"Si alguien en este siglo es equiparable al
egipcio
Proteo, ese alguien es Giovanni
Papini, que alguna vez firmara Gian Falco,
historiador de la literatura y
poeta, pragmatista y romántico, ateo y después
teólogo".
Intenté
una y otra vez ahondar en la figura y obra de Papini según me había sugerido
Dacio, sabía poco de su trabajo y menos aún donde se encontraba ahora. Se comentaba
que ya casi ciego estaba retirado de toda labor literaria y como creyente
convencido esperaba el llamado de Dios.
No
era ese el camino. En un momento dude de la sinceridad de Dacio al hablarme de
este ilustre italiano, al fin y al cabo era un personaje controvertido y lo que
más me alejaba de él era su reconversión al catolicismo, como si toda su obra
hubiera sido un movimiento circular y sin sentido. Debía buscar otros senderos
que me llevaran al camino principal y por ello todas mis esperanzas estaban
depositadas en el manuscrito que Cornelio tenía ahora en su poder.
Yo
esperaba ansioso esa traducción y que esta me diera la pista que
presumiblemente me abriría el paso a mi obra, entretanto me volqué en repasar
una y otra vez mis apuntes sobre la historiología de Lucifer desde distintas
ópticas principalmente las visiones desde el mundo Oriental, dado que mi
desconfianza hacía la influencia de las Iglesias Cristianas en Europa habían
desfigurado totalmente, o al menos esa era mi opinión, la figura del Angel
Caído hasta convertirla única y exclusivamente e la representación del mal
absoluto.
Leí
durante un breve instante algunas páginas del Lucifer de Van der Voden, sus
figuras contrahechas, enfermas, satánicas, deformadas por la corrupción de los
sentidos y la maldad del alma. Me repugnó y tuve que dejarlo. ¡¡No era eso lo
que yo buscaba!! Mi pretensión, quizás algo ingenua o muy ingenua era buscar la
cara distinta a la decadencia del personaje, cuando su divinidad aún era
evidente en él, ese momento era el que yo quería encontrar, el instante de su
separación de Rafael y Miguel, los reproches de estos ante su traición a su
Creador y los motivos que le indujeron a ello. Entonces, una vez centrado el
momento poder retarle en una partida sin igual. Pero estos autores católicos no
me daban ninguna pista por ello debería buscar en el Oriente Próximo, allí
donde todavía quedan adoradores del Angel de la Luz, los Yazídies.
¿Quién
a estas alturas del siglo me podía poner en contacto con los moradores del
valle de Lalish? ¿No les han exterminado los musulmanes?. ¿Cómo es posible que
este pueblo guardián de una religión que se remonta dos mil años antes de Cristo siguiera
existiendo?.
Muchas
preguntas con una muy difícil contestación: Raza. Si la fiereza de los hijos de
Mahoma no habían conseguido exterminar a este pequeño pueblo era precisamente
por eso por la pureza de su raza, mantenida separada de mestizaje desde hace
muchísimos siglos y por ello transmisores de una cultura, creencia y saber
ancestral, más cerca de la verdad que cualquier tipo de religión que por su
antigüedad caso del islamismo se podría decir que es moderna.
Me
puse manos a la obra y traté de ponerme en contacto con un miembro de la
embajada de Turquía en mi ciudad pues los turcos e iraquíes habían descubierto
las fosas repletas de yazidies que los yihadistas habían asesinado en la
batalla de Sinjar, matando mujeres y niños sin piedad.
Conocía
el kebab donde solía frecuentar Ossama todas las tardes del viernes y me dirigí
allí con la intención de ponerme al corriente de cómo poder ponerme en contacto
con esa comunidad sin tener que ir a esa zona tan conflictiva en este momento.
Ossama
era un hombre alto, con grueso bigote y rasgos más bien europeos, vestía
elegantemente y sus modales eran las propias de un intelectual o de alguien que
había estudiado en una Universidad Europea, solo el tono de su voz le delataba
su procedencia asiática.
¡Le
estaba buscando!, le dije mientras le extendía la mano para saludarle, le
conozco de un coctel que dio su embajada en el
aniversario del nacimiento de Kemal Atartük y nos presentó Blas de Antúnez.
Ah…
ya recuerdo, Usted venía en Representación de la Joven Europa, me alegra volver
a verle joven…. Pero a qué se debe este “casual” encuentro pues no creo que
este sea el lugar que Usted frecuente asiduamente.
Evidentemente
que no.
Entonces,
¿Habrá una explicación para ello, no cree?
Por
supuesto que sí por ello pretendo que me dedique un poco de su tiempo pues debo
ponerle al corriente del porqué y eso me llevará tiempo.
¿Tan
importante es?
Para
mí y mi trabajo por supuesto, para Usted puede que la satisfacción de colaborar
en un proyecto excitante o al menos interesante desde el punto de vista
histórico.
Bien,
le escucho.
Durante
más de media hora puse a Ossama Ch. al corriente de mis pasos desde que me
presenté en Montagnola, le hable del manuscrito aunque omití el nombre de la
persona que ahora tenía el pergamino por cuestiones de seguridad, no era muy
conveniente que mi amigo rumano fuera muy conocido pues él mantenía cierta
discreción desde que salió de la Rumania de Ceausescu de una manera algo “especial”.
Encontrar
hoy en día alguna persona del pueblo kurdo que quiera ponerse en contacto con
un europeo y más para hablar de los yazidies a los que protegen desde lo de
Sinjar es una labor imposible. No creo poderle ayudar en este aspecto, nuestras
relaciones con el Partido de los Trabajadores del Kurdistan no es precisamente
muy amigable y la zona está en situación de guerra por lo que le sugiero que
busque por otros caminos, yo no puedo hacer nada aunque me gustaría ayudarle
pues tengo respeto por todas las minorías y especialmente por este curioso
pueblo. Si acaso le puedo dar el nombre de una persona de la Media Luna Roja
que ha estado en ese territorio en los últimos meses.
“La ventaja de
los sueños es que te asocian mundos paralelos, situaciones inverosímiles en
tiempos distintos”
…………………….
Filoxides de Ursalia. Sueño quinto
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