Aprovecho estos días de intenso frío en el centro de la Península para
visitar a un viejo amigo, podríamos decir de juventud. Recojo un pequeño maletín y me
pongo en marcha camino de la no muy alejada
Olivenza sita en la provincia de Badajoz. Olivenza y más concretamente
San Jorge de Alor es la ciudad dónde reside mi más que amigo Honorio de Melo,
un viejo iconoclasta del pensamiento, algo ácrata en su modo de vivir pero un
sincero y querido amigo
.
El viaje me lleva casi siete horas para recorrer los 470 Kilómetros
que separan Olivenza de mi pueblo, así que me pongo en marcha a las siete de la
mañana confiando en poder estar sobre las dos de la tarde en casa de mi amigo,
previamente le había llamado por teléfono para comunicarle que aceptaba su
invitación de pasar un largo fin de semana en su casa aprovechando una reunión
que iba convocar y a la que también había invitado a ciertos antiguos alumnos
de la Universidad de Évora allí dónde Honorio había dado clases durante casi
treinta años y viejos profesores de Elvas ciudad natalicia de Honorio que aún
conserva casa y familia y mucho apego pues terminó dando enseñanza en esta
agradable ciudad cercana a Badajoz.
Hago el viaje sin contratiempos aunque he de reconocer que he de parar
más de cinco veces a causa de un continuo dolor de la rodilla izquierda que me
lleva a mal traer y que en estos meses de frío se me agudiza y se hace
insoportable cuando estoy cierto tiempo de la misma postura; le he prometido a
mi mujer que en cuanto regrese de este viaje iré al especialista sin falta.
Olivenza es una ciudad que me encanta, no sabría decir si es más
española que portuguesa o viceversa, me siento cómodo y me encantaría que todas
las ciudades de ambos países estuvieran hermanadas como lo está Olivenza con su
cercana Portugal, el sueño de una unificación política hispano-portuguesa
siempre ha sido una constante en mi pensamiento.
Por fin alcanzó mi meta, un kilometro antes de entrar en San Jorge de
Aloz me desvió por una estrecha carretera que me lleva directo a la urbanización
dónde reside mi amigo desde que se jubiló hace ahora tres años. Al llegar a la
puerta de la casa me encuentro a Honorio en la puerta con otras dos personas
más o menos de nuestra edad, Honorio me abraza efusivamente y a continuación me
presenta a los dos “colegas” viejos compañeros de Universidad que compartieron
vivencia y estudios en sus años en Évora.
Después de almorzar un buen besugo a la espalda que la señora de la
casa ha preparado con todo entusiasmo y de charlar en la sobremesa con los dos
amigos, Enrique y Fabio más un tercero que llegó después y que venía de Cáceres
dónde reside desde hace diez años, también conocido de Honorio y compañero de
viaje de este cuando recorrió buena parte de América del Sur en viaje de estudios,
Julio pues así se llama es algo más joven que nosotros rondará los sesenta años
aunque sin cumplirlos y desde los últimos años tiene un estudio en el centro de
Cáceres dónde ejerce su gran pasión: la pintura, pasamos todos a descansar un
par de horas.
Sobre las seis más o menos nos volvemos a reunir en el porche de la
casa dónde un viejo mastín hace guardia vigilante de que la galletas y pasteles
puestos en la mesa por Elisa la compañera sentimental de Honorio y que ha colocado junto con unas tazas de café
portugués y una jarra con zumo de naranja, no caigan en su territorio.
Mientras merendamos Honorio nos adelanta cual va a ser el “leitmotiv” de
su charla de los próximos días con las personas que allí estábamos y con unos
estudiantes de Badajoz y de la cercana Elvas, al hablar sobre los temas de la
charla observo con admiración el interés que causa entre los demás asistentes y
del que no se excluye su compañera que le mira extasiada. Honorio siempre ha tenido
un gancho especial para atraer a las personas, su español acentuado por un clásico
portugués le confiere un encanto especial, si se hubiera dedicado a la política
hubiera sido un gran parlamentario o mejor dicho un gran líder.
Allí estamos hasta las diez de la noche, hasta que el aire proveniente del Atlántico enfría
demasiado el resguardado porche y nos hace cobijarnos en el amplio salón al que
separa una larga cristalera del porche dónde nos encontrábamos hace unos
instantes; en verano se debe estar en la gloria cuando la tarde disipe el
sofocante calor de esta tierra.
Durante la cena nos centramos en devorar una fuente de embutido y
varias botellas de vino de la tierra y sorprendentemente con un cava elaborado
en bodegas extremeñas que no tiene nada que envidiar a los afamados cavas
catalanes.
La conversación se amplía a otros temas, Julio nos habla de su próxima
exposición que tendrá lugar en una conocida sala madrileña, mientras Enrique
recuerda con añoranza los años pasados en la Universidad y Fabio sobre su
pasión, la música y la formación de sus nietos en el Conservatorio de Cáceres
dónde están estudiando desde hace varios años. La conversación se alarga, es
entretenida y amena, recuerdos, vivencias, añoranzas y también proyectos se asocian
formando una amalgama de ilusión y vida.
Nos retiramos tarde, probablemente ya esté amaneciendo en mi pueblo,
me tumbo sobre la cama y recuerdo cómo conocí a Honorio. Absorto en mis
pensamientos me quedo dormido.
La luz solar entra por las ventanas de mi habitación, apenas habré
dormido tres horas y ya me pongo en pie, me dirijo hacia el baño, la rodilla me
sigue molestando aunque he de reconocer que en cuanto paso un rato activo el
dolor remite o mi cerebro lo olvida. Abajo se oye actividad, creo que los demás
ya están levantados hace rato así que me aseo rápidamente y bajo las escaleras
que me llevan directamente al salón dónde la noche anterior habíamos tenido una
magnifica tertulia.
¿Qué tal dormilón, has descansado bien? Me grita Honorio mientras una
sonora carcajada le sale del alma.
-Efectivamente, aunque poco he dormido fenomenal. Le contesto dándole
un fuerte abrazo.
-Vamos a desayunar los otros ya están en el porche, hace una mañana
preciosa y el resto de los invitados a la reunión pronto llegaran a la Escuela
de Olivenza dónde tendrá lugar esta.
Desayuno junto a los otros, Enrique lee un periódico deportivo portugués
interesándose por el próximo partido de fútbol de su querido Sporting de Lisboa
o de Portugal no lo sé concretamente, Julio habla sobre recetas de cocina con
Elisa y una joven que intuyo debe ayudar a esta en los menesteres de la casa,
Fabio en un rincón habla por teléfono, debe ser con su familia, es un suponer.
Sobre las nueve y media partimos todos en una furgoneta hacia el centro de la
ciudad.
Filoxides
de Ursalia
No hay comentarios:
Publicar un comentario