sábado, 10 de septiembre de 2016

Filoxides de Ursalia Sueño 1º



  En uno de mis viajes imaginarios visité a Herman Hesse. Por el camino, en el tren que me conducía a Montagnola mi corazón se atropellaba con mi mente de cuál iba a ser mi encuentro con el Maestro.
¿Qué perfil del Génio de Calw iba a ser el primero en presentarse ante mí, el pintor expresionista o el magnífico escritor de Demian?. Repasaba mis apuntes pues no quería quedar como un idiota ante él o en un simple estudiante de literatura que necesitaba subir nota gracias a las enseñanzas del Maestro.
Este genio alemán premiado con el Nobel en 1946 es uno de los escritores más prolíficos del siglo XX, su obra escrita es enorme, más de cuarenta grandes obras lo confirman pero a mí hay una especialmente que me obsesiona y por ello es mi viaje a su casa de descanso, si Siddartha me conmovió el alma El Lobo Estepario supuso para mí el aldabonazo de un pensamiento único, profundo sublime.

Yo, lobo estepario, troto y troto
la nieve cubre el mundo,
el cuervo aletea desde el abedul,
pero nunca una liebre , nunca un ciervo.

Preparé mis apuntes, ordené mis preguntas y anotaciones pues era consciente del paso que iba a dar al encontrarme cara a cara con un genio de la literatura universal. 

¡Amo tanto a los ciervos!
¡Ah, si encontrase alguno!
Lo apresaría entre mis dientes y mis patas,
eso es lo más hermoso que imagino.
Para los afectivos tendría buen corazón,
devoraría hasta el fondo de sus tiernos perniles,
bebería hasta hartarme de su sangre rojiza,
y luego aullaría toda la noche solitario.

Me imaginaba a Herr Hesse como un yogi, encarnando la figura de Siddartha, resplandeciente tras una túnica de color blanco impoluto, sublime con aura clara y luminosa rodeando su pequeña figura.

Hasta con una liebre me conformaría.
El sabor de su cálida carne es tan dulce de noche.
¿Acaso todo, todo lo que pueda alegrar
una pizca la vida está lejos de mí?
El pelo de mi cola tiene ya un color gris,
apenas puedo ver con claridad,
y hace años que murió mi compañera.

Según me iba acercando a la estación puede observar las magníficas casas de madera de estilo tirolés adornada con multitud de flores a pesar de la época del año, pues ya se veía nieve en la cercana sierra que nutre al lago Como durante los meses cálidos que hacen de esta península un paraíso natural.

Ahora troto y sueño con ciervos,
troto y sueño con liebres,
oigo soplar el viento en noches invernales,
calmo con nieve mi garganta ardiente,
llevo al diablo hasta mi pobre alma.

Un chofer me recoge en la estación y me invita a acompañarle en un vehículo negro hasta el hotel a unos tres kilómetros de Montagnola en la carretera que vá a Lugano. Una vez allí me indica que el Señor Hesse me recibirá en los próximos días pues se encuentra delicado de salud y no recibe nada más que a su doctor y a Carl Jung que ha venido a visitarlo y se hospeda en su casa.
He de recordar que estoy aquí gracias a un amigo de ambos, el diplomático chileno Miguel Serrano amigo tanto de Jung como de Hesse con los cuales han formado una especie de triada mística a la que denominan Círculo Hermético.
Paso lo que resta del día paseando por las calles de Montagnola sin rumbo fijo como cualquier turista esperando la llamada de Wolf, así es como se presentó el chofer de Hesse y tomo café en una de muchas terrazas que hay en la Plaza del Ayuntamiento a pleno sol y con los apuntes delante de mis ojos.
En una librería próxima me compro un libro de poemas de Hölderlin:

A las Parcas.


Dadme un estío más, oh poderosas,
y un otoño, que avive mis canciones,
y así, mi corazón, del dulce juego
saciado, morirá gustosamente.

El alma, que en el mundo vuestra ley
divina no gozó pena en el Orco;
más si la gracia que ambiciono logra
mi corazón si vive, poesía

Y se bienvenido al mundo de las sombras!
Feliz estoy, así no me acompañen
los sones de mi lira, pues por fin
como los dioses vivo y más no anhelo.

Cae la noche y sigo sin tener noticias de Hesse por mediación de su ayudante o mayordomo Wolf por lo que me refugio en mi hotel y me vuelco en mis notas:

“Hay que estar orgulloso del dolor; todo es un recuerdo de nuestra condición elevada.”

“A los verdaderos hombres no les pertenece nada. El tiempo y el dinero pertenece a los mediocres y superficiales.”

Me encierro en mis pensamientos y quedo dormido.

Al bajar a desayunar en la cafetería anexa a recepción se me acerca un empleado del hotel con una carta con el membrete de la casa de H. Hesse. al abrirla dice así:
Le espero a las doce para almorzar le ruego no se demore me incomoda la falta de puntualidad. H.H.
Al salir a la calle me encuentro a Wolf esperándome en su flamante coche que a la luz del día pareciera que le habían estado sacando brillo toda la noche.
Me saludó cortésmente y  me invitó a subir al auto mientras en un castellano gutural me decía: Herr Hesse le está esperando. Esa fue toda la conversación que mantuvimos en los aproximadamente quince minutos que pasamos hasta llegar a la casa de Herman Hesse.



Filóxides de Ursalia. Primer sueño   

1 comentario: