¿Cómo es posible que el país que engendró a Cervantes, Lope, Velázquez,
Gonzalo de Córdoba y una legión de grandes hombres y mujeres se esté
deshaciendo poco a poco?.¿Cuál ha sido el desencadenante para que sin haber
perdido una guerra o caído en una revolución el país se descomponga?.
Decía el canciller Bismark que España era la Nación más fuerte del
mundo pues los españoles llevaban siglos intentando destruirla y no lo habían
conseguido. Apuntaba de lleno el insigne militar en la diana del problema, lo
que no habían conseguido hacer los ejércitos extranjeros como Inglaterra y
Francia nuestros históricos enemigos lo iban a conseguir los mismos españoles.
Los entendidos afirman que las guerras carlistas en primer lugar y la
última guerra civil son las causantes de este desmoronamiento patriótico,
probablemente tengan parte de razón, otros no menos doctos en la materia
insisten en que el mal nace solo y únicamente de la guerra civil y con esto se
quedan satisfechos.
Unos y otros dejan de reconocer, quizás por conveniencia, uno de los
causantes de esta deriva y que aparece en todos los casos, casi siempre
apoyando la causa disgregadora y separatista cuando no internacionalista es sin
duda la Iglesia Católica.
El Vaticano y por ello todo su ejército esparcido e incrustado en las
naciones intervienen directa o indirectamente en su política y en muchos casos
como es en España hasta su propia economía. Durante muchos años, mejor digamos
siglos la Iglesia ha dominado la política nacional de una manera directa, desde
el Cardenal Cisneros hasta el Cardenal Gomá. Su presencia en la corte y en los
años de la dictadura del General Franco en las Cortes Generales indicaban la
fuerza de la Iglesia en la cultura y preparación de las juventudes españolas,
de igual manera en los últimos años de la dictadura la Iglesia da un giro
enorme y comienza a apoyar causas nacionalistas de índole separatista tanto en
las Vascongadas como en Cataluña, provincias propicias desde siglos a este
fenómeno de disgregación regional.
Es como si la Iglesia reaccionara según convenía a sus intereses sin
tener en cuenta nunca la opinión general de los españoles. Si nuestros dos
grandes emperadores Carlos I y Felipe II sacrificaron hombres y riquezas en
eternas guerras religiosas para defender a la Iglesia de Roma se hubieran
colocado de parte de la Reforma Protestante la situación actual probablemente
sería otra. Esto no se puede probar pero si intuir, pues los países que
adoptaron o tomaron parte por la Reforma en pocos años se pusieron a la cabeza
de Europa en cuanto a economía, investigación y desarrollo de artes y empresas,
mientras España comenzaba a languidecer y de aquel Imperio dónde no se ponía el
Sol un crepúsculo se iba a ir instalando en los cielos del imperio.
Primero los levantamientos militares (masónicos) en nuestras colonias
de América, a continuación el intervencionismo norteamericano en Cuba y
Filipinas, últimos bastiones de ese ya fenecido Imperio, después nuestras
luchas internas defendiendo casas reales diferentes pero que en el fondo eran
la misma pero dónde la Iglesia se posiciono para no perder privilegios que la
casa de los Austrias le habían otorgado desde siglos mientras el liberalismo
que probablemente traerían los borbones disgustaba en cierto modo al que llevaba
todo el control de la enseñanza en España y ese era y pretendía seguir siendo
la Iglesia Católica.
Mientras la Inquisición quemaba libros o impedía publicar a escritores
abiertos a Europa, nuestras universidades no compraban un libro de ciencia o
presumiblemente abiertos a corrientes protestantes, esto nos llevó a unos años,
muchos, de una incomprensible cerrazón a la realidad europea y por ende
mundial.
Las guerras Carlistas fueron el detonante para que surgieran casos
como el que adjunto:
“No
deja de ser curioso que el primer indicio histórico del catalanismo que nos ha
llegado estuviera con una visión, presuntamente, experimentada por un
sacerdote, el carmelita Frances Palau i Quer (1811-1872). El padre Palau i
Quer, fundador de dos congregaciones de misioneros, se adhirió
al carlismo, como la mayoría aplastante del clero español, en la primera
guerra civil provocada por este movimiento.
La amarga derrota militar le impulso a buscar otras
maneras de someter a la población a la visión católica entre las que se
incluyeron la penitencia, las misiones populares y los exorcismos. (H. Raguer).
Según su propio testimonio, preciamente cuando
predicaba en una misión popular en el Bajo LLobregat, el 24 de enero de 1865,
vió una sombra a su lado que se le presentó diciendo << Yo soy Cataluña
la católica>>. A la pregunta del padre Palau de si era << La
Iglesia de Cataluña>>, la sombra le respondió << La misma>>.
Por si quedara alguna duda de lo que tenía ante si, la aparición le confirmó al
sacerdote << Yo soy la Iglesia Santa de Cataluña quien te habla por
Maria Madre de Dios. (Frances Palau i Quer. Mis Relaciones con la Iglesia,Roma
1977 , página 149).
Las visiones del sacerdote catalán no concluyeron ahí.
Al día siguiente, en el mismo lugar, según afirmó << vi sentada sobre los
muros una joven cuya gloria ofuscaba la luz del sol>>.
Cuando el padre Palau preguntó quien era, la muchacha
respondió que << Cataluña >> Al insistir el clérigo en si era la
<Iglesia Santa>, la joven le dió una respuesta afirmativa. Preguntada por
una prueba de lo que decía era cierto, la aparición dijo:
<< ¿Acaso una Nación no es una cosa real,
distinta del individuo?. >>
La pregunta - retórica donde las haya - constituía
toda una declaración de principios: Cataluña era una nación, se identificaba
con la Iglesia Católica y estaba por encima del individuo.”
Si con
elementos como este España podía ponerse a la altura de Inglaterra, Alemania,
Francia, Holanda era un verdadero milagro. El fanatismo religioso siempre ha
estado ligado a la cultura religiosa española, la Iglesia le ha interesado
tener pobres pues la pobreza alimentada por ella y a la vez paliada con su
casas de acogida le creaba un control sobre la mayoría principalmente rural enorme.
Del
Nacionalismo vasco ocurre prácticamente lo mismo, nace a finales de siglo
dieciocho:
“En 1881 el senador labortano Garat, que creía a los vascos
descendientes de los fenicios, propone al Emperador Napoleón la formación de un
"Estado Nacional Vasco" que se llamaría Nueva Fenicia con los territorios de ambos lados de los
Pirineos, que se agruparían en dos departamentos, Nueva Tiro y Nueva
Sidón, y cuya bandera y escudo serían los de Navarra, que considera eran
los de las naves de Tiro. []Precisamente será la Diputación de
Navarra la institución que, en 1864 invita a las otras tres a participar en un
proyecto mancomunado al que denomina "Laurac bat" (cuatro provincias
unidas en una sola), en recuerdo de la unidad de los cuatro territorios de la
Vasconia peninsular”.
Hoy día esto nos puede parecer una fantasía sin ningún aporte
científico, solo basado en las ensoñaciones de escritores fabulistas cuando no
fabuladores. Pero propiciaron que años después el “iluminado” Sabino Arana convirtiera
al derrotado carlismo en el nacionalismo vasco. Así en el año 1892 Sabino Arana
Goiri publicó el libro Bizcaya por su independencia, que representa el acta de
nacimiento del nacionalismo vasco. Anteriormente dice el mismo Sabino que se
produjo su “conversión” desde el carlismo al nacionalismo vasco, esto al
parecer se produjo un domingo de Resurrección, que desde el año 1932
cincuentenario del acontecimiento el PNV lo conmemoró como el “Aberri Eguna” o
Día de la Patria Vasca.
Sabino empieza a publicar el periódico “Bizcaitarra” dónde el mismo
escribió perlas como la que se sentía antiliberal y especialmente antiespañol.
Es curioso que su lema era “Jaun-Goikua eta Lagi-Zarra (JEL, Dios y la Ley
Vieja) sus ideas extremadamente radicales le llevo medio año en la cárcel.
Curioso país (España) dónde ofender a la Patria es menos costoso que a la
Iglesia, en cualquier país democrático insultar ofender a la bandera, la Patria está mucho más
castigado que en España.
No me voy a extender en tratar de explicar lo que llevó desde el
nacimiento del Nacionalismo Vasco a nuestros días, pero debo incluir solo que
el PNV apoyó al franquismo del que después se distanció cuando ya no tenía
peligro externo alguno.
¿Es esto únicamente lo que descompone a una Nación como la Española?
Naturalmente que no pero nos debe hacer pensar en cómo y cuando nacen estas
corrientes y no en siglos anteriores o en la actualidad.
La debilidad militar que permitió la perdida de las últimas colonias
(Cuba y Filipinas), en plena crisis interna al final del Reinado de Isabel II,
fue detectada rápidamente por los EEUU, con anterioridad ya habían intentado la
compra de la Isla (Cuba) y de Puerto Rico pero el gobierno Español nunca accedió
a perder su colonia más emblemática y porque no decirlo la más rica, ya había
soportado una guerra interna al perder en beneficio de Cataluña (siempre Cataluña) la Ley
de Relaciones Comerciales con las Antillas (1882) y el Arancel
Cánovas (1891), que
garantizaban el monopolio del textil barcelonés gravando los productos
extranjeros con aranceles de entre el 40 y 46 %, y obligando a absorber
los excedentes de producción. La extensión de estos privilegios en el mercado
cubano asentó la industrialización de la región catalana durante la crisis del
sector en la década de 1880, anulando sus problemas de competitividad,
a costa de los intereses de la industria cubana, lo que fue un estímulo
esencial de la revuelta.
EEUU que no había participado
en el reparto de colonias en África y Asia fijó su mirada en el Caribe Español
y en Filipinas, Guam, Palaos, Las Marianas, y las Carolinas, aprovecho la
debilidad de España en lo político, enfrascada en problemas internos y utilizo
el ataque (supuesto) al Maine que
fondeaba en el puerto de la Habana y mientras la oficialidad era agasajada por
las autoridades españolas. Murieron 252 marinos y dos oficiales, el resto
bailaba en los salones, confraternizando con los españoles y cubanos, en el
Palacio de la Habana.
“Sin esperar el
resultado de una investigación, la prensa sensacionalista de William Randolph Hearst publicaba al día
siguiente el siguiente titular: «El barco de guerra Maine partido por la mitad
por un artefacto infernal secreto del enemigo».” (Teníamos barcos de madera,
pero poseíamos artefactos infernales).
El final de esta Historia es de todos conocida y sufrida por el pueblo
español que veía como se perdían unas colonias en las que habían perdido la
vida muchos de sus hijos y de la que solo sacó tajada Cataluña en general y
Barcelona y su puerto en particular.
El enemigo está dentro, eso lo sabemos todos los que hemos pateado la
vieja piel de toro durante muchos, muchísimos años, la idea es la misma,
envuelta en distintos pelajes pero siempre la misma, desintegrar como sea a la
Nación como unidad de destino. Muchos se alían a la causa separatista de una
forma torcedera, entrando en el juego de sus dirigentes solo con el afán de un
protagonismo inútil o de un servilismo ruin.
¿Qué dirán las nuevas generaciones de nuestra actitud actual? ¿Se
conformaran con el hecho de la división española en una posible confederación o
Unión de Regiones o lo que quieran las “mentes privilegiadas” que nos
gobiernan?.
Probablemente yo no lo veré, pues mientras el chantaje al gobierno
central siga teniendo efecto y produzca beneficios el juego se alargará, ningún
gobierno dentro del actual espectro político tendrá la valentía de plantar cara
al separatismo de una manera rotunda y si la Ley no es suficiente, con la
fuerza de las armas, pero esto es una entelequia dada la categoría moral de los
hombres y mujeres que “rellenan” el Parlamento.
Filoxides
el Crítico
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