sábado, 21 de enero de 2017

Mis días en Olivenza (Fin)



Llegamos al Salón que previamente ha alquilado Honorio, es una aula que el Ayuntamiento destina para eventos oficiales o como en este caso para conferencias, reuniones festivas y otros usos. Honorio se siente como pez en el agua en estos sitios, se le ve acostumbrado, domina la situación, habla familiarmente con todos y con un especial acierto pone en movimiento el tranquilo quehacer del personal del edificio.
Poco a poco van llegando los invitados, la mayoría son ciudadanos portugueses de cierta edad, algún que otro foráneo como yo y amigos de Honorio de Olivenza y Badajoz principalmente. Me siento al lado de Enrique, que en este momento está leyendo prensa portuguesa, es un artículo que Mario Soares escribió hace veinte años, Enrique como Honorio tuvieron que sufrir la contienda en Angola allá por los años setenta, este último nunca quiso hablar de ello pero se le notaba como el color de su cara cambiaba y sus ojos se entristecían cuando se abordaba el tema.
Honorio se acerca al atril desde dónde nos va a dirigir la palabra este descansa sobre una plataforma que eleva al conferenciante del resto de los asistentes, detrás una pantalla y sobre este un micrófono y un montón de papeles. La acogida a Honorio es muy cálida, las personas allí asistentes le recuerdan de sus años de profesor y de otras conferencias dadas en Evora y aquí en Olivenza, punto de encuentro de dos grandes pueblos según sus palabras. Oigámosle:
-Buenos días estimados amigos. Es un placer como siempre el poder estar estos días con vosotros y abusar de vuestra paciencia con mis “aburridos” temas (risas). Llevo como bien sabéis, toda una vida tratando de dar sentido a tanto academicismo que me temo pueda yo caer en el mismo error. Dije hace varios años, muchos ya para mí memoria, que el concepto de –Filosofía- había quedado obsoleto, o mejor dicho, había caducado, son tantas las Escuelas, Pensamientos, Ideas que en estos momentos cubren cada cuadro del tablero de ajedrez de la Ética y la Moral, aquí muy cerca de dónde pensadores como Uriel de Castro, León Hebreo, Isaac Orobio de Castro o el no sefardí Dámaso de Gois daban sus enseñanzas desde la Universidad de Coimbra a Salamanca o Sevilla, han pasado muchos siglos, hoy día todo se clasifica para ser entendible, nada se sale del cuadrado ajedrecístico, allí se organizan las ideas según su interpretable sentido, el mundo de la Estadística a suplantado al del Filosofo-.
Durante algo más de hora y media Honorio pormenorizo sobre este tema resaltando  aquello de: “El filosofo ha terminado de completar el tablero de ajedrez, ya no quedan casillas libres, las piezas han completado todas las combinaciones y movimientos posibles, las estrategias se han agotado. La partida ha quedado en tablas”.
No he quedado muy satisfecho de la conferencia. Mientras Enrique, compañero de cátedra aplaude efusivamente a Honorio que rodeado de estudiantes y antiguos compañeros sonríe feliz, Fabio se une al grupo mientras no veo por ningún lado a Julio, supongo que andará por aquí en cualquier lugar.
Los profesores y catedráticos, pensadores ellos, a veces me confunden, siento como si no pertenecieran a este mundo en el que yo vivo, sus ideas son siempre abstractas, ajenas al día a día, a la realidad cotidiana, a todo aquello que rodea a la humanidad y se escudan o se protegen en un mundo utópico dónde las ideas fluyen, aparecen y se desvanecen a su antojo.
Almorzamos en un alegre lugar a las afueras de Olivenza el Churrasco de San Pedro, me siento cerca de un grupo de estudiantes y pronto mi mesa se llena, el primero es Julio después otras cuatro personas que se presentan como amigos de Honorio y de Elisa. La comida es agradable, las personas presentes hablan del tiempo, de la caza muy propio de estas tierras y de un sinfín de cosas, en un momento de distracción Julio se acerca a mi oído y me suelta de sopetón: ¡Me escape al bar de la esquina, las conferencias no son lo mío! Me echo a reír sin más sorprendiendo a los presentes, pido perdón y sigo comiendo como si nada.
La tarde la paso recorriendo la ciudad en compañía de Julio, mientras Honorio, Enrique y un tal Joao Peres de Lima compañero de Universidad de ambos preparan la charla de mañana. Elisa nos ha recomendado varios sitios para visitar y nos recuerda que la cena será a las nueve.
Paseamos bajo sus murallas, Julio me va explicando el origen de la ciudad, de su historia templaría, del Rey Dinis de Portugal, que la ciudad fue portuguesa hasta 1801 a consecuencia de la Guerra de las Naranjas. Visitamos el Museo Etnográfico y el famoso retablo del Evangelio de Santa María pasamos por la portada manuelina del Ayuntamiento dónde recojo unas hojas informativas, por  las fortificaciones y baluartes y por fin paramos en una cafetería dónde nos tomamos la famosa Técula Mécula mientras vemos salir a los hicos y chicas de la Escuela de Teatro y Danza de Extremadura.
Los huevos, la manteca o la almendra o más bien todo en general me ha caído como un rayo, no debí comer ese postre después del almuerzo que habíamos tenido en el churrasco de San Pedro, paseamos un rato más y nos dirigimos hacia la casa de Honorio, hay un buen trecho por lo que me vendrá bien.
Llegamos sobre las ocho y media de la tarde, todos están sentados en el maravilloso porche que tiene la casa, una botella de ron y algunos refrescos sobre la mesa nos indica que no se lo han pasado mal sin nuestra presencia. El tal Joao se ha unido a la reunión y tiene una acalorada discusión con Enrique mientras que Honorio asiste en silencio esta.
Me sirvo un ron con cola y me siento un poco alejado de los dos protagonistas de la charla, Julio con esa habilidad suya para desaparecer ya no está, se sirvió un ron a secas y desapareció, al parecer Honorio tiene una copia buenísima de Kandisnky,  El Puerto de Odessa y seguro que cerca de él estará el buen Julio, bastante escéptico en cuanto a todo lo abstracto menos en la pintura.
Al parecer la discusión se basa en la política de Portugal en referencia a las colonias de ultramar, su perdida y los daños materiales y humanos que causo esta. Mientras Joao defiende la postura de Salazar enviando tropas a Angola y Mozambique, Enrique defiende la postura radical que esa fue la causa de la caída de la Dictadura y el comienzo de la Revolución de los Claveles.
Honorio hombre más bien de izquierdas apoya aunque sin mucho entusiasmo a Enrique pero sin comprometerse, sabe muy bien que los problemas de los demás han de resolverlos ellos y que nosotros no somos un ejemplo en cuanto al final de nuestro colonialismo (Honorio se siente español desde hace ya tiempo).
Cenamos a la hora fijada por Elisa, que con un arte y una diplomacia propia de una mujer de clase disuelve la discusión sin ganadores ni vencidos. He de reconocer que ya no estoy para tanto trasiego, el viaje de ayer con un montón de kilómetros encima, el largo paseo de hoy me han dejado rendido así que aproveche un momento para despedirme de todos e irme a dormir. Llame a Ana, le comenté lo ocurrido durante el día a grandes trazos y me quedé dormido.
Amanece un nuevo día y ya oigo los andares de las personas de la casa por los pasillos, Elisa toca en mi puerta y me indica que el desayuno está listo, me aseo, una ducha me viene de maravilla y bajo al comedor, Julio come como Heliogábalo mientras lee la prensa, Joao en la terraza habla por teléfono y los demás aún no han llegado. Una vez todos, comentamos las incidencias del día de ayer, del tiempo, en fin de cosas triviales hasta que el chofer que nos ha de llevar a Olivenza nos avisa con el claxon de que ya está aquí.
Nuevamente Honorio, tal como lo hizo el día anterior saluda a los asistentes y comienza su soliloquio, esta vez versa sobre el Humanismo Cristiano y desarrolla un cuadro comparativo desde el monismo y el dualismo materialista hasta la nuevas corrientes filosóficas de Occidente haciendo hincapié en el marxismo como cuestión final.
Honorio está más cerca de Bakunin y de Sorel que de Marx pero en los últimos años y viendo el acontecer en el que desarrolla la humanidad se aproxima más a sus compatriotas José Barata Moura, Bento de Jesus Caraça y Magalhaes-Vilhena, maestro este ultimo de Alvaro Cunhal.
El auditorio esta vez no queda tan complacido como ayer, la desviación de contenido de lo abstracto del mundo de las ideas a lo material del universo político no encaja en esta concurrencia, varias personas se levantan y el rostro de Honorio de desencaja un poco pero pronto se recupera y sigue su perorata para algunos y lección para otros, que he de reconocer los menos.
Una vez acabado el coloquio, dónde Honorio salió poco airoso de las preguntas de los más díscolos, dio gracias a todos y poco a poco abandonamos el local. Una vez en la calle y rodeado de nosotros Honorio reflexiono de la siguiente manera: Creo que no he convencido a nadie y nos dirigimos al coche.
El corto viaje fue bastante tenso solo Julio con esa chispa de humor que solo tienen los artistas y que los pensadores adolecen de ello fijó nuestra atención en un asno que andaba de flirteo con una mula. Con esta anécdota que despertó una sonrisa en casi todos los viajeros llegamos a la casa dónde nos esperaba Elisa en la puerta con su encantadora sonrisa pero con una sombra en su mirada como si previera lo que había ocurrido.
Comimos prácticamente en silencio solo roto por el ingenio de Julio y después de tomar café todos se retiraron menos Honorio y yo.
-Siento haberte echo venir desde Madrid para esto, te debe resultar frustrante.
-No mi buen amigo, solo que hemos de comprender que las cosas por simple que parezcan nos superan y probablemente el tiempo, ese juez implacable nos haya superado.
-¿Parece que el pensador seas tú y no yo?
-No, ni mucho menos, pero como dicen en mi tierra el toro se ve mejor desde la barrera y eso es lo que he hecho yo.
-Creo que la vida transcurre paralela a mis convicciones, he de rectificar, o no ¿Qué crees tú?
-Ya es tarde para volverse atrás sobre lo que uno cree o considera que es verdadero o al menos su verdad. Considero que nuestro punto de vista aunque diferentes el uno del otro ha quedado desfasado, nuestro idioma no es entendible, ha sido superado, o mejor dicho sobrepasado y no por ello hemos de rectificar sino ver el mundo pasar con nosotros como lastre hacia un porvenir incierto pero porvenir al fin y al cabo.
Joao que había aparecido por allí se echo a reír mientras se acercaba.
-Tu amigo pretende que sigas el camino de los dinosaurios, te anima a que pases a un rincón del museo, que los que pasen y se detengan digan: Aquí esta Honorio el pensador equivocado.
Honorio no contesto pero miro a su compañero con cierto desdén.
Un poco enrabietado pero con cierta ironía le contesté:
-No acostumbro a dar consejos, pues no se aceptarlos, ni hacer cumplidos pues me molestan los pueriles halagos, pero contesto cuando me preguntan y ya que observo cierta desavenencia por su parte le voy razonar un poco mi respuesta a Honorio:
"Todo fluye, el mundo cambia constantemente, la tecnología se ha desarrollado de tal forma que en su camino ha socializado esta de una forma total, el individualismo supera toda concepción romántica concebida por aquellas Escuelas dónde Ustedes bebieron el néctar del conocimiento, las formas y los fondos han sido superados por el desarrollo humano y con ello solo la religión sigue una lucha en solitario para no quedarse en el limbo de las ideas. Lo que ayer era una utopía que en el futuro podría solucionar los problemas del individuo o de la colectividad hoy no tienen presencia más que adustos profesores casi jubilados o jubilados como Ustedes, nuevas corrientes nacen y mueren a una velocidad imposible de controlar y hasta me atrevería a decir de entender, su mundo ha muerto y si no ocurre una guerra nuclear, un holocausto que borre a más de la mitad de la humanidad de la faz de la tierra, y con ello puedan volver a aparecer viejos fantasmas, no será resucitado".
Elisa aparece como por encanto y nos regaña señalándonos la mesa. Es hora de cenar nos dice abrazándose a Honorio bastante taciturno.
Nada más cenar y mientras Enrique y Julio juegan una partida al ajedrez me excuso con un cierto dolor de cabeza y me retiro a dormir. Mañana regreso a Madrid y he de levantarme pronto.
Filoxides de Ursalia

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