En uno de mis viajes imaginarios visité a Herman Hesse.
Por el camino, en el tren que me conducía a Montagnola mi corazón se
atropellaba con mi mente de cuál iba a ser mi encuentro con el Maestro.
¿Qué perfil del Génio de Calw iba a ser el primero en presentarse ante mí,
el pintor expresionista o el magnífico escritor de Demian?. Repasaba mis
apuntes pues no quería quedar como un idiota ante él o en un simple estudiante
de literatura que necesitaba subir nota gracias a las enseñanzas del Maestro.
Este genio alemán premiado con el Nobel en 1946 es uno de los escritores
más prolíficos del siglo XX, su obra escrita es enorme, más de cuarenta grandes
obras lo confirman pero a mí hay una especialmente que me obsesiona y por ello
es mi viaje a su casa de descanso, si Siddartha me conmovió el alma El Lobo
Estepario supuso para mí el aldabonazo de un pensamiento único, profundo
sublime.
Yo, lobo estepario, troto y troto
la nieve cubre el mundo,
el cuervo aletea desde el abedul,
pero nunca una liebre , nunca un
ciervo.
Preparé mis apuntes, ordené mis preguntas y anotaciones pues era consciente
del paso que iba a dar al encontrarme cara a cara con un genio de la literatura
universal.
¡Amo tanto a los ciervos!
¡Ah, si encontrase alguno!
Lo apresaría entre mis dientes y mis
patas,
eso es lo más hermoso que imagino.
Para los afectivos tendría buen
corazón,
devoraría hasta el fondo de sus
tiernos perniles,
bebería hasta hartarme de su sangre
rojiza,
y luego aullaría toda la noche
solitario.
Me imaginaba a Herr Hesse como un yogi, encarnando la figura de Siddartha,
resplandeciente tras una túnica de color blanco impoluto, sublime con aura
clara y luminosa rodeando su pequeña figura.
Hasta con una liebre me conformaría.
El sabor de su cálida carne es tan
dulce de noche.
¿Acaso todo, todo lo que pueda
alegrar
una pizca la vida está lejos de mí?
El pelo de mi cola tiene ya un color
gris,
apenas puedo ver con claridad,
y hace años que murió mi compañera.
Según me iba acercando a la estación puede observar las magníficas casas de
madera de estilo tirolés adornada con multitud de flores a pesar de la época
del año, pues ya se veía nieve en la cercana sierra que nutre al lago Como
durante los meses cálidos que hacen de esta península un paraíso natural.
Ahora troto y sueño con ciervos,
troto y sueño con liebres,
oigo soplar el viento en noches
invernales,
calmo con nieve mi garganta
ardiente,
llevo al diablo hasta mi pobre alma.
Un chofer me recoge en la estación y me invita a acompañarle en un vehículo
negro hasta el hotel a unos tres kilómetros de Montagnola en la carretera que
vá a Lugano. Una vez allí me indica que el Señor Hesse me recibirá en los
próximos días pues se encuentra delicado de salud y no recibe nada más que a su
doctor y a Carl Jung que ha venido a visitarlo y se hospeda en su casa.
He de recordar que estoy aquí gracias a un amigo de ambos, el diplomático
chileno Miguel Serrano amigo tanto de Jung como de Hesse con los cuales han
formado una especie de triada mística a la que denominan Círculo Hermético.
Paso lo que resta del día paseando por las calles de Montagnola sin rumbo
fijo como cualquier turista esperando la llamada de Wolf, así es como se
presentó el chofer de Hesse y tomo café en una de muchas terrazas que hay en la
Plaza del Ayuntamiento a pleno sol y con los apuntes delante de mis ojos.
En una librería próxima me compro un libro de poemas de Hölderlin:
A las Parcas.
Dadme un estío más, oh poderosas,
y un otoño, que avive mis canciones,
y así, mi corazón, del dulce juego
saciado, morirá gustosamente.
El alma, que en el mundo vuestra ley
divina no gozó pena en el Orco;
más si la gracia que ambiciono logra
mi corazón si vive, poesía
Y se bienvenido al mundo de las
sombras!
Feliz estoy, así no me acompañen
los sones de mi lira, pues por fin
como los dioses vivo y más no
anhelo.
Cae la noche
y sigo sin tener noticias de Hesse por mediación de su ayudante o mayordomo
Wolf por lo que me refugio en mi hotel y me vuelco en mis notas:
“Hay que estar orgulloso del dolor; todo es un recuerdo de nuestra condición elevada.”
“A los verdaderos hombres no les
pertenece nada. El tiempo y el dinero pertenece a los mediocres y
superficiales.”
Me encierro en mis pensamientos y quedo dormido.
Al bajar a desayunar en la cafetería anexa a recepción se me acerca un
empleado del hotel con una carta con el membrete de la casa de H. Hesse. al
abrirla dice así:
Le espero a las doce para almorzar le ruego no se demore me incomoda la
falta de puntualidad. H.H.
Al salir a la calle me encuentro a Wolf esperándome en su flamante coche
que a la luz del día pareciera que le habían estado sacando brillo toda la
noche.
Me saludó cortésmente y me invitó a subir al auto mientras en un
castellano gutural me decía: Herr Hesse le está esperando. Esa fue toda la
conversación que mantuvimos en los aproximadamente quince minutos que pasamos
hasta llegar a la casa de Herman Hesse.
Filóxides de Ursalia. Primer sueño
Genial!!! Un placer leerte.
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