Atravesamos un pequeño valle a cada lado de la carretera se podían apreciar
casas de un aspecto sobrio pero engalanadas con flores y rodeadas de un verdor
majestuoso, a lo lejos un bosque de abedules que entraban prácticamente en el
lago donde los gansos, patos y otras aves chapoteaban alegremente.
Wolf me iba indicando nombres de cerros y colinas a la vez de ciertas
propiedades agrícolas de la zona, pero yo me ensimismaba con la blancura y
luminosidad del paisaje.
Al girar en una pequeña curva en forma de ele Wolf me señalo a unos cien
metro la casa de Hesse con un sencillo: <Es ahí>. La casa presentaba el
típico estilo del norte de Italia más que el propio de la región, una enorme
enredadera rodeaba la cara norte de la casa mientras que el resto quedaba al
descubierto solo adornado por unas macetas rojas donde se detectaba el trabajo
del hombre. Orquídeas, jazmines y otras flores que desconozco se unían en un
festival de colores que cambiaba el aire sereno del caserío.
Al mundo primitivo
no conducen senderos;
no se consuela nuestra alma
con ejércitos de estrellas,
no con río, bosque y mar.
Ni un árbol uno encuentra,
ni río ni animal
que penetre al corazón;
no encontrarás un consuelo
sino entre tus semejantes.
no conducen senderos;
no se consuela nuestra alma
con ejércitos de estrellas,
no con río, bosque y mar.
Ni un árbol uno encuentra,
ni río ni animal
que penetre al corazón;
no encontrarás un consuelo
sino entre tus semejantes.
En el bolsillo de mi chaqueta llevaba el último libro del Maestro: El juego
de abalorios un libro que me sorprendió pues representa el omega de la obra de
este genial artista y quería que me la firmara personalmente.
El Juego de los Abalorios
Estamos dispuestos para escuchar con respeto
la música del universo y la música del Maestro
y para evocar en pura solemnidad
los venerados espíritus de los tiempos de gracia.
Encumbrémonos en alas del misterio
que encierran las mágicas fórmulas y leyendas;
dentro de ellas se plasman en clara alegoría
lo proceloso, lo ilimitado, la vida;
suenan como constelaciones cristalinas;
a su sonido cobra sentido nuestra vida,
pues nadie que proceda de su círculo
puede moverse sino hacia su sagrado centro.
El ama de llaves nos estaba esperando en el umbral de la puerta, se
presentó y me condujo a una pequeña antesala donde me rogó que me acomodará
mientras Herr Hesse llegaba pues había ido como todos las mañanas a recoger una
flores del prado que rodeaba la mansión. Me acomode en un sillón de estilo
clásico francés y ojee el libro de mi bolsillo mientras esperaba.
"Cada flor tiende a ser fruto, cada mañana tiende
a convertirse en noche, nada hay eterno en esta tierra, excepto el cambio o la
huida. También el verano más hermoso quiere sentir alguna vez otoño y lo
marchito. Mantente, hoja, quieta y con paciencia, si intenta el rapto alguna
vez el viento. Juega tu juego sin nunca defenderte, deja que tranquilamente
ocurra, y por el viento que te arranca déjate soplar hacia tu casa. "
No tardé en notar su presencia y las dudas se me presentaron provocando un nudo
en mi estómago: ¿Qué pensaría el Maestro de mí? ¿Cómo me recibirá?
Escuché la voz de la ama de llaves y en ese momento las dos hojas de la
puerta se abrieron de par en par dejando entrar una luz tenue, apacible, sutil
y en el centro con su figura mayestática esta Hesse vestido con una levita
blanca inmaculada semejante a un maestro hindú solo que sus ojos tremendamente
azules irradiaban el colorido que le faltaba a su imagen.
Me saludó calurosamente indicándome que pasara al salón, este estaba
abarrotado de libros en las estanterías que lo rodeaban, era de forma circular
con un gran ventanal al fondo por el que penetraba una enorme claridad que
iluminaba toda la habitación, en el centro una mesa de escritorio con dos
sillas al parecer bastante cómodas y en un lado un pequeño sofá con una mesita
baja que le daba a la estancia una agradable sensación de sosiego y
tranquilidad.
¡Le estaba esperando, joven! me dijo a modo de presentación.
Nuestro común amigo Miguel me ha hablado muy gratamente de Usted y de su
interés en mi persona.
He de reconocer que me costó reaccionar pues durante unos segundos
permanecí enmudecido pero pronto recobré el dominio y le contesté:
Gracias Maestro, este momento es para mí muy importante, deseaba
fervientemente conocerle en persona y temía que no pudiera recibirme pues
comprendo que su tiempo es muy importante y mi persona demasiado
insignificante.
Esbozo una leve sonrisa mientras me indicaba que tomara asiento a la vez
que indicaba a Gerda, el ama de llaves, nos trajera un refresco.
Bien mi estimado amigo. ¿Cuál es el sentido de su visita, pues supongo que
no habrá venido desde la lejana Hispania solamente para que le firme un
autógrafo o le regale una fotografía, no es cierto?
Efectivamente Señor, mi presencia ante Usted se debe principalmente a la
necesidad de poder conocer en persona a la única voz libre que queda hoy en
Europa o mejor dicho en el mundo.
No se confunda joven, no me halague pues soy un pobre viejo, escondido en
un rincón de Suiza donde hallé la tranquilidad y el sosiego que no tenía en
Alemania. Aquí solo recibo a contadas personas y de muy tarde en tarde; la
semana pasada me visitó mi gran amigo Carl Jung única voz de empaque que se
escucha hoy en día en lo que llamamos erróneamente "intelectualidad".
Él junto a nuestro común amigo Serrano me permite cerrar ese círculo
impenetrable que forman los espíritus libres cuando se encuentran.
Señor Hesse: ¿Me encantaría que me hablara de Siddharta, de la
trascendencia que supuso para Usted el budismo dado que Usted pertenece a una
familia de misioneros cristianos con hondos estudios sobre la Biblia y los
Evangelios?.
Siddharta es una liberación del hombre mediante la liberación de los bienes
materiales; prácticamente mi obra se reduce a este punto mágico: La Liberación
trascendental del espíritu mediante el amor.
Se puede decir que mi obra es como un ramo de flores pues todas tienen su
propio tallo pero fueron cortadas de la misma planta.
Cuando enviudé me vine a vivir aquí a la Casa Rossa donde repaso mi
trayectoria y rehago libros o escritos que comencé en la juventud. Considero
que El juego de Abalorios es mi mejor libro, donde mezclo la idea de una nueva
ciencia con la poesía y la música, aunque mi libro más querido es Demian, lo
escribí allí en Casa Camuzzi no recuerdo en que fechas pues el olvidar fechas y
lugares va siendo una constante en estos últimos años. Pero volviendo a
Siddharta,ese libro me conmocionó a mi como escritor posiblemente más que al
propio lector.
Señor Hess, permítame una pregunta indiscreta o por lo menos algo fuera de
contexto ¿Cuál es su opinión sobre el mundo actual en comparación con sus años
de juventud?
No existe cambio alguno en lo importante solo las formas son las que
cambian; el hombre se mueve en el mismo círculo de ansiedad que hace cien años
o veinte siglos. La multitud, la masa cambia de color en las formas pero no por
ello deja de ser rebaño que necesita tanto del pastor como del lobo. Mientras
que el lobo se va volviendo más escéptico, quizás alcanzó la sabiduría que por
su soledad le fue más fácil encontrar y se armó de escepticismo ante lo que
antaño era un buen plato de comida y hoy se le aparece como una fuente de
despojos.
Denoto cierto cansancio en el Maestro, rápidamente Gerda se acerca a
nosotros y me hace una leve insinuación de que mi tiempo se ha agotado.
Me levanto para despedirme y Hesse me dice: Tenemos que hablar mañana de su libro sobre
esa curiosa partida de ajedrez con Mefisto, hoy como puede ver mi protectora
considera que ya es suficiente. Le espero mañana a la misma hora, Wolf irá a
recogerle al Hotel, le ruego que me disculpe.
Gerda me acompaña hasta la puerta y me susurra. Herr Hesse está muy débil,
solo toma algo de verdura y fruta desde hace tiempo.
Me despido y me dirijo en el coche hacia el hotel con Wolf al volante.
"Y he aquí una doctrina de la que vas a reírte: el amor, Govinda, me
parece la cosa más importante que existe. Analizar el mundo, explicarlo o
despreciarlo acaso sea la tarea principal de los grandes filósofos. Yo en
cambio lo único que persigo es poder amar al mundo, no despreciarlo, no odiarlo
a él ni odiarme a mí mismo, poder contemplarlo -y con él a mí mismo y a todos
los seres- con amor, admiración y respeto..."
Filóxides de Ursalia. Sueño segundo
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