieles servidores me acerco al río Leteo para beber de sus aguas.
Olvidé a mi vieja amiga la Embriaguez, hermana de Baco y consuelo de muchas horas de placer y a Impericia hija de Pan, olvidé sus bellos pechos donde me solacé en mis años mozos.
Ahora gracias a la bondad de los dioses especialmente de Minerva que borró de mi mente cualquier atisbo, si alguna vez lo hubo, de saber y me han convertido en niño; dice un viejo adagio que los dioses juntan a los semejantes y por ello convierten a los viejos en niños.
Así al alejarme de todo, del orgulloso sabio, del estoico convencido de la verdad de su filosofía, del cínico Sátiro, de la temible Minerva o de Palas y su inteligencia, me convierto en un dulce anciano del que fluyen agradables conversaciones en las frescas tarde más al estilo de Héctor que del aguerrido Aquiles.

Capitulo XX

Y aquellos que mantengan tres veces su juramento,
Manteniendo sus almas limpias y puras,
Jamás dejarán que sus corazones
sean manchados por el mal y la injusticia y, la venalidad brutal.
Ellos serán dirigidos por Zeus hasta el final:
Al palacio de Cronos.
(Píndaro)
Ya oigo croar a las ranas del Pórtico (los estoicos).
¡¡Filoxides, estás a un paso de la Demencia!!
¡No hay mayor desgracia que la locura y la Necedad está a un paso de la Locura!
¿Qué otra cosa es la locura que el extravío de la razón?
.- Simple silogismo, muy fácil de desmontar. Les contesto
No voy a caer en la tentación de Timón el misántropo y aislarme allí en el desierto, unido a mi soledad y hablándole a mi sombra. ¡No! Eso es de sabios y yo no lo soy, ni lo he sido y menos lo pretendo, esa vanidad corresponde a los intelectuales, a los leguleyos y a los santos. Me sigue agradando la Chanza, la Adulación, la Indulgencia, el Engaño, el Disimulo, en fin, me sigo sintiendo hombre y me agarro a Filaucia para entre ambos ocultarnos en los Jardines de Tántalo como dos proscritos, ocultos bajo la protección del propio Momo y desde allí asistir a todos y cada uno de los Banquetes donde sea invitado, yo, y mi fiel compañera.
Llévame contigo allá donde vayas, me dice la Nostalgia.
¿Y qué haría contigo allí donde los simples humanos nos divertimos con nuestras simplezas y ocurrencias? ¿Qué lugar podrías ocupar entre truhanes, menesterosos y gente viva?
¿Sabrías vivir como Silenio, bailar sus danzas lascivas, el obsceno cordax con el mismísimo Polifemo?. Yo no lo creo, te hundirías en la Pena y me arrastrarías a mi contigo.
Al final del día, caigo rendido en los brazos de Morfeo y las Ninfas se diluyen dejando paso a Mnemosine y con ella su retahíla de recuerdos.

Filoxides de Ursalia

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