jueves, 29 de septiembre de 2016

Filoxides de Ursalia (Sueño Séptimo)




¿Es posible que el hombre sea tan solo un yerro de Dios? ¿O Dios tan solo un yerro del hombre?

Con estas preguntas de Nietzsche golpeándome la cabeza me desperté, era una mañana luminosa, clara; a lo lejos se oía la risa de los niños, el cantar de los pájaros y un profundo sonido a vida. Esta fluía por doquier, me hacía sentir bien, libre, sin ataduras casi desnudo como los seres del mar recordando a Machado y salí al encuentro de la vida, gozoso como hacía mucho tiempo que no lo estaba. Decía Aristóteles que para vivir en soledad hay que ser animal o dios. Falta aclarar que hay que ser lo uno y lo otro es decir filósofo. Yo no pretendo ser esto último, mi valía es mínima para ostentar tal título, era un simple curioso de la investigación o mejor dicho, una persona con múltiples dudas sobre lo que le han enseñado por decreto.
Tomé café mientras leía el periódico, en esto se me acercó Héctor el dueño del local donde me encontraba y me entregó una carta:
Tome Sr Filoxides el cartero me ha dejado esta carta para Usted.
Desde que nos vinimos a vivir aquí le había dado orden al cartero para que toda correspondencia a mi nombre la dejara en este café, aquí la recogía mi mujer cuando yo estaba de viaje o Héctor se la daba a mi mujer cuando ella estaba en el pueblo, pues mientras yo viajaba ella se quedaba a cuidar a mis nietos en casa de mi hijo y su mujer.
De pronto una extraña sensación me recorrió todo el cuerpo cuando vi el remitente de la carta ¡era de Hesse!, abrí con sumo cuidado esta y saqué la hoja de papel firmada por el propio Hesse aunque supuse que estaba escrita por Wolf pues su trazo era vigoroso y el del Maestro, se veía en la firma, más irregular. Decía así:
Estimado joven: Creo que el final se aproxima y pronto estaré bañándome en la fuente de Castalia allá en la falda del Parnaso con viejos amigos y bajo la protección de Apolo, espero que Usted se encuentre en mejor situación que yo y que el presente que le hice le haya ayudado en su proyecto, supongo que habrá tenido dificultades al no conocer el idioma en el que se encuentra redactado por ello le doy una pista que le puede ayudar en su propósito. Hay una persona en el Sur de Francia más concretamente en Foix en el departamento de Ariège cerca del Pirineo y que responde al nombre de Henry Loup le Blanch, este hombre le podrá ayudar mucho si Usted tiene la habilidad en conseguir ganarse su confianza pues es muy reservado (desconfiado) y hasta posiblemente este no sea su verdadero nombre. Búsquele y hágale partícipe de su proyecto comentándole nuestra conversación y enséñele  el documento que le obsequié, él sabrá descifrarlo sin ninguna duda pues el verdadero significado no solo está en sus signos sino en los detalles de los grabados, ahí está el verdadero sentido del manuscrito.
                                            Un último saludo, Herman Hesse
¡¡ En el Pirineo, muy cerca con la frontera de España!! . Leí y releí la carta varias veces hasta casi aprendérmela de memoria. Ese tal Henry tenía la llave que me abriría el paso al desenlace final ¿Será posible?
Llamé por teléfono a Dacio varias veces y cómo siempre tardé casi mediodía en dar con él. Nada más descolgar le solté de sopetón…. Dacio necesito verte urgentemente, tengo noticias nuevas sobre el manuscrito y quiero comentártelas pues es posible que no estemos yendo por el camino correcto.
Dacio guardó silencio un instante y al cabo me contestó. Tengo una mala noticia, me han robado, han entrado en mi casa y me han robado varias obras de arte, cosas antiguas, algún dinero y el pergamino que estaba abierto en mi mesa de trabajo, estoy consternado, no sé qué decirte lo siento mucho pues me doy cuenta de lo importante que el documento es para ti…. Lo siento.
Me quedé sin aliento ¡robado, así sin más!. Todo lo conseguido hasta ahora perdido porque un simple ladrón se lo ha llevado sin saber el valor no material que tiene ¿Cómo ha sucedido, has avisado a la policía? Le contesté a mi amigo tras un instante de estupor.
No, junto al documento robado habían ciertas cartas y detalles que no puedo revelar y que me comprometen demasiado para que la policía meta sus narices en los asuntos de un asilado político con un pasado algo turbio. Lo siento amigo mío, aunque guardo anotaciones que te pueden ayudar, estas las llevaba en mi portafolio en el momento del robo. Había ido a consultar con un viejo camarada cierto extraño símbolo que aparece en un grabado y que me llamó la atención.
¡Un grabado, un símbolo! ¿Quizás no esté todo perdido?. Necesito verte con urgencia y que me aclares punto por punto lo que ha sucedido pues me invaden ciertas dudas y quiero que seas lo más sincero conmigo.
De acuerdo… ¿En el Almacén, te viene bien?
A las siete, allí estaré.
Estaba confuso, le había advertido de la importancia del manuscrito, de cómo me lo había entregado Hesse, como él lo había recibido de C. Jung, de la importancia que el Maestro le daba y de cómo este me podía ayudar en mi empeño y Dacio un experto en vivir en los límites, que había escapado de situaciones muy difíciles en su lejana Rumania, que estaba acostumbrado al peligro, se dejaba un valioso ejemplar abierto encima de la mesa de su escritorio mientras iba a buscar lo que fuera. Me iba irritando hasta lo indecible mientras consumía el tiempo que quedaba hasta nuestro encuentro en el Almacén.
Aguardé en una esquina cercana a la puerta del Almacén que diera la hora, mi impaciencia había hecho que llegase al lugar más de media hora antes. La tarde era lluviosa y pasaba muy poca gente por la calle, esta era estrecha y de poco tráfico, unos bolardos impiden que los automóviles puedan aparcar en ambas aceras, la tarde languidece aunque aún hace un calor tórrido pues estamos a finales de Agosto y en estas fechas la Gran Ciudad aguanta unas temperaturas insoportables.
La humedad provocada por la fina lluvia y el calor conformaba una atmósfera pegajosa y sofocante no aguantaba más en la calle y me fui directamente al local, eran aproximadamente las siete y aunque no había visto llegar a Dacio pensé en esperarle dentro.
El local estaba concurrido, la barra del bar repleta de personas que se habían refugiado del calor y la lluvia, charlaban entretenidamente entre ellos es pequeños grupos o en parejas, las mesas las ocupaban parejas de diversas edades aunque no todas estaban ocupadas, elegí una cerca de los dos ventanales que estaban cerca de la puerta y esperé, esperé……
No se los cafés que llegué a tomar mientras esperaba a Cornelio ni la cantidad de personas que entraron y salieron del local en las casi tres horas que estuve esperando a mi amigo. Ya eran casi las diez de la noche, afuera la lluvia había dado paso a una noche fresca y agradable, los escasos árboles de una plaza cercana daban cobijo a varias parejas con sus perros mientras charlaban entre sí, pero de mi amigo nada, pasé al servicio donde se encontraba el teléfono y llamé a su oficina donde creí que se podría encontrar pero no recibí ninguna respuesta.
Salí del local con una extraña sensación mezcla de frustración, enfado, rabia, no sé cuantas cosas me pasaban por la cabeza, pero desde luego ninguna agradable en referencia a mi amigo, temí que había perdido al amigo y sobre todo el pergamino.
Me dirigí despacio hasta donde tenía el automóvil aparcado, este se encontraba cerca de una fuente donde supongo que habían estado jugando con el agua pues todo el suelo y los coches cercanos estaban cubiertos de agua y no de lluvia precisamente pues esta hacía casi dos horas que había cesado.
Al llegar al auto pude ver claramente que en el parabrisas alguien había puesto una nota que por culpa del agua estaba pegada al cristal, al intentar cogerla esta se rompió quedando una parte en mi mano y otra más grande en el parabrisas.
Pude leer lo siguiente:
Siento no……….. te llamaré……………. si …. recupero.
La hoja se deshizo y no pude leer nada más, era imposible. Esto me disgusto todavía más, subí al coche y abandoné el lugar de inmediato.
Filoxides de Ursalia. Sueño séptimo

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