He dudado en
publicar este breve apunte sobre lo que pienso sobre lo español. Los que
tenemos cierta edad y hemos conocido en primera persona muchos acontecimientos
que hoy son parte de la Historia de nuestro país hemos desarrollado, creo yo,
un talante crítico bastante alejado de posiciones extremas. Muy a mi pesar veo,
siento y sufro lo que Unamuno solía repetir sobre la cerrazón que se instala en
el español cada cierto tiempo, es como si nunca estuviéramos conformes y
necesitásemos la algarada y el quebrantamiento de la tranquilidad cuando esta
lleva cierto tiempo instalada entre nosotros.
Pueblo que se
debate entre la sacristía y la cheka, revolucionario y a la vez conservador,
proclive a aburguesarse en cuanto la fortuna que no el esfuerzo llama a su
puerta y presto a vivir de la caridad sin perder un ápice de orgullo. Guerrero,
valiente si hay recompensa de por medio y también dado al vasallaje y pleitesía
si es conveniente para su hacienda. Cervantes nos reflejó perfectamente en su
célebre Quijote, dónde exponía al mundo esas dos Españas que fluyen dentro de
una misma.
Soñador en el
pensamiento más que racional en su comportamiento puede pasar de un extremo
eufórico a un pesimismo trágico sin que medie razón para ello, esta dualidad
puede haber sido principio de un carácter evolutivo pero hoy cuando mueren las
últimas horas del año dos mil dieciséis intuyo que esto es más una ilusión que
la triste realidad.
Sin entrar en
principio morales ni cuestiones religiosas, me resulta cómico (trágico
resultaría muy pomposo) nuestro proceder en lo “moral”, creo que nuestra
sociedad ha pasado de una “moralina” burguesa que ocultaba sus vicios de cara
al exterior mientras repetía golpes de
pecho y horas de rosario entre infidelidades, cuando no en obscenidades, que no
tienen nada que reprochar al libertinaje antiguo.
En las zonas
rurales dónde la Iglesia tenía más acercamiento a la persona, ejercía de
moderadora hasta cierto punto pues no son pocos los casos dónde esa misma
Iglesia caía en el vicio que sus postulados prohibían y mientras el pueblo
jugaba entre la devoción y el credo al desenfreno en fiestas paganas con las que
se liberaban de tanto rigor y sometimiento.
Hoy asistimos, en
lo político, al bochornoso cierre de un año (casi entero) sin gobierno. Nuestra
sociedad se fraccionó en las elecciones del veinte de Diciembre del 2016,
habían nacido nuevos partidos que se enfrentaban a los ya agotados partidos de
la Transición y en estas elecciones dividieron el Congreso hasta hacerlo
ingobernable, se repitieron las elecciones el veintiséis de Junio del 2017 con
un resultado algo mejor para el partido conservador, la caída en picado del
socialismo y el estancamiento de los dos partidos emergentes. Hasta el
veintinueve de Octubre del ya cerrado año 2016 no se llegó al acuerdo entre los
partidos para que eligieran presidente y al menos la cordura de que lo fuera el
más votado se impuso.
¿Por qué se llega
a este extremo en países similares y
España en particular? Me centraré solamente en aquello que me incumbe
que es el país dónde nací y también dónde nació mi hijo y recientemente mis
nietos: España.
Los que vivimos la
época de la Dictadura y que no nos dejamos llevar ni por el rencor, la añoranza
o el simple conformismo tenemos una visión mucho más clara de cómo se han
desarrollado los acontecimientos y los éxitos y fracasos que no errores de la
política de los últimos cuarenta años largos que van desde la muerte del
General Franco hasta el día de hoy.
Aunque ya haya
pasado casi medio siglo de este acontecimiento y aparezca ante la visión de los
más jóvenes cómo casi prehistórico hablar de una época tan reciente quiero
tocar brevemente ciertos aspectos que hoy parecen olvidados o más bien
enterrados por la conveniencia de muchos, la traición de no pocos y el
revanchismo de otros que nunca aceptaron ni aceptaran la derrota militar y
política de su causa, principalmente la política.
Es de todos
sabidos el mínimo avance de la sociedad española desde la pérdida de las
últimas colonias hasta bien entrado el siglo veinte, concretamente hasta la
caída de la II República. España estaba estancada en un retraso tecnológico e
industrial que lacraba su desarrollo social, víctima de una oligarquía burguesa
y trasnochada compuesta por aristócratas, caciques y la influencia de la
Iglesia Católica, que habían llevado a España a Monarquías, Directorios
Militares, Repúblicas…..
La tercera y
última guerra Carlista tuvo como resultado del nacimiento de nacionalismos
locales que años después ya en el siglo veinte y aún en este que estamos
influyeron tanto en la política nacional. La fragmentación de España consumada
por el actual Estado de las Autonomías y por la más que presumible deriva
catalanista y vasca nació en aquella lejana época.
La guerra civil
del año 36 fue el resultado de todo esto, medio siglo de fracasos políticos, un
pueblo condicionado en la pobreza y la incultura, en esto último tuvo mucha
culpa la Iglesia que siempre ha querido controlar la educación en España, el
desarraigo que provocaba la emigración hacia tierras dónde una incipiente
industria explotaba al trabajador que llegaba de las aldeas, pueblos y ciudades
que centraban su economía en la agricultura, tierras estas en manos de
terratenientes y explotadores.
A esto hay que
añadir la interferencia de la masonería, el internacionalismo revolucionario
que encontraban terreno abonado para sus maquinaciones y propósito.
La deriva
republicana con sus cambios de gobierno, las huelgas salvajes de la minería
asturiana, el caos provocado por el incipiente separatismo o aberraciones tales
como el cantonalismo que podían aparecer de un momento a otro como ocurrió durante
la I República (Cantón de Cartagena) provocaron que el gobierno republicano
echase mano del ejercito para reprimir la revolución en Asturias dónde los
anarcosindicalistas de la CNT y los socialistas habían proclamado una República
Comunista. La represión fue muy dura y aún se recuerda en ciertos pueblos como
Mieres o Sama de Langreo y hasta el mismo Gijón.
De ahí al
alzamiento militar de Julio del 36 hay dos años de anarquía, quema de conventos,
asesinatos de diputados por parte de los revolucionarios, enfrentamiento entre
una nacida Falange Española, que ocupaba en la calle el peso que la derecha
burguesa y católica de la CEDA nunca tuvo el valor de ocupar.
El mismo Unamuno
exigía desde la cátedra de Salamanca la intervención del ejército para
restaurar el orden aunque él mismo advertía de las consecuencias que podían
derivar de este hecho, algunos intelectuales estaban de acuerdo aunque la
mayoría o al menos una parte considerable de ellos se exiliaron ante la eminente guerra adoptando
una posición ambigua ante los acontecimientos.
“No es esto, no es
esto” Advertía Ortega ante el sectarismo que se iba instalando en el parlamento
de la República. Pedía crear un: "Estado integral, superior a todo
partidismo", ante el avance de un anticlericalismo evidente y la
creación de un gran partido aglutinador que modernizase España lejos de los
entonces partidos de izquierda y de derecha.
"Es preciso rectificar el
perfil y el tono de la República, y para ello es menester que surja un gran
movimiento político en el país, un partido gigante que anude, de la manera más
expresa, con aquel ejemplar hecho de solidaridad nacional, portador de la República,
que interprete ésta como un instrumento de todo y de nada para forjar la nueva
nación, y haciendo de ella un cuerpo ágil, diestro, solidario, actualísimo,
capaz de dar su buen brinco sobre las grupas de la fortuna histórica, animal
fabuloso que pasó ante los pueblos siempre muy a la carrera” Escribía Ortega en su Rectificación de la
República.
El resultado de todo esto es conocido por todos tres años de una
horrible guerra dónde hermanos, vecinos, conocidos, compañeros de trabajo se
enfrentaban entre sí radicalizados por una propaganda que venía de fuera y que
nunca comprendió la idiosincrasia del pueblo español.
La guerra para España no terminó en el 36, lo sucesos que ocurrieron en
Europa influyeron muy directamente en el desarrollo y posterior
condicionamiento de nuestra política interior dada la presión con que los
vencedores de la Segunda Gran Guerra sometieron al gobierno de Franco.
La España que surgió de la Guerra Civil al menos en sus primeros años
fue cercana al Eje, el apoyo alemán e italiano a la causa nacionalista fue
importante tanto como lo pudo ser la ayuda internacionalista al gobierno de la
República solo que una fue puesta en manos de profesionales y la otra cayó en
manos de revolucionarios idealistas que no respetaban ordenes ni aceptaban ningún
tipo de disciplina. Se ha escrito mucho sobre esto, dándoles a los vencidos
cierto aire de romanticismo revolucionario, pero la realidad fue otra, la
España cruel, sanguinaria, dominaba más que cualquier sentido épico que los
miles de voluntarios que llegaron a España para luchar al lado de la República
pudieran tener.
(Primera parte)
Filoxides el Crítico
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