miércoles, 11 de enero de 2017

Una simple reflexión sobre las consecuencias del marxismo.



El Marxismo como error histórico.
“El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan”. Es una de las frases atribuidas a Marx pero que podría haber sido dicha por cualquier pensador de la era moderna y cambiando el término obrero o proletario por  cualquiera de otras épocas.
No es mi intención en este escrito hacer un análisis de la doctrina de Marx, ni de intentar rebatir sus pensamientos ni la doctrina que emanó de sus escritos más famosos: El Capital o El Manifiesto Comunista, para ello hay una legión de escritores, analistas, políticos, filósofos, etc. Tampoco pretendo denostar, criticar, valorar ensalzar ni nada parecido, solo pretendo avivar la curiosidad desde un punto digamos “profano” de una doctrina o religión que ha conmocionado el mundo desde la Comuna de Paris hasta nuestros días.
El marxismo es intocable desde las cátedras de nuestros sesudos catedráticos de Ciencias Políticas, atacarlo solo es merecedor del apelativo de fascista, saco dónde se mete todo lo contrario a esta doctrina “revolucionaria”.
Marx desarrolló su teoría con la mirada fija en Inglaterra y su incipiente industrialización, las masas obreras que está agolpaba en los suburbios de Manchester, Bristol, Liverpool, Londres eran la base del desarrollo de su doctrina, fracasada esta en Francia al igual que en Alemania, Inglaterra era su punto de partida para esa emancipación proletaria y la base de su revolución, tanto él como su colega Engels coincidían de que hay estaba el germen propicio para desarrollar esta.
Cómo buen burgués, hijo de un rabino y abogado de nivel social medio jugó como tantos otros a cambiar la vida de los trabajadores (detesto el término proletario) y he aquí mi pregunta al aire ¿Porqué los “señoritos” que nunca han trabajado ni tienen la intención de hacerlo de una manera obrera, es decir con el sudor y el esfuerzo tratan de redimir a los que padecen el rigor de un trabajo asalariado?. Espero respuestas.
¿Porqué fue Rusia dónde la revolución tuvo éxito? Aquí la cosa se presenta más fácil de explicar sin entrar en detalles sociológicos o psicológicos, quizás esto último este más próximo al esclarecimiento del porqué.
La conciencia servil del ruso, su trágico pesimismo, su mezcla racial dónde el salvajismo mogol se une al fatalismo eslavo, su resentimiento histórico formaron el terreno propicio para que el abono de unos “extranjeros” dinamitaran el poder establecido.
Hoy pretendemos equivocadamente identificar al ruso con la idea comunista, la idea se pudo haber materializado en cualquier parte dónde esa base racial “extranjera” hubiera tenido cierta presencia, anteriormente lo había intentado en Alemania pero el carácter teutón es diferente al ruso, está formado desde cientos de años por hombres libres, guerreros poco dados a aceptar imposiciones extranjeras y si no fijémonos en la Historia y su lucha con Roma hasta invadir esta.
La pobreza es el caldo de cultivo de este “socialismo científico”, dicen los doctos profesores y los analistas, probablemente lleven razón aunque la cuestión sea mucho más profunda como para darle una explicación tan simplista. Digamos que al capitalismo le convenía un contrario para equilibrar la balanza, la explicación para esto puede ser muy difícil de explicar, tanto que se podría definir como “satánica”. Una fuerza crea a la otra con un fin simplemente económico, financiero, controlador de bienes y riquezas, de fuerzas de producción, de mercados, de vidas humanas. Hoy una sigue aplastando a media humanidad (la capitalista) mientras la otra se transforma apoyada por la primera hasta adaptarse a los nuevos tiempos y seguir aplastando a la otra parte de la humanidad. Ellos lo saben, son sus creadores y por lo tanto mantienen la dicotomía que da enormes beneficios en bolsa con sus aliados, los medios de comunicación, validando noticias, rumores y hasta calumnias o mentiras para seguir controlando a las masas. Se cambian los términos, proletarios por trabajadores, comisarios por directivos, líderes por consejeros de negocios, se aplasta la revuelta con otra revuelta, pero dirigida desde el gran Sanedrin, se crea ansiedad, miedo, inseguridad, se adoctrina a las masas en una libertad que no existe, se utiliza para ello el deporte, la televisión, la música. Se adormece la respuesta, el pensamiento libre, se aísla al irreverente, al amotinado, se les distancia o se les anula moral y hasta físicamente si es necesario. Se crean nuevos enemigos, nuevos temores y con ello el miedo sigue latente, el pequeño burgués, el hacendado, el terrateniente o el simple campesino de unas pocas hectáreas de propiedad tiembla ante el porvenir que le auguran negro, mientras en la otra parte de la economía al trabajador, el dueño de un pequeño negocio, al empleado, el funcionario y al especialista se le oprime con impuestos, se vulneran sus derechos al trabajo, se le despide sin razón alguna, se deslocalizan empresas y se envía al paro a sus trabajadores en aras de equilibrar la balanza de ingresos con los gastos, todo consentido y a veces avalado por gobiernos “socialistas”.
Marx no creo que tuviera conciencia del juego que hacía al capitalismo financiero y si la tuvo no supo valorar el daño que ello conllevaba.

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