¿Es posible que el hombre sea tan solo un yerro de Dios? ¿O Dios
tan solo un yerro del hombre?
Con
estas preguntas de Nietzsche golpeándome la cabeza me desperté, era una mañana
luminosa, clara; a lo lejos se oía la risa de los niños, el cantar de los
pájaros y un profundo sonido a vida. Esta fluía por doquier, me hacía sentir
bien, libre, sin ataduras casi desnudo como los seres del mar recordando a
Machado y salí al encuentro de la vida, gozoso como hacía mucho tiempo que no
lo estaba. Decía Aristóteles que para vivir en soledad hay que ser animal o
dios. Falta aclarar que hay que ser lo uno y lo otro es decir filósofo. Yo no
pretendo ser esto último, mi valía es mínima para ostentar tal título, era un
simple curioso de la investigación o mejor dicho, una persona con múltiples
dudas sobre lo que le han enseñado por decreto.
Tomé
café mientras leía el periódico, en esto se me acercó Héctor el dueño del local
donde me encontraba y me entregó una carta:
Tome
Sr Filoxides el cartero me ha dejado esta carta para Usted.
Desde
que nos vinimos a vivir aquí le había dado orden al cartero para que toda
correspondencia a mi nombre la dejara en este café, aquí la recogía mi mujer
cuando yo estaba de viaje o Héctor se la daba a mi mujer cuando ella estaba en
el pueblo, pues mientras yo viajaba ella se quedaba a cuidar a mis nietos en casa
de mi hijo y su mujer.
De
pronto una extraña sensación me recorrió todo el cuerpo cuando vi el remitente
de la carta ¡era de Hesse!, abrí con sumo cuidado esta y saqué la hoja de papel
firmada por el propio Hesse aunque supuse que estaba escrita por Wolf pues su trazo
era vigoroso y el del Maestro, se veía en la firma, más irregular. Decía así:
Estimado
joven: Creo que el final se aproxima y pronto estaré bañándome en la fuente de
Castalia allá en la falda del Parnaso con viejos amigos y bajo la protección de
Apolo, espero que Usted se encuentre en mejor situación que yo y que el
presente que le hice le haya ayudado en su proyecto, supongo que habrá tenido
dificultades al no conocer el idioma en el que se encuentra redactado por ello
le doy una pista que le puede ayudar en su propósito. Hay una persona en el Sur
de Francia más concretamente en Foix en el departamento de Ariège cerca del
Pirineo y que responde al nombre de Henry Loup le Blanch, este hombre le podrá
ayudar mucho si Usted tiene la habilidad en conseguir ganarse su confianza pues
es muy reservado (desconfiado) y hasta posiblemente este no sea su verdadero
nombre. Búsquele y hágale partícipe de su proyecto comentándole nuestra
conversación y enséñele el documento que
le obsequié, él sabrá descifrarlo sin ninguna duda pues el verdadero
significado no solo está en sus signos sino en los detalles de los grabados, ahí
está el verdadero sentido del manuscrito.
Un
último saludo, Herman Hesse
¡¡
En el Pirineo, muy cerca con la frontera de España!! . Leí y releí la carta
varias veces hasta casi aprendérmela de memoria. Ese tal Henry tenía la llave
que me abriría el paso al desenlace final ¿Será posible?
Llamé
por teléfono a Dacio varias veces y cómo siempre tardé casi mediodía en dar con
él. Nada más descolgar le solté de sopetón…. Dacio necesito verte urgentemente,
tengo noticias nuevas sobre el manuscrito y quiero comentártelas pues es
posible que no estemos yendo por el camino correcto.
Dacio
guardó silencio un instante y al cabo me contestó. Tengo una mala noticia, me
han robado, han entrado en mi casa y me han robado varias obras de arte, cosas
antiguas, algún dinero y el pergamino que estaba abierto en mi mesa de trabajo,
estoy consternado, no sé qué decirte lo siento mucho pues me doy cuenta de lo
importante que el documento es para ti…. Lo siento.
Me
quedé sin aliento ¡robado, así sin más!. Todo lo conseguido hasta ahora perdido
porque un simple ladrón se lo ha llevado sin saber el valor no material que
tiene ¿Cómo ha sucedido, has avisado a la policía? Le contesté a mi amigo tras
un instante de estupor.
No,
junto al documento robado habían ciertas cartas y detalles que no puedo revelar
y que me comprometen demasiado para que la policía meta sus narices en los
asuntos de un asilado político con un pasado algo turbio. Lo siento amigo mío,
aunque guardo anotaciones que te pueden ayudar, estas las llevaba en mi
portafolio en el momento del robo. Había ido a consultar con un viejo camarada
cierto extraño símbolo que aparece en un grabado y que me llamó la atención.
¡Un
grabado, un símbolo! ¿Quizás no esté todo perdido?. Necesito verte con urgencia
y que me aclares punto por punto lo que ha sucedido pues me invaden ciertas
dudas y quiero que seas lo más sincero conmigo.
De
acuerdo… ¿En el Almacén, te viene bien?
A
las siete, allí estaré.
Estaba
confuso, le había advertido de la importancia del manuscrito, de cómo me lo
había entregado Hesse, como él lo había recibido de C. Jung, de la importancia
que el Maestro le daba y de cómo este me podía ayudar en mi empeño y Dacio un
experto en vivir en los límites, que había escapado de situaciones muy
difíciles en su lejana Rumania, que estaba acostumbrado al peligro, se dejaba
un valioso ejemplar abierto encima de la mesa de su escritorio mientras iba a
buscar lo que fuera. Me iba irritando hasta lo indecible mientras consumía el
tiempo que quedaba hasta nuestro encuentro en el Almacén.
Aguardé
en una esquina cercana a la puerta del Almacén que diera la hora, mi
impaciencia había hecho que llegase al lugar más de media hora antes. La tarde
era lluviosa y pasaba muy poca gente por la calle, esta era estrecha y de poco
tráfico, unos bolardos impiden que los automóviles puedan aparcar en ambas
aceras, la tarde languidece aunque aún hace un calor tórrido pues estamos a
finales de Agosto y en estas fechas la Gran Ciudad aguanta unas temperaturas
insoportables.
La
humedad provocada por la fina lluvia y el calor conformaba una atmósfera
pegajosa y sofocante no aguantaba más en la calle y me fui directamente al
local, eran aproximadamente las siete y aunque no había visto llegar a Dacio
pensé en esperarle dentro.
El
local estaba concurrido, la barra del bar repleta de personas que se habían
refugiado del calor y la lluvia, charlaban entretenidamente entre ellos es
pequeños grupos o en parejas, las mesas las ocupaban parejas de diversas edades
aunque no todas estaban ocupadas, elegí una cerca de los dos ventanales que estaban
cerca de la puerta y esperé, esperé……
No
se los cafés que llegué a tomar mientras esperaba a Cornelio ni la cantidad de
personas que entraron y salieron del local en las casi tres horas que estuve
esperando a mi amigo. Ya eran casi las diez de la noche, afuera la lluvia había
dado paso a una noche fresca y agradable, los escasos árboles de una plaza
cercana daban cobijo a varias parejas con sus perros mientras charlaban entre
sí, pero de mi amigo nada, pasé al servicio donde se encontraba el teléfono y
llamé a su oficina donde creí que se podría encontrar pero no recibí ninguna
respuesta.
Salí
del local con una extraña sensación mezcla de frustración, enfado, rabia, no sé
cuantas cosas me pasaban por la cabeza, pero desde luego ninguna agradable en
referencia a mi amigo, temí que había perdido al amigo y sobre todo el
pergamino.
Me
dirigí despacio hasta donde tenía el automóvil aparcado, este se encontraba
cerca de una fuente donde supongo que habían estado jugando con el agua pues
todo el suelo y los coches cercanos estaban cubiertos de agua y no de lluvia
precisamente pues esta hacía casi dos horas que había cesado.
Al
llegar al auto pude ver claramente que en el parabrisas alguien había puesto
una nota que por culpa del agua estaba pegada al cristal, al intentar cogerla
esta se rompió quedando una parte en mi mano y otra más grande en el
parabrisas.
Pude
leer lo siguiente:
Siento
no……….. te llamaré……………. si …. recupero.
La
hoja se deshizo y no pude leer nada más, era imposible. Esto me disgusto
todavía más, subí al coche y abandoné el lugar de inmediato.
Filoxides de Ursalia. Sueño séptimo
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